Autor: Navarro, Julia. 
 Felipe González, secretario general del PSOE. 
 El gobernar antes de tiempo no nos da miedo     
 
 Pueblo.    17/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 30. 

FELIPE GONZÁLEZ, secretario general del PSOE:

“El gobernar antes de tiempo no nos da miedo”

17 de diciembre, 1977

HACE un año, por estas mismas fechas, el PSOE era un partido ilegal que

celebraba su XXVII Congreso

en un clima de permisibilidad política y con la asistencia de todos los grandes

líderes socialistas del

momento.

Hoy, un uño después, el PSOE se ha consolidado como primera fuerza política del

país, una vez pasada la

reválida popular del 15 de junio. El balance no puede ser más positivo para este

partido con cien años de

historia, pero que ha sabido dar una imagen nueva, joven, renovadora.

Al frente, Felipe González, su primer secretario, ha dejado constancia de una

extraordinaria capacidad

política, asentando su imagen como dirigente y convirtiéndose en el jefe de la

oposición española. Así, ha

sido recibido en las grandes cancillerías europeas por jefes de Estado de

numerosos países, y en el espacio

de un mes en las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética. Felipe

González, pragmático,

serio, honesto, hace la autocrítica de lo que ha sido este año:

— Desde el punto de vista del partido, creo que el PSOE ha hecho una acumulación

ideológica muy

fuerte durante años, faltó de una praxis política concreta que era imposible

durante el franquismo. Ahora

está en el momento del ajuste de esa acumulación ideológica, que

tiene factores

extraordinariamente positivos, puesto que nos da perspectiva de

futuro.

Ahora tenemos que confrontar esa acumulación ideológica con una praxis política

que nos obliga a tocar

Poder concreto; es decir, a pringarnos en operaciones políticas concretas y, por

consiguiente, a manejar

intereses auténticamente populares y auténticamente de clase.

Ahí es donde se acaba de alguna manera la estética de la ideología y empieza una

estética mucho más

apasionante, aunque algunos no la vean, que es la de ver si el pueblo se siente

subsumido, representado; si

la cesión de soberanía que ha hecho el pueblo en nosotros, la entrega de poder

que nos da, sirve para algo;

si se ha producido una síntesis entre esa acumulación ideológica y la capacidad

de dar respuesta a los

problemas que el pueblo siente como suyos.

En esa experiencia estamos en este momento, con tensiones en algunas áreas del

partido, como es lógico,

porque la acumulación ideológica, a veces, hace pensar que el partido no va por

el camino que debe ir,

según algunos, y el pueblo niega lo que ese núcleo o lo que esos algunos dicen,

y uno debe remitirse a lo

que quiere el pueblo sí hace socialismo. Si hace, estética de club, puede

incluso menospreciar lo que dice

el pueblo, pero quien quiere hacer socialismo tiene que contar con lo que dice

la clase trabajadora.

Creo que ahí está la mayor dificultad del partido, que de algún modo podríamos

calificar, simplificándolo

mucho, como el esfuerzo por salir de la clandestinidad y de la ilegalidad a una

situación de legalidad en la

que se comporte una responsabilidad de poder seria.

Creo que la prueba de fuego, después de la que hemos pasado de la negociación en

materia económica, va

a estar fundamentalmente en el momento en que el partido se convierta realmente

en alternativa de poder.

- Es innegable el protagonismo político del PSOE, y, según todos los

pronósticos, el PSOE puede ser esa

alternativa de poder antes de las próximas elecciones. ¿Crees que os va a tocar

gobernar antes de tiempo,

y no le asusta al partido asumir esta responsabilidad en la actualidad?

- Yo creo que es bastante posible, y a mí, personalmente, y creo que a las

personas más responsables del

partido, no nos da miedo. Lo que pensamos es que lo mejor sería que se cumpliera

el período

parlamentario, porque supondría cierto fortalecimiento de la democracia. Por eso

no hostigamos al

Gobierno ni intentamos provocar una crisis. En España lo mas acertado sería que

el Gobierno cubriera su

periodo; pero si el Gobierno es incapaz el PSOE asume la responsabilidad del

Poder.

- Dada la situación, ¿crees que la derecha aceptaría ahora un Gobierno

socialista? Y en caso de

gobernar, ¿lo harías, como se ha dicho con sectores no comprometidos de la etapa

anterior, pero que

se encuentran encuadrados en el Centro?

