Respetar la legalidad     
 
 ABC.    20/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC 20/10/76

RESPETAR LA LEGALIDAD

La denegación de permiso para la reunión del Congreso del P. S. O. E. (renovado) o la decisión de

posponer la autorización hasta el cumplimiento de ciertos requisitos que deben ser cumplidos por los

solicitantes —en el escrito correspondiente— constituye hoy tema político principal para la discusión

interpretativa y para los curiosos cálculos que se establecen, sobre estos incidentes, en orden a la lejanía o

a la proximidad, en las que nos encontramos, de la democracia.

Parece razonable no exagerar el tema, sacándole de sus límites normales y convirtiéndole en caballo de

batalla. Ante todo porque se desarrolla en áreas en las cuales no están todavía bien fijadas las fronteras de

lo que es una pragmática permisibilidad y lo que debe ser una plena legalidad.

En la legalidad plena únicamente estarían hoy las asociaciones o partidos que tuviesen su inscripción

registral hecha y su reconocimiento o autorización cumplidos. Y éste no es, evidentemente, el caso del P.

S. O. E. (renovado). En el ingreso a la legalidad —que es etapa previa, pero que genera ya alguna especie

de fuero o de expectativa jurídica considerable— tampoco se encuentra esta extensa rama del socialismo

español porque aun no ha presentado documentación alguna para el trámite de su reconocimiento legal.

En circunstancias tales, si se prescinde de la confusión que aportan al tema otros antecedentes resueltos

con distinto criterio, la autoridad podría perfectamente negarse, sin más, a la celebración del Congreso.

Pero si no se anuncia una negativa y únicamente se demandan concreciones de cumplimiento de la

legalidad vigente, entonces la solución no presenta caracteres drásticos y se aproxima a un aplazamiento,

que supone aceptar una condición nada imposible: acatamiento de la legalidad.

Cierto es, sin embargo, que existen otros antecedentes, como hemos apuntado. Todos o casi todos

acogidos a diferentes justificaciones; pero todos o casi todos fuera, también, de una legalidad estricta.

Amparados —¿por qué no decirlo?— en ciertas flexibles tolerancias.

Parece, sin duda, llegado él momento de imponer el respeto a la legalidad y de cancelar la política de las

tolerancias y las discrecionalidades. Todos los grupos, partidos o asociaciones que ya están funcionando

como tales, han tenido tiempo suficiente para decidir el comienzo de la tramitación conducente a su

reconocimiento legal. Y si se mantienen en una posición de abstención ante el trámite fijado, pero

dispuestos a solicitar actuaciones públicas, será muy difícil que argumenten luego contra normales

decisiones de la autoridad, basadas en la legalidad vigente.

Nada más lejos de nuestro ánimo que negar la posibilidad socialista en el juego plural de la democracia

hacia la cual se encamina la reforma política. Ni su posibilidad, ni su licitud, ni siquiera su conveniencia.

No escribimos, pues, animados, en este caso, por prejuicios contra el P. S. O. E. Escribimos, en cambio,

convencidos de que la democracia, en cualquier caso, no se puede construir con base sólida desde la falta

de respeto a la legalidad.

 

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