Aspiración final del Partido Socialista. 
 Una Républica Federal     
 
 El Alcázar.    10/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

Aspiración final del Partido Socialista

UNA REPÚBLICA FEDERAL

Medio millar de socialistas rindieron homenaje a Pablo Iglesias en el cementerio civil de Madrid

como colofón al acto de clausura del XXVII Congreso Nacional del P.S.O.E. en el aniversario

de la muerte del fundador del socialismo español. Quienes desde las áreas del Gobierno, —

¿ingénuamente? — creían en la posibilidad de una incorporación civilizada de los socialistas

españoles a la convivencia política de la Monarquía, —lo que hubiera justificado cabalmente las

atenciones del Rey y del Presidente del Gobierno hacia Willy Brandt, en cuanto Presidente de

la Internacional Socialista—, se habrán llevado un "sofocón". Porque la equívoca afirmación de

Felipe González en el Congreso: "el partido aspira a la instauración de una república federal...

no obstante acatará la decisión libremente expresada por el pueblo sobre la forma de

gobierno", en la que los miembros del gobierno habían puesto tantas esperanzas de diálogo,

ha quedado definitivamente aclarada con la reiteración de la aspiración final del partido

socialista a la instauración de una República Federal, hecha en el acto de clausura y aireada

como "cantata" a la italiana, en el frío recinto del cementerio civil madrileño. Con ello, el Partido

Socialista de Felipe González no solo se sitúa en la oposición al Gobierno, lo que es lícito

además de lógico, sino que se sitúa, definitivamente, en la oposición al sistema; es decir, al

Estado español, cuya forma de Gobierno es la Monarquía Social, Católica y Representativa,

actitud que, con los textos constitucionales en la mano, resulta abiertamente ilegal.

Una cosa hay que agradecer a Felipe González y su partido: la claridad de su definición. Así, al

menos, el Gobierno no podrá utilizar como argumento dialéctico la supuesta "moderación" del

Partido Socialista en esos diálogos con la "oposición" —incluidos los comunistas— que cada

día está más claro, no pretenden un cambio de política o de Gobierno, sino de la naturaleza

misma del Estado. Que no se diga después, que nadie ha advertido el riesgo.

 

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