Primer balance del Congreso socialista     
 
 Ya.    09/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

09/XII/76

PRIMER BALANCE DEL CONGRESO SOCIALISTA

Ha terminado el Congreso del Partido Socialista "renovado". Deseábamos moderación y eso es lo que se

ha podido apreciar tanto en el discurso de su secretario general, Felipe González, que pocos días antes

declaró que iba a tener "el valor de ser moderado", y ha sido renovado en el cargo, como en el tono

general del Congreso y en la elección de la nueva ejecutiva del Partido.

Se ha destacado a ese respecto la supresión de la referencia a la "dictadura del proletariado"; en su lugar

se habla de "democracia socialista". No omitiremos nuestro aplauso, pero tampoco es cosa de echar las

campanas a vuelo cuando hasta el eurocomunista Marchais ha suprimido la expresión. Mantenerla habría

sido sencillamente inconcebible a la vista de lo que son los socialismos europeos y de lo que es la

sociedad española.

Se rechaza en cambio la socialdemocracia, puesto que se ha aprobado la oposición a cualquier

acomodación al capitalismo o reforma del mismo, y se insiste en el concepto de partido marxista y de

clase; sin embargo, recordemos que todo eso lo habría suscrito don Julián Besteiro, pongamos como

arquetipo de socialista ponderado y constructivo. Más importante que lo que se diga es lo que se haga, y a

esto sólo el tiempo podrá contestar.

En esta primera impresión tenemos que aplazar un comentario más detallado de las conclusiones.

Observaremos, sin embargo, a la vista de la presentación del Partido como "republicano y federal", que

una declaración expresa sobre la forma de Gobierno fue muy tardía en el socialismo español, como que

sólo precedió en algunos años a la dictadura de Primo de Rivera, y no sin que dentro del partido se la

discutiera y la siguiera la estrecha colaboración con la Monarquía durante aquella dictadura; y federal, de

hecho el socialismo español no lo fue nunca: incluso durante la República, en ese aspecto actuó a

remolque de los acontecimientos más que delante de ellos.

La ambigüedad sobre las relaciones con el comunismo continúa. La consecuencia es que el problema

de la identidad del socialismo sigue sin resolver. Nos explicamos que sus dirigentes vacilen ante el

temor de perder a los sectores más radicalizados de sus seguidores, pero seguimos pensando que el

socialismo "renovado" ganaría más que perdería con una posición ideológica clara que facilitase la

incorporación de los demás socialismos no maxímalistas y su homologación con los socialismos

europeos. ¿Pretende el socialismo seguir haciendo de peón de brega del comunismo? Felipe González,

en las declaraciones a que entes nos referimos, recabó sobre ese punto una gran capacidad da maniobra;

quedamos también a la espera.

Respecto a la táctica política inmediata, el secretario del Partido ha reconocido lealmente la crisis de la

oposición, porque el Gobierno ha sabido entrar en su terreno y ella no ha sabido reaccionar y ha

preconizado la negociación para conseguir el que llamo "compromiso constitucional", y no es, a nuestro

juicio, sino una enfática forma de designar lo que existe ya; porque ¿quién puede pensar que las futuras

Cortes no sean de hecho constituyentes? Pero al mismo tiempo, y a la vez que se nombran negociadores

con el Gobierno, se mantiene la consigna de abstención ante el referéndum. Si la ley de reforma fuese

derrotada, ¿qué posibilidades electorales les quedarían a los que tan ligeramente predican la

abstención?

De todas formas, en conjunto, al balance del Congreso permite un juicio más bien positiva, aunque

fundamentalmente condicionado a la conducta posterior del socialismo. ¡Tantas veces al socialismo ha

defraudado las esperanzas del país!; ¡tantas, al mismo tiempo, se destrozó ciegamente a sí mismo!

 

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