- Creo que el hecho de que los socialistas llegaran al Gobierno produciría, sin

duda, un cierto malestar y

una reacción en la derecha, porque el hecho de que esté Adolfo Suárez en el

Gobierno, la capacidad de

aceptabilidad por los sectores más conservadores del país de Adolfo Suárez, es

infinitamente mayor que

la aceptabilidad nuestra. Eso, por una parte.

Por otra parte, decir con quién se podría gobernar con carácter previo con una

raya que actualmente es

demasiado borrosa es peligroso, porque es peligroso definir demasiado

brutalmente. Porque dices «los

que no han colaborado con la situación anterior»; podría ser la línea divisoria,

pero en esa no

colaboración, ¿a quien se incluye? ¿A los que no han colaborado en los últimos

cinco años o a los que no

han colaborado desde el cuarenta, por decir un ejemplo.

Porque hay algunos que han recuperado todo el prestigio (por decirlo de alguna

manera) de demócratas,

cuando han colaborado con el régimen en cualquier etapa y después se han

separado o distanciado. Yo

creo que ahí lo fundamental sería determinar una actitud programática. Es decir,

el PSOE va al gobierno

con su programa, respeta los acuerdos y compromisos adquiridos en materia

económica, interpreta los

acuerdos como Gobierno y aplica una política económica determinada y un programa

político, y trata

de entenderse con las fuerzas políticas que componen el espectro parlamentario,

lo cual conlleva a un

efecto.

Yo no puedo trazar líneas divisorias, ni vamos a pretender, como dicen algunos,

romper la UCD. Cuando

dicen que algunos sectores de UCD tendrían que estar dentro de ese Gobierno para

completar la mayoría,

tampoco lo voy a pretender. Pero lo cierto es que la UCD es un mosaico de

partidos, y en ese mosaico ha

habido que repartir parcelas de Poder. Si el PSOE cubre el núcleo central del

Poder, evidentemente está

desplazando a un sector de UCD más conservador, el más distante del PSOE.

Pero me cuesta mucho establecer la línea divisoria, porque probablemente sería

ideológicamente

imposible gobernar con Garrigues, según sus manifestaciones, que con otros que

no aparecen como

antípodas del franquismo, pero con una cierta credibilidad democrática.

- Hay dos grandes fuerzas en el país con las que el PSOE no ha mantenido

contacto. Digamos que os

estáis conociendo de cerca ahora. Me refiero al Ejército y a la Iglesia ¿Es

anticlerical el PSOE? ¿Piensas

que el Ejército admitiría un Gobierno socialista?

CATOLICOS EN EL PSOE

- Bueno, eso son dos preguntas. Hay dos cosas fundaméntales desde el punto de

vista histórico. En el

campo de relaciones con la iglesia se ha salido de la dialéctica clericalismo-

anticlericalismo, aunque

siempre queden sectores residuales, y no me meto en qué es antes, si el

huevo o la gallina. Me da

igual. Lo cierto es que había un anticlericalismo y un clericalismo que dividía

a la sociedad española, y la

dividía colocando a los socialistas, en el anticlericalismo. Eso se ha

superado históricamente. Entre

otras razones podría ser porque la Iglesia Católica, internamente, como

bloque clerical, la base de la

Iglesia y parte de su estructura jerárquica no «militan» clericalmente.

Ha despumado posiciones y ha

ampliado el abanico hasta el punto que hay muchos militantes católicos en

el PSOE y otros partidos

de izquierda. Hecho insólito hace cincuenta años, aunque hubiera un militante

en el PSOE como

Fernando de los Ríos.

Actualmente se pueden cometer errores, y creo que se cometen, no por parte del

PSOE aunque haya

sectores socialistas que los cometan también, sino en parte por quienes quieren

utilizar aun a la Iglesia

como un componente ideológico mas de su lucha política. Y eso me parece grave.

Me parece grave desde

el punto de vista de la Iglesia porque eso es antagonizar a la sociedad, y en

ese sentido es un error en el

que se está cayendo ahora. Sin embargo, pretendemos que la relación sea de buena

comunicación, de

respeto mutuo, y eso significa mucho, porque es respetar a los que dentro de

nuestro partido son católicos,

y para ellos debe significar lo mismo.

ANTIMILITARISMO RIDICULO

En cuanto al Ejercito, creo que también se ha superado un antagonismo o

dialéctica de contrarios, que era

el militarismo o antimilitarismo. Había un cierto antimilitarismo en la

Izquierda completamente ridículo,

sin fundamento real si se ve en una perspectiva histórica. En el siglo XIX el

Ejército español era liberal.

