Autor: Alcocer, José Luis (CIUDADANO). 
   El PSOE y el futuro     
 
 Pueblo.    02/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PUEBLO 02/12/1976

EL P. S. O. E. Y EL FUTURO

CUANDO uno se para a contemplar los resultados estrictos del recientemente clausurado Congreso del

Partido Socialista Obrero Español, la verdad es que se encuentra con motivos razonables para la reflexión.

La Comisión Ejecutiva elegida ha sido, prácticamente, la misma que había ya; las conclusiones de las

distintas ponencias (reconociendo lo arduo del esfuerzo realizado) tampoco nos ha descubierto un mundo

exactamente nuevo; ¿se ha radicalizado el P. S. O. E. hacia una línea, digamos más izquierdista? Pues la

verdad es que no, aunque en modo alguno se le pueda acusar de haberse acunado en la derecha. De hecho,

el P. S. O. E. se ha mantenido en su línea de siempre. Ha habido democracia interna, afirmación de una

voluntad socialista incuestionable, definición del socialismo como libertad, deseo de eliminar la

explotación del hombre por el hombre, ideal de conseguir una sociedad sin clases, llamada a la unidad,

indicación de que la gran lucha, la gran tarea no ha hecho sino comenzar, etc... Y no ha habido, de otro

lado, más tropiezos que los justos, en una organización política naturalmente cargada de tensiones,

poseedora de una idea del poder y de un licito afán de protagonismo y presencia. Tropiezos que se

salvaron desde la energía y desde esa comprensión pragmática de la política, que hace posible la

percepción dialéctica de la Historia.

Muy bien. Entonces, ¿qué ha sido el XXVII Congreso del P. S. O. E.?. ¿qué valor hay que atribuirle?

Vayamos por partes. Conviene no perder de vista, en principio, que estamos hablando de un partido

político que tiene voluntad de llegar al Poder. Y que las condiciones generales de la política española

hacen posible su presencia y su voz.

Por tanto, y sin necesidad alguna de deformar nada, sin motivo alguno para disminuir ni aumentar la

entidad de lo que ha ocurrido, habrá que decir sin titubeos, llana y lisamente, que hemos asistido al primer

gran episodio de una intensa campaña electoral propugnada por el socialismo español. Las cuentas están

perfectamente claras: el P. S. O. E. desea la democracia, la libertad sin adjetivos. Todas las energías

activas y operantes en el contexto español conducen precisamente ahí. Nada más consecuente, pues, que

la voluntad del Partido Socialista de estar presente, y de forma decisiva, en los próximos años de vida

pública. De ahí que el recién reelegido primer secretario, Felipe González, en el discurso de clausura,

pusiera de una forma especial su énfasis en dos asuntos: en la necesidad de mantener a toda costa la

unidad del partido y en la necesidad paralela (y probablemente más urgente) de crecer a toda costa.

«Hemos de pasar de ser un partido con decenas de millares de militantes, a ser un partido con centenares

de millares de miembros.» La cosa está clara. No hay ni una vacilación al respecto.

Ahora bien, ¿por qué esto es así? ¿Por qué e1 P. S. O. E. ha, decidido (se ha decidido) a asumir asta

especie de protagonismo principal, de ser un eje del porvenir inmediato? A mi juicio, tal decisión obedece

a un análisis muy riguroso de la actualidad dinámica de España, del cual se deduce no sólo la urgencia de

contar con un socialismo organizado, que contribuya al despegue socioeconómico de una convivencia

apoyada en la reforma, sino también a la necesidad de contar con un socialismo específico, dotado de

tales y cuáles notas y exento de éstas o aquéllas. El socialismo previsto para mañana y pasado mañana

tendrá que ser muy exigente, pero no revolucionario; tendrá que ser profundamente democrático, pero no

débil; podrá ser inflexible en los principios, a condición de saber ser flexible en la política; tendrá que

llenarse de pueblo, en la medida que disminuya su acidez proletaria; le será menester, en suma, sustituir la

rigidez por la educación, el maximalismo por el pragmatismo.

Más o menos, ésta podría ser una de las consecuencias a extraer del famoso y comentado Congreso del P.

S. O. E. A cambio, le será dado crecer velozmente, casi como la espuma, y aspirar al gran relevo, que le

convierta, nada más y nada menos, que en el factor inmediatamente hegemónico de la izquierda española.

José Luis ALCOCER

 

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