Autor: Matías López, Luis. 
 Hoy termina en Ginebra el XIII Congreso. 
 La contradicciones de la Internacional Socialista     
 
 Arriba.    28/11/1976.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

TEMA internacional

HOY TERMINA EN GINEBRA EL XIII CONGRESO

LAS CONTRADICCIONES DE LA INTERNACIONAL SOCIALISTA

Por los síntomas, casi podría hablarse de dos socialismos y, si se apura el análisis, incluso de tres. De una

parte, en el seno de la Internacional Socialista (que hoy finaliza su XIII Congreso en Ginebra) se

manifiestan las dos tendencias ya clásicas y que casi permiten establecer una distinción geográfica

centrada en Europa: la socialdemócrata (Norte) y la socialista (Sur). Simultáneamente —y a iniciativa del

PSP, que preside el profesor Tierno Galván— se celebra en Barcelona la Primera Conferencia Socialista

del Mediterráneo, a la que asisten representaciones de los partidos de esta zona no pertenecientes a la

Internacional (diez de ellos en el poder) y que, en primera instancia, podrían considerarse como

partidarios de una redefinición más marxista de la ideología socialista, aunque esta afirmación está sujeta

a muchas reservas y matizaciones.

Ensanchar la participación

La Conferencia de Barcelona pone en evidencia uno de los principales fallos de la actual estructura de la

Internacional Socialista: la precariedad de su sustentación y el excesivo protagonismo (excesivo para un

movimiento que se basa en el internacionalismo) de los partidos europeos y más concretamente, de los

partidos de los países miembros del Mercado Común. Esta es una realidad cuya importancia no puede

ocultar ni siquiera el hecho de que sean sesenta (y de muy diversa procedencia) los partidos socialistas

integrados en el movimiento. Las carencias son muy ostentibles y la necesidad de ensanchar el espectro

mas que evidente. Incluso está muy claro el sentido que ha de tener este proceso: hacia el Tercer Mundo y

—muy especialmente— hacia los países árabes, masivamente representados en la reunión de Barcelona.

Pero la operación —si es que, efectivamente, se decide poner en marcha— estará llena de dificultades. De

una parte, en los últimos treinta años ha predominado en la Internacional una tendencia anticomunista

que, en política exterior, ha conducido a una postura favorable a las líneas generales de la diplomacia

norteamericana, lo que ha producido un lógico rechazo en la mayoría de los partidos socialistas árabes,

especialmente en los que se definen como más revolucionarios (argelino, iraquí, libio ..). Además, la

presencia en la Internacional del Partido Laborista de Israel y el apoyo al Estado judío y a sus tesis en el

conflicto del Próximo Oriente durante muchos años, por parte de un número considerable de los partidos

socialistas «fuertes» de Europa, ha empeorado todavía más el panorama. Ahora mismo, el primer ministro

de Israel, Isaac Rabin (que preside la delegación de su partido en el Congreso), intenta conseguir una

clara ayuda diplomática y política en la Internacional "porque muchos de sus líderes son hoy Jefes de

Gobierno de Estados simpatizantes de la causa israelí". No obstante, la situación ha experimentado

últimamente un apreciable giro en el sentido de coincidir con las resoluciones de la ONU, en buena

medida desfavorables para Israel y, además, Bruno Kreisky, canciller austríaco, ha desarrollado una

activa gestión cerca de los países árabes que incluso le permitió servir de intermediarlo en 1973 entre

Egipto y el Estado judío.

• Han vuelto a surgir las diferencias entre socialistas y socialdemócratas a propósito del eurocomunismo

Esta «apertura» al Tercer Mundo puede considerarse, sin embargo, todavía mínima. Sus principales

«logros» serían la aceptación de la asistencia del FNL argelino en calidad de observador y la oportunidad

brindada a dos Presidentes latinoamericanos (Carlos Andrés, de Venezuela, y Daniel Oduber, de Costa

Rica) de intervenir públicamente en el Congreso. También es de destacar la participación de Leopoldo

Senghor, Presidente de Senegal, país que se integra ahora en la internacional, al tiempo que se excluye el

partido de Singapur, a causa de la falta de respeto a las normas democráticas, que deben aceptar y cumplir

todos los partidos miembros del movimiento.

• Otro desafío del movimiento: Ensanchar la participación hacia el Tercer Mundo y, especialmente, los

países árabes

Los temas del Congreso

Los informes presentados al Congreso son los siguientes: «Hacia un nuevo orden económico mundial»,

«Después de Helsinki», «La situación en el Tercer ´Mundo» y «El socialismo y los derechos del hombre

en el mundo de hoy». Todos ellos son importantes y, en última instancia, interrelacionados. Pero, por

encima de todos ellos, al menos en cuanto a interés informativo inmediato, se encuentran la elección del

nuevo presidente de la Internacional y el despertar del debate sobre el eurocomunismo y la colaboración

entre socialistas y comunistas en el sur de Europa. En la elección del presidente del SPD germano no ha

habido ninguna sorpresa. Estaba previsto que sucediera al austríaco Pitterman desde hace bastante tiempo,

tal vez desde las consultas oficiosas mantenidas por los más importantes líderes socialistas con ocasión

de! Congreso del P. S. portugués. Y, realmente, no existía competencia. Era el candidato casi único. Su

elección es lógica y, al tiempo, muestra ese eurocentrismo de que adolece la organización. Hace unos

años se fue al garete la candidatura de Harold Wilson por la casi única razón de que no pareció muy

ortodoxa su postura respecto a la construcción de Europa. Ahora se elige al más prestigioso e indiscutible

de los europeístas. Y, con ello, se produce un relevo de influencias que permite pensar en un acusado e

inmediato protagonismo da la República Federal Alemana, que pasa por la eliminación de lo que alguna

vez se ha llamado «lobby austríaco». La llegada de Helmut Schmidt a Ginebra refuerza esta impresión.

Brandt aprovechó su discurso para lanzar una diatriba contra el eurocomunismo (e implícitamente contra

los partidos socialistas del sur de Europa que aceptan la formación de «frentes comunes») que sorprendió

por su virulencia y, en buena medida, por la ocasión. Él nuevo presidente de la Internacional Socialista

habló como si se encontrara en un mitin electoral de su partido y tuviera que ajustarse al indudable giro a

la derecha que se aprecia en la opinión pública alemana. Aunque admitió que algunos partidos comunistas

«parece que quieren exponerse a la empresa de la democracia». Denunció al eurocomunismo como a una

amenaza comparable a la de los comunismos chino o soviético. Es más que evidente el contexto europeo

de estas declaraciones y la referencia (indirecta, pero clara) a la postura del Partido Socialista francés y,

en menor medida, a su colega Italiano. Como también resulta evidente el contraste con el sentido de la

Conferencia Socialista del Mediterráneo, en la que Tierno Galván habló de «equilibrar la zona y no

depender de las presiones europeas y norteamericanas». En Ginebra —y so pretexto del

eurocomunismo— surgió de nuevo el conflicto entre los dos elementos de un binomio por muchos

conceptos heterogéneo: socialdemocracia-socialismo. A nadie se oculta la dificultad de una estrategia

conjunta y, en tal situación, cabe preguntarse sobre la eficacia práctica de un movimiento como la

internacional Socialista, que tiene que pasar por encima de esta contradicción.

26 ARRIBA 28/XI/76

Luis MATIAS LOPEZ

 

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