Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Seis meses     
 
 Informaciones.    20/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS DEL CAMBIO

Seis meses

Por Jaime CAMPMANY

Don Alfonso Guerra —hay apellidos pintiparados— ha hablado en Málaga. No estaba

allí don Felipe

González. Málaga ha vivido días agitados. Los ánimos no estaban deseosos o

necesitados de excitación,

sino de serenidad y lenitivos. Málaga es una provincia española especialmente

castigada por el paro. Las

gentes, junto a la Costa del Sol, lujo de Europa, dejan caer los brazos ociosos

y miran el recreo de los que

se pueden permitir el recreo. Málaga ha sido sacudida por la convulsión y nos ha

enviado una de las

penúltimas noticias con luto y con violencia. Málaga, en esta hora, necesita de

consuelo, de remedios y de

esperanzas.

Don Alfonso Guerra ha preferido hablar de culpas, manejar acusaciones, lanzar

invectivas, descargar

juicios despectivos, pedir cabezas, repartir sopapos dialécticos a diestro y

siniestro. Ya vuelve el orador

donde solía. Unos cuantos discursos más con esa melodía y el señor Guerra pasará

a la historia de la

retórica como cualquiera de aquellos oradores sagrados que atemorizaban a los

fieles con el relato de las

penas del infierno descritas en tono tronante y apocalíptico.

Don Alfonso Guerra, en Málaga, ha hecho más estragos con su verbo inflamado y

vehemente que podría

hacer cualquier tormenta política. No ha matado a nadie, pero ha matado el deseo

de serenidad, la

ansiedad de la esperanza. El señor Guerra padece la terrible enfermedad de la

facundia insultante. No ha

dejado títere con cabeza. Desde el Gobierno al Partido Comunista, todos en este

país están haciendo el

oso. Todos, menos él. Todos, menos su partido. (Todavía no ha llegado la hora en

que el señor Guerra le

declare la guerra a los demócratas y moderados de su propio partido. Pero esa

hora llegará

inexorablemente.)

Don Alfonso Guerra ha abierto ante los socialistas malagueños una esperanza: la

de que el P.S.O.E.

gobernará en el plazo de seis meses. Y mientras esto decía, una bandera

republicana era paseada en

triunfo ante la presidencia. Naturalmente, don Felipe González no estaba allí.

(Me parece que ya lo he

dicho.) Hace pocos días recogía yo aquí unas palabras de don Fernando Suárez:

las que afirmaban la

conveniencia de un Gobierno socialista. Era una afirmación razonada. Pero

razonada bajo unos

presupuestos que el señor Guerra, muy especialmente, se encarga repetidamente de

mantener lejanos.

Como estamos en Celtiberia, el señor Guerra aportará votos al P.S.O.E. Pero

espantará al P.S.O.E. los

votos de muchos socialistas. Al menos, de muchos socialistas que creen en la

democracia. Mal asunto

para el socialismo y para España.

 

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