Autor: Pozo, Raúl del. 
 Carlota Bustelo, una mujer del PSOE. 
 En los partidos también se da el machismo     
 
 Pueblo.    26/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 22. 

PUEBLO

26/11/76

Carlota Bustelo UNA MUJER DEL P.S.O.E.

"En los partidos también se da el machismo"

Escribe Raúl del Pozo

Carlota Bustelo es una de las líderes del Movimiento para la Liberación de la Mujer. También la historia

de cualquier sociedad es la historia de la lucha de sexos, y Carlota Bustelo —militante del Partido

Socialista Obrero Español— piensa que la superioridad de un sexo sobre otro es incompatible con la

ideología socialista.

Ahora no tiene sentido el sufragismo—sobre todo porque también a los hombres se les ha negado el voto

durante mucho tiempo—, pero tiene, sin embargo, vigencia la opresión de la mujer. «Las mujeres—dijo

Carlota Bustelo en un reciente mitin— constituimos un grupo oprimido formado por la mitad de la

población. El P. S. O. E. debe dedicar a la lucha por la liberación de la mujer, que no es la lucha contra el

hombre, sino con el hombre, una parte muy importante de sus esfuerzos.»

«Hay que luchar—dijo también—porque no sea penalizada la propaganda y venta de anticonceptivos,

sino que éstos sean prescritos por la Seguridad social con carácter gratuito para ser utilizados con la

debida vigilancia medica. Lucharemos también por la legalización del aborto para acabar con esa

hipocresía social que consiste en que las ricas se vayan a Inglaterra y Holanda a abortar y las pobres, en

número de trescientas mil al año, lo hagan aquí con toda clase de riesgos."

Carlota Bustelo, seguidora de una corriente que partiendo de Engels pasa a Concepción Arenal o la Pardo

Bazán, tiene sobre el problema de la mujer en el momento actual algo que decir: —Además de ser

militante del P. S. O. E., estoy en el Frente de Liberación de la Mujer. En el F. L. M. hay gente del P. C.

E., de la L.C.R., otros partidos de izquierdas e independientes. Este grupo admite la doble militancia.

Hemos discutido mucho eso de la doble militancia. Consideramos que puesto que, en la impiedad actual

el machismo se da a todos los niveles, también en los partidos. El que haya alguna mujer en los puestos

de dirección no quiere decir que las mujeres hayan llegado a tener importancia.

El Frente de Liberación de la Mujer —la otra militancia de Carlota Bustelo lucha por la «desaparición de

todas las estructuras de dominación; económicas, jurídicas e ideológicas; supresión de la familia

tradicional; eliminación de la división sexista del trabajo; desaparición de la institución matrimonial, a la

que oponernos la libre elección de la relación de los sexos a partir de la igualdad; consecución de una

maternidad consciente y voluntaria; incorporación de todas las mujeres a las tareas sociales productivas,

políticas y creativas; socialización del trabajo doméstico, de la educación de los hijos»

— ¿Es posible la liberación de la mujer independiente de la liberación del hombre?

— Somos conscientes de que este problema está unido a todos los demás. Como nos declaramos

socialistas, nuestro feminismo es también socialista. No nos bastaría una igualdad de la mujer con el

hombre dentro de una estructura capitalista, sino que lucharemos por la igualdad de la mujer con el

hombre, pero con el hombre de una sociedad socialista.

— ¿No se solucionan parte de los problemas de la mujer con la incorporación de ésta al

trabajo con los mismos derechos que el hombre?

—No basta con que la mujer se incorpore al trabajo. Es necesario romper una mentalización que, tiene

muchos siglos.

— ¿Cree que el problema de la mujer se ha solventado en la U. R. S. S.?

-- En la U. R. S. S. no existe una estructura de servicios colectivos que salven a la mujer del servicio

doméstico La institución familiar clásica pervive. De ocho a tres, la mujer se incorpora ni trabajo como el

hombre. Pero a partir de las tres de la tarde la mujer lava, cose, plancha, guisa, cuida de los niños.

Todavía no se han conseguido servicios colectivos para eliminar el trabajo doméstico.

