Felipe González, en una reunión informativa con diversos periodistas. 
 Los Pactos de la Moncloa corren peligro     
 
 Pueblo.    09/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Felipe González, en una reunión informativa con diversos periodistas

Los “pactos de la Moncloa” corren peligro

MADRID. (PUEBLO.)—Felipe González mantuvo anoche con diversos periodistas una

rueda de prensa

informativa, que piensa prodigar en el futuro. Pensado más con carácter de

información "background" que

como fuente de noticias vivas, sembrada de inevitables "off de records", lo

cierto es que resultó de interés

desusado y clarificador de la actitud socialista en el momento actual, y de

forma singular del desarrollo

interno del “pacto de la Moncloa”. La amplitud del diálogo, cuatro horas, y la

hora en que terminó, cerca

ya de la medianoche, nos impide hoy apenas si un apunte de lo tratado que, sin

duda, será ampliable para

nuestros lectores en fechas sucesivas.

El lema que, sin duda, preocupaba mas al secretario general del PSOE era el de

la viabilidad y exacto

cumplimiento por parte del Gobierno de los llamados "pactos de la Moncloa". Y de

forma singular debido

a la falta de sensibilidad hacia el tema de las relaciones industriales en

amplios sectores del país, sobre

todo entre los empresarios. Señalo Felipe González que la situación es tanto mas

anecdótica, por cuanto

nunca éstos podrían encontrar un Gobierno más favorable; pero lo cierto es que

ni el Gobierno confía en

los empresarios ni éstos en el Gobierno, sin que, por otra parte, «los patrones

de empresa tengan

conciencia de clase ni una estrategia común que oponer a los trabajadores

organizados». Dan la

impresión —añadió— de que van a tratar de salvar su propia empresa, sin tener en

cuenta la situación

exacta y nueva por la que atraviesa el país.»

Por otra parte, Felipe González resaltó la grave responsabilidad que había

contraído el Gobierno para

hacer cumplir al pie de la letra los acuerdos conseguidos con toda la oposición

parlamentaria. «Exigiremos

el exacto cumplimiento de todo lo acordado. El primer "test" lo vamos a tener

con el problema de los

farmacéuticos. El Gobierno está sometido a muchas presiones; pero no veo que

dichos profesionales se

vean en situación de no vender productos en sus oficinas de farmacia por el

hecho de que también los

expendan las instituciones clínicas y sanitarias.»

Tuvo el secretario general calificaciones de aprobación global de los acuerdos,

hasta el punto de que

señaló que «lo que hemos conseguido al final de las discusiones no difiere

sustancialmente, teniendo en

cuenta las circunstancias actuales, de lo que los socialistas hubiéramos podido

hacer desde el Poder.» Expresó a continuación su apoyo actual al sistema de

economía de

libre mercado, «lo cual no

excluye —agregó— que sin extrapolaciones utópicas, aspiremos a un control de los

medios de

producción por parte de la sociedad, en una fórmula autogestionaría que hoy

resulta difícil de explicar por

falta de paralelismos exteriores, ya que las únicas referencias de que

disponemos son los países

occidentales, donde se acepta esta filosofía económica, y los países del este de

Europa, de economía con

rígido control estatal, sin que nos valga la formula autogestionaria de

Yugoslavia, por no ser tal en su

realización práctica, al quedar reducida a simples declaraciones de principios.»

Habló Felipe González, a este respecto, de las nacionalizaciones. Para él, es

evidente que hay ciertos

casos claros de necesaria nacionalización, como en el sector siderúrgico donde

se da la parábola de una

competitividad entre empresas del Estado y empresas privadas favoreciendo la

acción estatal

precisamente a estas ultimas. Se refirió también al sector eléctrico en la

actualidad y en el futuro, al campo

de la energía nuclear. Sobre la Banca, explicó que quizá se conseguiría lo

mismo, económicamente, con

una ley controladora del crédito, pero que el hecho de la nacionalización de

acaso cuatro o cinco grandes

bancos tendría mayor impacto político en la calle y en los ambientes de la

política de altura, donde esa

Banca es origen frecuente de acciones o actitudes contrarias al proceso

democratizador.

