Autor: Ramírez, Pedro J.. 
 Alfonso Guerra, el hombre duro del PSOE. 
 Antes de iniciar una campaña contra Felipe, dejaría mi puesto en el partido  :   
 Es posible que cuando se trate de volver a poner nervioso el Gobierno, el partido piense que me toca intervenir otra vez a mi. 
 ABC.    17/09/1977.  Página: 13-14. Páginas: 2. Párrafos: 44. 

Fuente; ABC MADRID Fecha: 17091977 Página 21

ABC. SABADO, 17 DE SEPTIEMBRE DE 1977. PAG.13

ENTREVISTA

ALFONSO GUERRA, EL HOMBRE «DURO» DEL P. S. O. E.

«ANTES DE INICIAR UNA CAMPAÑA CONTRA FELIPE, DEJARÍA MI PUESTO EN EL

PARTIDO»

«Es posible que cuando se trate de volver a poner nervioso al Gobierno, el

partido piense que me toca

intervenir otra vez a mí»

«A la U.C.D. le interesa crear una imagen de ruptura en el P.S.O.E.»

«Ya he dicho en alguna ocasión que ser "sólo marxista" hoy en día es no ser

marxista»

Alfonso Guerra, secretario de organización del Partido Socialista Obrero Español

y diputado por Sevilla,

es sin duda una de las personalidades más polémicas de la nueva clase política.

Dentro de su partido se le

admira por esa gran capacidad de gestión que le sirvió para conducir el timón de

la campaña electoral.

Fuera se le critica por su enorme agresividad a la hora del debate, tal y como

quedó patente en el último

Pleno del Congreso. Precisamente el balance de lo ocurrido en el hemiciclo y la

supuesta crisis en el seno

del P. S. O. E. forman el temario de la entrevista. La conversación tuvo lugar

en su despacho, situado en

la primera planta de la sede del partido, y lo que sigue es prácticamente la

trascripción literal de la

misma.

Hablando con claridad, ¿hay o no hay crisis en el P.S.O.E.?

-En un país sin experiencia democrática se piensa que hay una crisis cuando en

un partido se producen

dimisiones o cuando se rechaza la gestión de una Ejecutiva. Se piensa que el

partido se rompe. En el P. S. O. E.

no hay ninguna crisis más que en el sentido de que sus militantes tienen el

derecho y el deber de

«poner en crisis» a sus dirigentes. Lo ocurrido en los últimos días es habitual

en el partido. Cada equis

tiempo los Comités provinciales deben someter a discusión su gestión. Es 1o

mismo que queremos que

haga el Gobierno, pero el Gobierno se niega.

-¿No es una coincidencia que en tan escaso margen de tiempo haya habido tantas

asambleas

descontentas con la gestión de sus Ejecutivas?

-La única coincidencia es que todas esas noticias hayan salido a la vez en los

medios de comunicación.

Y una coincidencia no fortuita, sino buscada.

Pero esas dimensiones han sido simultáneas...

-Con frecuencia hay dimisiones simultáneas. Lo que ocurre es que ahora han sido

destacadas porque a la

U.C.D. le interesa crear una imagen de ruptura en el P. S. O. E. Y son ellos

quienes de verdad sufren un

proceso de ruptura interna.

«NO SOY UN "SUPERMAN"»

-En el caso de la Ejecutiva de Sevilla se ha dicho que el problema de fondo

consistía en que Alfonso

Guerra hizo

las listas electorales desde Madrid.

-Eso es una tontería muy grande. Yo no vivo en Madrid, sino en Sevilla. Además

las listas electorales

fueron elaboradas por el Comité Provincial y luego perfiladas por la. Comisión

Electoral y. finalmente,

aprobadas por el Comité Federal. La gente piensa que yo tengo un poder dentro

del partido que me

convertiría en un «supermán». Y desde luego no soy un «supermán».

-¿No es usted el «número dos" del P. S. O. E.?

-En el P. S. O. E. no hay ningún «número dos». Hay un «número uno» que es el

primer secretario, y

luego hay muchas secretarias. Si se ha dado en decir que yo soy el «número

dos», tal vez es porque mi

Secretaria, la de Organización, permite conocer muy globalmente la

infraestructura del partido. Pero,

insisto, aquí no hay «numero dos».

-¿Es cierto la bipolarización de la Ejecutiva entre «moderados» y «radicales»?

-Si partimos de que en la Ejecutiva del P.S.O.E, hay distintos sectores, habría

que decir que son

diecinueve: tantos como miembros. Y si se pretende hacer agrupaciones, entonces

todos somos del mismo

sector» porque todos estamos en el espacio

político que corresponde al socialismo. Ahora bien, reconozco que dentro del

socialismo hay tendencias

de opinión con coincidencias y diferencias. Podemos entonces decir, por ejemplo,

que en la Ejecutiva y

en el partido hay socialistas que piensan que las reformas irreversibles, es

decir, las reformas

revolucionarias, son el método de conquista. Hay otros que piensan que el método

socialista de aplicación

es aquel que mantiene una tensión permanente entre los objetivos finales y los

medios inmediatos de que

se dispone. Es decir, que dentro del respeto a la ideología socialista hay

quienes creen en un ritmo y

quienes creen en otro.

