PSOE: la crisis de la impaciencia     
 
 ABC.    16/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

P. S. 0. E.: LA CRISIS DE LA IMPACIENCIA

Todo régimen parlamentario tiene que constituirse y funcional sobre el

fundamento de la dialéctica

Poder-oposición. Si, además, se quiere predicar de ese régimen, como una de sus

más señaladas

características, la del pluralismo, la mencionada dialéctica mayoría-minoría ha

de cuidar el respeto mutuo

en sus interrelaciones, y, como consecuencia, elevar el tono de la discusión

parlamentaria. La paciencia y

la oportunidad son virtudes parlamentarias.

Los problemas políticos admiten distintos enfoques. Es cierto, y es bueno que

los dispares criterios sean

expuestos con honestidad y sin ambigüedades. Pero es esencial que a cada

problema se le dé el

tratamiento que en sí mismo merece —no desorbitándolo o no minimizándolo, según

los casos—, y es

más importante, si cabe, que no se utilice el problema como punta de ariete para

demoler el sistema

mismo o a través suyo poner en entredicho y fuera de lugar cuestiones, valores,

principios, propósitos o

actitudes no cuestionadas en el concreto tema que se trata.

En las dos últimas sesiones del Congreso, el P. S. O. E. ha demostrado una

impaciencia difícilmente

compatible con la mesura que siempre debe ser pauta de parlamentarios. Ha

intentado, magnificando un

incidente en si mismo no trascendental, abrir el grueso de su artillería contra

la línea de flotación del

Gobierno, y eso no era lo que estaba en ruego, lo que se cuestionaba, ni el

litigio sobre el que tenía que

pronunciarse la Cámara. Ha actuado, además, con prisas, con palabras y conceptos

demasiado

concluyentes —a veces contradictorios entre sí, como cuando confundía la

voluntad del pueblo español,

mayoritariamente demostrada en pro de las tesis moderadas de la U. C. D., con la

voluntad de algunos de

los militantes del socialismo—; ha desmentido, en fin, y es de esperar que se

corrija en el futuro esta

actitud, el tono de moderación, de intencionalidad superadora de enfrentamientos

pasados, que tanto éxito

le produjo a lo largo de su hábil campaña electoral.

Parece como si las noticias que circulan sobre enfrentamientos internos en el P.

S. O. E. hubieran

motivado algunas de las más arriscadas y desabridas intervenciones de sus

diputados. Sería muy de

lamentar. Porque la estabilidad de la democracia española exige tanto que el

Gobierno sepa estar a la

altura de las circunstancias y resolver los problemas gravísimos que aquejan a

los españoles, como que el

primer partido de la oposición renuncie a fáciles recursos críticos para

encararse con esos mismos

problemas sin hacer una montaña de un grano de arena.

 

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