Quizá el ala más avanzada de la sociedad estuviera en medios del Ejército, y

hace poco tiempo me

recordaban que había unos setenta diputados en el año veinte que eran militares

y suponían el sector más

liberal de la representación parlamentaria.

Yo creo que después, porque ha ocurrido lo que ha ocurrido, ha habido una

separación, un antagonismo

que se va a superar y va a permitir sobre todo que nos conozcamos mutuamente. Lo

peor ha sido la

barrera de incomunicación. Esto ha sido lo más delicado y peligroso. Al fin y al

cabo,

digan lo que digan los que hacen valoraciones contrarias, el Ejército forma

parte intrínsecamente del

pueblo y el treinta por ciento del pueblo hoy está con nosotros.

En cuanto que si el Ejército admitiría hoy un Gobierno PSOE, te digo que la

palabra admitir nos hace caer

otra vez en la tentación del militarismo-antimilitarismo. No se trata de admitir

o no. El Ejército admitiría

hoy lo que el pueblo decidiera voluntaria y democráticamente y además no le

queda otro remedio que

admitirlo.

Si hay alguien que dice que el Ejército es conservador, le digo que es

difícilmente asimilable, porque

tiene muy pocas cosas que conservar. Si tuviera que conservar un armamento

magníficamente dotado o

sueldos maravillosos o una posición de extraordinario privilegio en el contexto

de la sociedad, se puede

admitir que fuera conservador, que subjetivamente haya gente conservadora en el

Ejército, pues lo creo.

Pero el Ejército como tal necesita renovarse integralmente desde el punto de

vista de armamento,

condiciones de trabajo, condiciones profesionales, etc. Por consiguiente, el

Ejército tiene que estar con el

cambio sustancial que exige la sociedad.

— ¿Qué opinas del primer borrador constitucional?

- El primer borrador sólo constituye eso, un primer avance y, por consiguiente,

un borrador con muchas

imperfecciones y con muchas posibilidades de concretarlo, de cambiarlo, tal vez

de alterar algunas cosas

que para nosotros son sustanciales. Para nosotros son sustanciales las que

afectan a la democratización de

la economía, a la educación, sectores de actividad pública. Más sustanciales que

cualquier otro, aunque la

gente piense que van a ser más sustanciales. Es más sustancial las economías que

lo que puede ser la

forma de Gobierno para el partido, desde el punto de vista de análisis de lo que

es la situación. Por

consiguiente, yo creo que va a haber bastantes mejoras en el texto

constitucional.

Desde el principio cuando llegamos al parlamento (en el discurso parlamentario

está), nosotros dijimos

que no queríamos una Constitución de partido, recordando a Besteiro como

presidente del Congreso en el

año treinta y uno. El decía lo mismo. La Constitución, de alguna forma, es una

síntesis y de alguna forma

refleja también la pluralidad y las discrepancias. Todo eso lo refleja la

Constitución.

En definitiva, es una cancha, un terreno de juego donde deben sentirse

igualmente cómodos y a veces

incómodos todos los representantes de los distintos sectores de la sociedad. Se

deben sentir quizá más

cómodos los que tienen más representatividad en la sociedad. Lo que habría que

evitar es que, por una

coyuntura de mayoría y minoría, hubiese una mayoría que tuviese la tentación de

imponer a otros su

cancha de juego. Esto le da mucha fragilidad a la Constitución. Le da la

fragilidad de que cuando esa

minoría se convierta en mayoría trate de orear su propia cancha de juego y de

cambiar la Constitución,

con lo cual hay un baile constitucional permanente que yo creo que es necesario

evitar.

La Constitución tampoco puede ser eterna. Naturalmente, se tiene que adaptar a

los tiempos, pero una

Constitución como esqueleto, como eje central de la vida política, económica y

social de un país debe ser

una Constitución sólida, y para eso creo que hay que hacer un gran esfuerzo de

síntesis, de armonizar

contrarios.

— ¿Crees que la Monarquía está a nivel de calle en tela de juicio?

- Yo creo que no, y siempre lo he dicho. No porque en este país haya mucha gente

monárquica, que creo

que no. Lo que sucede es que la inmensa mayoría del pueblo no se plantea la

alternativa de Estado como

un problema sustancial. No se plantea el problema de Monarquía o república como

se lo planteaban en el

año treinta, ligando estrechamente república con libertad y Monarquía con

autocracia. Eso es lo que hoy

no existe en la conciencia popular.

Julia NAVARRO

 

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