— ¿No piensa que hay un cierto oportunismo en los partidos de izquierda para

hacer clientela electoral con las mujeres teniendo en cuenta que casi todas las mujeres luego votan a los

conservadores?

—Los grupos feministas se constituyen como un grupo de presión, y esa presión también se

manifiesta en los partidos políticos. Cuando los grupos feministas mentalicen a la opinión pública sobre el

tema, y cuantas más mujeres haya concienciadas de su inferioridad social, más les interesará a los

partidos políticos que en sus programas haya un apartado que se ocupe del problema. Teóricamente,

cualquier socialista está de acuerdo con lo que dice cualquier feminista. Pero como es un problema que no

siente, sino que sólo podemos sentir las mujeres, únicamente si constituimos una fuerza se nos dará

atención. Las amas de casa, cada una metida en su casa, sin contacto con las otras amas de casa, sin un

patrono al que oponerse, les cuesta mucho trabajo comprender los mecanismos sociales por los que han

ido a parar a esta situación. Y en reacción como votantes suele ser conservadora. El aislamiento de la

mujer en su casa es una forma de dominación más. Y a formas sistemáticas de dominación hay que

oponer formas sistemáticas y colectivas de combate.

Sobre el divorcio, Carlota Bustelo y sus compañeras de partido piensan que hay que defender la

posibilidad de un matrimonio civil y la existencia del divorcio con unos costes económicos al alcance de

todo el mundo. «Simultáneamente, es necesario reformar todos los artículos del Código Penal que traten

discriminatoriamente a la mujer, principalmente aquellos que se refieren al régimen jurídico de la

sociedad económica matrimonial y a la patria potestad sobre los hijos que en caso de separación de los

cónyuges perjudican gravemente a la mujer.»

—¿Ve cerca en este país una ley sobre el divorcio?

—No es difícil una ley de divorcio. Lo difícil será una ley de divorcio como la que yo creo que debería

existir, y que es la que las mujeres socialistas llevaremos al congreso del P. S. O. E. El divorcio no puede

basarse en la culpabilidad de uno de los cónyuges, sino en el no deseo de seguir conviviendo. Debería

considerarse acabado un matrimonio cuando ya no existe convivencia entre ambos cónyuges, cuando es

imposible realizar una vida en común. Yo no veo falta de los cónyuges, adulterio o no cumplimiento de

determinadas obligaciones matrimoniales que justifiquen el divorcio, sino la realidad de dos personas

que no viven o no quieren vivir juntos. En el caso de solicitar los dos el divorcio, al deseo de no

convivencia está demostrada. Si lo solicita uno de los cónyuges, hará falta demostrar la inexistencia

de una vida en común. Antes de que el juez se pronuncie sobre el divorcio deberá fijar cuál de los dos

conservará la patria potestad, lo cual se hará basándose en el interés de los hijos y no en la culpabilidad de

la madre o del padre.

—¿Y el sexo o el amor?

—Creo que las relaciones afectivas o sexuales tienen que resolverse de alguna manera. La institución de

la pareja me parece algo normal o natural, que siempre existirá. Pero creo que debemos luchar por una

organización social que no haga necesaria la institucionalización de las relaciones afectivas. Que el

amor o la amistad no estén regulados por normas escritas en códigos.

—Hay mujeres que abusan de los hombres, que están en situación de fuerza, ¿quién va a protegernos a

nosotros?

—Vivimos en una sociedad en la que el que está en una situación de poder o de fuerza respecto a otro

utiliza ese poder para explotar a la otra parte. Si la mujer, de hecho, está en una situación de fuerza (por

ejemplo, que el hombre esté muy enamorado y ella no), es la sociedad la que permite que se aproveche de

esta situación de fuerza. El problema no es individual, sino social.

(Tiene Carlota Bustelo treinta y siete años, está casada y es madre de tres hijos. Estudió Ciencias

Políticas. Se casó sin acabar la carrera. Se fue a vivir a Francia, donde su marido era refugiado político.

Desde que se casó hasta que acabó la carrera fue ama de casa típica, después de nacer su tercer hijo.

Cuando crecieron los hijos, se reincorporó a su trabajo y a su partido.

 

< Volver