Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
 Por Manuel Fraga Iribarne. 
 Una visión de la llamada oposición democrática  :   
 De diciembre de 1975 a julio de 1976. 
 Ya.    21/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Por Manuel FRAGA IRIBARNE

una vision de la llamada "OPOSION DEMOCRATICA"

DE DICIEMBRE DE 1975 A JULIO DE 1976

TODO Gobierno se enfrenta con más de una oposición, y ello ocurre de modo aún más

inevitable y complejo en un período de transición y en un país tan propenso a las reacciones

personalistas y faccionales como el nuestro.

El primer Gobierno de la Monarquía se enfrentó con varios problemas importantes. El primero

fue el de plantear al país un plan de reformas, ordenado y con garantías, comenzando por el

establecimiento de las condiciones en las que pudiera participar un espectro lo más amplio

posible de las fuerzas políticas. A este fin se pusieron en marcha las leyes sobre regulación de

los derechos de reunión y manifestación, de asociación política y la reforma del Código penal;

se acometió en profundidad el estudio del problema regional y se sometieron a los trámites de

reforma constitucional dos importantes proyectos de ley que reformaban las Cortes, el Consejo

Nacional, el Consejo del Reino, la regencia, la menor edad del rey y otras disposiciones de las

Leyes Fundamentales, en particular estableciendo la pluralidad sindical.

El segundo problema fue mantener el orden público frente a los reiterados intentos de

aprovechar el momento para forzar el cambio político por la lucha en la calle. Atentados

terroristas, huelgas salvajes, intentos de control de ciudades enteras (Vitotria, Sabadell),

paralización de servicios públicos, manifestaciones violentas, todo fue ensayado de modo

sistemático. Para el 1 de mayo ya se sabía, sin embargo, que nadie podría volcar la mesa y

que la situación estaba en manos firmes.

En tercer lugar, la situación económica exigía especiales cuidados, por el impacto directo o

indirecto de la crisis de la energía: directo, en nuestro propio esquema, e indirecto, por la falta

de medios en Europa, afectando a nuestros mercados, a nuestro turismo y a nuestra

emigración.

En torno a cada uno de estos puntos hubo dos oposiciones. A la derecha del Gobierno no hubo

suficiente comprensión del carácter necesario de la reforma política; no hubo tampoco

suficiente comprensión de los problemas del orden público, y algunos grupos, en vez de

colaborar con él, lo pusieron más difícil con sus reacciones intempestivas. Tampoco todos

entendieron, en la derecha económica, las dificultades del Gobierno en esta materia, y habrán

podido comprobar después que los problernos eran muy reales.

Pero entiendo que debe aclararse, sobre todo, la actitud de la llamada "oposición democrática".

A mi juicio, hay que distinguir dentro de ella tres sectores principales: la izquierda revolucionaria

(lo que incluye a los grupos terroristas del separatismo), el comunismo y las demás izquierdas.

Sus actitudes deben enjuiciarse por separado.

Vaya por delante que no intento desconocer las consecuencias de un largo apartamiento del

juego político, ni las impaciencias y desconfianzas que ello pueda crear. No hay un espíritu de

crítica sistemática en estas consideraciones porque estoy persuadido de que todos debemos

intentar comprender al adversario y admitir su posible justificación. Dicho esto, debo afirmar,

con toda claridad, que el conjunto de la izquierda se equivocó de estrategia, y de no revisarla a

fondo corre el grave peligro de dejar pasar una vez más una gran oportunidad histórica, con

perjuicio para ella y para el conjunto del país.

La izquierda revoluciona r i a intentó, por supuesto, romper las tres operaciones del Gobierno,

con la especial esperanza de desacreditarlo en el terreno del orden público. La izquierdo

comunista jugó también a la contra, en los tres frentes, con especial énfasis en la destrucción

del sistema económico-social. Los demás sectores cometieron el gravísimo error de no

condenar suficientemente al terrorismo, de no colaborar en el tema económico-social y de

aceptar la dialéctica rupturista del comunismo (en lugar de aislarlo y cooperar a la reforma}.

En definitiva, reitero mi convencimiento de que la estrategia de la ruptura es funesta, de que la

de la reforma es la adecuada y que la llamada "oposición democrática" se equivocó en no

colaborar a ella y no aislar a sus extremistas de la izquierda. Ojalá todavía se llegue a la

necesaria rectificación. En España hay sitio para una izquierda, pero civilizada; para un partido

socialista democrático, no para unas facciones revolucionarias, capaces de reivindicar su gran

error histórico de 1934. La sociedad española de hoy, básicamente de clases medias, se

orienta (en su derecha y en su izquierda) al centro y rechaza los extremos.

Manuel Fraga Iribarne

 

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