-¿Y cuál es el ritmo de Alfonso Guerra?

-Sé que en el partido hay hombres que se declaran marxistas y otros que no se

declaran. Yo me declaro

claramente marxista. Ya he dicho en alguna ocasión que, de todas formas, ser

«sólo marxista» hoy en día

es no ser marxista. Es preciso saber añadir al legado de Marx y Engels todas las

aportaciones que nos

llegan desde pensadores marxistas y también desde pensadores ántimarxistas.

Incluso hay que admitir

con alegría todos aquellos elementos que vengan a poner en crisis las propias

convicciones. Pertenezco,

pues a una tendencia socialista, marxista, nada delirante..., pero tampoco tibia

en el ritmo de los

planteamientos. Es decir, nada delirante, pero sí radical.

«En el P. S. O. E. no hay ninguna crisis más que en el sentido de que sus

militantes tienen el derecho y el

deber de "poner en crisis" a los dirigentes»

GOMEZ LLORENTE, FELIPE GONZALEZ

-¿Se siente entonces identificado con la línea de Gómez Llorente?

-El pensamiento de Gómez Llorente coincide básicamente con el mío, pero también

tenemos

diferencias de matización. Debe quedar bien claro, en cualquier caso, que no

forma parte de ninguna conspiración. Las

conspiraciones son totalmente estériles en un partido democrático. Las

conspiraciones sólo tienen sentido

en un partido autoritario en el que conspirar es la única manera de hacer oír tu

voz. Lo que quiero decir es

que Gómez Llorente y yo no formamos ningún frente común.

-¿Qué divergencias recientes han surgido entre Alfonso Guerra y Felipe González?

-No hay ningún problema nuevo ni ningún problema viejo. Hace muchos años que

trabajamos juntos y

lo hacemos de forma muy compenetrada. Hay una anécdota de la época de la

clandestinidad cuando

dábamos cursos a los militantes que no había contado nunca hasta ahora. Nosotros

dábamos las

conferencias al alimón, interrumpiéndonos continuamente; y al final de una de

ellas un minero asturiano

nos dijo que era la primera vez que veía a «dos hombres con un mismo cerebro».

Eso no quiere decir que

no surjan a veces discrepancias y que cada uno no defienda sus tesis con

absoluta lealtad. Ahora bien,

globalmente yo estoy ciento por ciento de acuerdo con Felipe. Si alguien piensa

que yo puedo hacer una

política contra Felipe se equivoca de punta a punta. Se equivoca hasta el

extremo de que si algún día esas

diferencias de matiz que puede haber entre nosotros se hicieran sustanciales,

antes que iniciar una

campaña contra Felipe yo dejaría mi puesto en el partido.

-¿Hubo un enfrentamiento con Felipe González a propósito del tratamiento de la

forma de Gobierno en

la reunión de Sigüenza?

-Enfrentamiento, desde luego, no hubo, porque, como digo, éramos veintidós

discutiendo, y no dos.

-Discrepancia entonces.

-La verdad es que no recuerdo siquiera cuántas intervenciones hubo entre la de

Felipe y la mía. Insisto,

por tanto, en que no hubo polarización. Felipe expuso su criterio y yo el mío.

No se diferían

sustancialmente. Había diferencias de matiz en el planteamiento, pero no en el

resultado.

«HAN CAMBIADO POCAS COSAS»

-Hablando de Plenos, el que se ha celebrado estos días parece haber tenido

un impacto muy negativo en la opinión pública...

-Estoy convencido de que el electorado está decepcionado con respecto a lo que

creían que iba a

significar el quince de junio. Creían que el mero hecho de votar por sufragio

universal equivalía a trazar

una línea entre el pasado y el futuro. Era una ilusión. El quince de junio no lo

ha cambiado todo, como

pretende U.C.D. Han cambiado muy pocas cosas. El régimen político y económico no

ha cambiado, y

quienes tienen el poder no son sino herederos de quienes lo tuvieron antes.

Algunos, incluso, como Suárez

y Martín Villa, lo tenían antes y lo tienen ahora.

En las Cortes ni siquiera hay un reglamento que permita discutir alternativas

democráticas, ya que está

impregnado del autoritarismo de quienes han sido procuradores durante cuarenta

años. Dentro del

Parlamento hemos tenido que luchar en dos frentes muy importantes. Uno, elaborar

un reglamento,

porque, el anterior no servía para la democracia. Dos, sortear el

obstruccionismo permanente de la. U. C. D.

Es un caso insólito en la historia parlamentaria: el partido mayoritario

practicando el obstruccionismo.

El Gobierno no quiere que funcione el Parlamento. El Gobierno quiere que exista

un Parlamento en el que

se distraigan los políticos de la oposición con pequeñas cuestiones. Se trata de

hacer con el Parlamento lo

que Suárez hizo con el Gobierno de la U.C.D.: repartir globos los jueves,

repartir carteras ministeriales...