Sobre el tema concreto da los pactos de la Moncloa en su fase de gestación, el

secretario general del

Partido Socialista Obrero Español fue muy claro y ofreció una ilustradora

visión de la actitud de las

diversas fuerzas concitadas por el presidente Suárez al calor de la crisis

económica que atraviesa nuestro

país. «Se dijo que le habíamos dado al Gabinete Suárez un balón de oxígeno y

esto

no es rigurosamente

cierto. Lo exacto es que todos comprendimos la seriedad de la situación y pudo

más el interés nacional

que cualquier actitud de prestigio. Por otro lado, lo que al final hemos

conseguido no difiere

sustancialmente, en el momento actual, de lo que los socialistas hubiéramos

podido hacer desde el Poder.

También es verdad que, cuando llegamos a la Moncloa nos encontramos con un

borrador que recogía ya

muchas de las reivindicaciones y medidas propuestas en el programa electoral

socialista, pero tuvimos la

impresión de que se pretendía elevar dicho borrador a definitivo con el consenso

previo de alguna de las

fuerzas que allí estaban presentes y que, sin duda, habían participado de alguna

forma en su elaboración.

También nos dio la impresión de que no se contaba con la firma del PSOE, de que

se quería puntuar al

primer partido de la izquierda e ir adelante el Gobierno con las demás fuerzas,

incluso con las sindicales

de CC.OO. Pero entramos en el juego y aceptamos el borrador como tal lo que

determinó los posteriores

encuentros habidos y nuestra inesperada entrada a fondo en la cuestión ha

permitido acercar aún más a

nuestro programa el documento original que se nos proponía».

La expresión de Felipe González adquirió por unos momentos una desacostumbrada

dureza y seriedad

cuando afirmó, a continuación, que el Partido Socialista Obrero Español «estará

muy vigilante para que se

cumplan al pie de la letra los acuerdos y para que, si resulta posible, se

enriquezcan a su paso por las

Cortes sobre todo en aquella parte en que se pretende que la masa salarial no

pierda su relación con el total

de la renta nacional, es decir, de forma que no se vea afectado y mucho menos

disminuido el poder

adquisitivo de los trabajadores». Insistió en que era imprescindible «que se

reduzca el actual abanico de

salarios, que se cierre de tal forma que las diferencias entre los más elevados

y los más bajos se reduzcan

hasta niveles que admitan comparación con otros países del Occidente, ya que en

la mayoría de ellos se

tiene una relación de 1 a 8, mientras nosotros tenemos de 1 a 20, injustísima

proporción que sólo se da en

la Unión Soviética.»

Hubo, según hizo saber el secretario general del PSOE, discrepancias sobre el

tema del tope salarial

propuesto del 22 por 100 para el crecimiento de estas rentas en el próximo año.

Los socialistas se opusieron a que la única cifra que figurara fuera la de dicho

22 por 100, sobre

la que se les arguyó que era

la mínima que daría cierta tranquilidad al capital, consiguiendo posteriormente

una serie de correcciones,

de tal forma que se pondrá tope a los precios, se prestará especialísima

atención a un mayor incremento

de los salarios mas bajos, a una sustancial y racional mejora de las

pensiones... temas sobre los que hoy

no vamos a extendernos, sobre todo por cuanto el secretario general del PSOE

anunció que, en la próxima

semana será dado a conocer un estudio detallado y comparativo de las propuestas

del Gobierno, de los

puntos programáticos socialistas y de los resultados obtenidos.

Diremos, finalmente, que sobre pretendidas discrepancias graves entre PSOE y

UGT. Felipe González

negó en redondo señalando que las diferencias entre el partido y la central

sindical aludidos eran lógicas

por la concepción socialista del sindicalismo, que lo mantiene coherente, pero

independiente con respecto

a cualquier decisión partidista, porque, en suma, como añadiría: «Ninguna

central sindical que admita los

topes salariales del 22 por 100 y las posibilidades de despido del 5 por 100,

como medida coactiva, no

merece la consideración de tal central sindical.»

PUEBLO 9 de noviembre de 1977

 

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