Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   La república de las letras     
 
 Pueblo.    07/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS

Lo he escrito en estas mismas páginas más de una vez en vida de Franco o en el

reinado de Don Juan

Carlos; se lo expliqué muchísimo más largo a la madre, del Rey, en París, en el

hotel Maurice, en

presencia de dos damas españolas de gran estirpe monárquica, cuando Don Juan

Carlos no era aún ni

Príncipe de España. Si me hiciesen un análisis de sangre política, además de

universal con Rh positivo, se

vería que mi sangre es republicana, lo que no quiere decir absolutamente nada

práctico en 1977, porque

también mi bisabuelo Antonio Piazuelo era carlista, lo que viene a ser algo así

como leer la «Sonata de

invierno», de Valle-lnclán; quiero decir que hoy, en 1977, hasta para los

españoles republicanos de

herencia, la República no pasa de ser un tema que hasta puede ser objeto de

brillantísimas peroratas,

sesudos estudios, maravillosos textos, gestos tribunicios y manifestaciones

callejeras que, como la

discusión sobre el sexo de los ángeles, no lleva absolutamente a ninguna parte.

Viene todo esto —ya lo han comprendido ustedes, que no tienen un pelo de tontos—

a propósito de las

declaraciones de fe republicana de algunos miembros del Partido Socialista, que

saben exactamente igual

que yo hasta dónde el tema es hoy en España pura literatura y ganas de lanzar

discursos en las Cortes el

día que el tema salte en los Plenos que han de resolver la Constitución.

El PSOE no nos engaña a nadie, y supongo que no lo intenta; sabe que la Corona

cuenta hoy en España

con la adhesión sincera de muchos, la simpatía manifiesta de la mayoría y la

defensa decidida de una

mayoría aplastante de ciudadanos sensatos y realistas que no tienen la menor

intención de aceptar una

discusión a nivel nacional sobre las formas de Estado, con los problemas que se

nos vienen encima. Era

precisamente a ése de la forma de Estado al que le teníamos más miedo, miedo que

nos había llevado a

los limites del pánico con el famoso «Después de Franco, ¿qué?», de don

Santiago, y ahora que hemos

visto ya que, en lo que se refiere a la forma de Estado, después de Franco la

sucesión ha sido un éxito de

realismo y moderación, de tacto y adaptabilidad, de salta al capítulo siguiente

de la historia sin trauma

alguno, para admiración de propios y extraños; ahora el tema éste de las formas

de Estado simplemente

no es de recibo entre la masa y queda relevado a la categoría de los sexos de

los ángeles políticos.

Sabemos muy bien que para el PSOE, como para mi, que no soy del PSOE, ni de

nadie, y de ahí beben las

fuentes de mi independencia al escribir, existe una tradición republicana; pero

habría que saber lo que

hubiese pensado de la Monarquía Pablo Iglesias si hubiese topado con la inglesa

en lugar de topar con la

española de su tiempo. No parece que le haya ido nada mal a los partidos

socialistas europeos con sus

monarquías. No olvidemos que la sociedad socialista que hemos venido en llamar

«el modo de vida

escandinavo» se ha cocido y fraguado bajo monarquías que aun le dan cobijo.

Yo estoy muy lejos de ser más lista que Felipe González, Alfonso Guerra, Nicolás

Redondo, Enrique

Múgica o Peces-Barba, a quienes les consta un ramalazo de simpatía personal que

siento por ellos, y si no

les constaba, pues que la apunten; pero siendo más tonta que ellos, les veo el

plumero como se lo ve

media España. Su famoso tema de las formas de Estado a la hora de discutir el

articulado de la

Constitución es una carta en la manga, un comodín, que jugarán en el momento

oportuno. «Yo te doy la

Monarquía a ti (entre otras cosas, porque estoy de acuerdo con la Monarquía) y

tú me socializas un poco

la Constitución.»

Eso ha tenido de bueno la publicación del proyecto de borrador de la

Constitución, que nos hemos

enterado del tema los españoles de a pie y que podemos advertir a los españoles

de escaño (en las Cortes)

que no nos engañan, o nos engañan muy poco, y que asustan muy poco cuando gritan

que viene un lobo

que todos los españoles sabemos que esta muerto. Las «cocinicas parlamentarias»

se transparentan desde

una legua, y el tema de la República, a estas horas, es ya como leer la "Sonata

de invierno», puro asunto

de la república de las letras.

Pilar NARVI0N

 

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