Y a alguno, como al señor Camuñas, ni siguiera le da cartera.

Eso es lo que ha impedido entrar en temas de fondo realmente importantes: el

tema del paro, el tema de la

amnistía total, la situación de los emigrantes, las pensiones. No se ha podido

entrar en esos temas porque

el Gobierno, tratando de restar protagonismo al Parlamento, no ha querido que

así fuera.

- Pero el P. S. O. E. de la misma manera que ha forzado el Pleno sobre el "caso

Blanco", podía haberlo

forzado en torno a alguno de estos temas.

-¡No, el P. S. O. E. no ha forzado el Pleno! El Pleno lo ha

forzado el hecho de que un ministra del Interior dé instrucciones a la Policía

de forma que se pueda

aporrear a los diputados. EI Pleno lo fuerza el Gobierno, al no respetar al

Parlamento. Al traer por primera

vez al Gobierno ante el Parlamento, nosotros hemos creado un precedente de

extraordinaria importancia.

El de que cada intervención del Gobierno que consideremos que no responde a los

intereses del pueblo

tiene que pasar por la fiscalización del Parlamento. Ese ha sido uno de nuestros

triunfos.

«EL PUEBLO TIENE INTUICIÓN PODEROSA»

-Sin embargo, la imagen del P.S.O.E. ha podido quedar erosionada por lo ocurrido

en el Pleno.

-El pueblo tiene una intuición muy poderosa, y el pueblo se va a dar cuenta de

que quienes han quedado

erosionados de verdad son los partidos que votaron apoyando a Martín Villa. Es

decir, el Partido

Comunista, el P. S. P., el Parte Democrático, el P.N.V....

-En realidad se abstuvieron.

-Al abstenerse votaban a favor del mantenimiento de Martín Villa. Si esos

partidos hubieran apoyado la

moción pidiendo su cese, Martín Villa no sería hoy ministro del Interior. Yo no

sé, por ejemplo, como el

P. N. V. va a justificar su actitud en el País Vasco. Pero ése es su problema,

claro.

-¿Por qué fue tan agresiva su intervención?

-Yo creo que no fue agresiva. Lo que ocurre es que los señores de la U. C. D. y

del Gobierno no están

acostumbrados a lo que es una asamblea democrática; no conocen el funcionamiento

de un Parlamento.

Por eso se quedaron realmente asombrados cuando un parlamentario señaló con el

dedo a un ministro

para decirle que era el responsable de los hechos que se estaban debatiendo.

-Sí, ¿pero es acorde con el funcionamiento de una asamblea democrática el

llamarle a un ministro

«corsario» y el llamarlo a otro ministro...?

-¿Franquista? Sí, le llamé franquista. Martín Villa tenía que haberme

aplaudido... ¡Pero si él siempre

ha dicho que era franquista! ¡Pero si él ha ocupado puestos importantes con

Franco durante años!

-Pero Camuñas nunca ha dicho que sea «corsario»...

-Pero Camuñas tiene la frivolidad de ir diciendo por los pasillos que el

diputado que pedía inmunidad,

lo que pedía era una patente de corsario. Y eso es ser un corsario. Camuñas me

preguntó si cabía la

réplica. Yo le dije: «Si se dirige al presidente y le dice que es por alusión

personal, seguro que cabe.» Yo

pensaba que nos haría un gran favor interviniendo, y así fue. Por eso el señor

Suárez le echó después la

regañina correspondiente, porque él estuvo un buen rato avergonzado y con la

cara tapada.

-¿El hecho de que su intervención fuera más dura que la de Felipe González o

Gómez Llorente es

cuestión de estrategia o de personalidad?

-La de Felipe fue mucho más dura en cuanto a contenido que la mía. Lo que ocurre

es, como digo, que

el Gobierno no estaba acostumbrado a que alguien interviniera sin texto alguno

señalando a sus miembros

con el dedo y atribuyéndoles los calificativos que, a mi juicio, merecen. La

verdad es que después del

espantoso ridículo que hicieron desempeñar a Pérez Llorca debían esperarse lo

que se les venía encima.

-Pero insisto: ¿Va a ser Alfonso Guerra el «látigo» del P. S. O. E.?

-Nosotros buscamos siempre la mayor idoneidad entre las personas y los temas.

Está claro que yo no

intervendría para defender un Concordato Iglesia-Estado. Es posible, en cambio,

que cuando se trate de

poner nervioso al Gobierno el partido píense que me toca intervenir otra vez a

mí. Yo no rechazaré ese

papel, sino que, por el contrario, estaré muy gustoso de desempeñarlo, pues no

comparto en absoluto las

actitudes ni la ideología del Gobierno.- Pedro J. RAMÍREZ.

- «Los electores están decepcionados respecto a lo que creían que iba a

significar el 15 de junio»

- «Hay una conspiración antiGuerra en la Moncloa»

 

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