Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La noche de Felipe González     
 
 Informaciones.    07/01/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA NOCHE DE FELIPE GONZÁLEZ

Por Abel HERNÁNDEZ

ALGO verdaderamente serio está ocurriendo en este país. Mientras los empresarios

montan mítines al

aire libre, el dirigente del Partido Socialista, don Felipe González, pronuncia

una conferencia en el

elegante Club Siglo XXI, con el salón poblado de señoras enjoyadas. ¿No es

apasionante? En el acto

empresarial los socialistas observaban de cerca, y en el acto socialista de

anoche los empresarios

ocupaban las primeras filas. Los socialistas se esfuerzan en no asustar

demasiado a los empresarios por si

un día toman el relevo, y los empresarios escudriñan cada gesto y anotan cada

palabra de los socialistas

para ver hasta dónde puede llegar su confianza en el futuro. Los socialistas no

se fían de los empresarios y

los empresarios no se fían de los socialistas, a pesar de todos los esfuerzos de

aproximación. Los señores

Rodríguez Sahagún y Olarra fueron las "estrellas" invitadas a la cena

socialista.

Don Felipe González fue anoche la gran "estrella". Mas que una conferencia

magistral fue un discurso sin

papel, con querencias mitineras. Entre el público había división de opiniones.

El presidente del Club,

señor Guerrero Burgos, dejó frustrado a don Joaquín Ruíz-Giménez, el hombre de

la conciliación, que

quería presentar al conferenciante. El señor Guerrero, el hombre que ha abierto

el Club a todos los

vientos, reservó para él este honor. Luego en la cena tendría ocasión el señor

Ruíz-Giménez de cantar las

loas y destacar la prudencia del joven dirigente socialista.

El señor González estuvo moderado. Al final de la sobremesa confesó que le daba

lo mismo que le

llamaran socialista que socialdemócrata. Más bien parecía un socialdemócrata.

Asomándose a la España

del futuro, no salió a relucir en ningún momento la palabra "marxismo". Tampoco

se había aludido,

orillado el tema cuidadosamente, a la forma de Estado, hasta que don Juan Luís

Cebrián lo suscitó pasada

la medianoche. Don Felipe González se mostró claramente abierto a la solución

monárquica. Afirmó que

el socialismo español no es sustancialmente republicano y que Monarquía y

Socialismo pueden ser

compatibles. Reconoció que el voto particular del P.S.O.E. está condenado a

perder en las Cortes y que

"por eso no vamos a cuestionar el referéndum".

Antonio Machado fue el poeta omnipresente. Le citaron el conferenciante, el

señor Ruíz-Giménez y don

Alfonso Guerra. Este último armó una vez mas la marimorena entre el público con

sus embestidas a

diestro y siniestro. Recurrió a Machado para decir que "de cada diez personas,

nueve embisten y una

piensa". El señor Jáudenes preguntó: "Si Felipe es el que piensa, me gustaría

saber quiénes son los otros

nueve que embisten en el P.S.O.E." La sobremesa fue divertida. Él mismo señor

Jáudenes aseguró que en

algunos pasajes don Felipe González le recordaba a otro andaluz ilustre: a don

José Solís. Sobre todo

cuando el dirigente socialista (o socialdemócrata) trato de esbozar el modelo de

sociedad que propone su

partido y que discrepa del capitalismo occidental y del socialismo del Este. Una

vía media, una hermosa

utopía. En cualquier caso, confesó reiteradamente que los socialistas españoles

admiten la economía de

mercado con correctivos. Y que había economía de mercado "para rato".

El juego de las posibles alianzas futuras quedó en el aire. El señor González

fue una vez más prudente y

cauto. Se le notaba a la legua que el éxito del sindicato comunista Comisiones

Obreras, en las elecciones

le dolía profundamente. Sin controlar el poder obrero sin el apoyo empresarial

posiblemente sin mayoría

en los Gobiernos locales, sobretodo si se adelantan las elecciones generales— y

sin mayoría absoluta en

las Cortes, ¿con quién pactaría el P.S.O.E. para sacar su programa político

adelante, que lógicamente

sería más avanzado que el de U.C.D.? Si se confirma el bipartidismo — U.C.D.

P.S.O.E.— que él

defendió en su disertación, escoltado por dos pequeñas formaciones

parlamentarias (Alianza Popular, a la

derecha, y el Partido Comunista, a la izquierda), además de los partidos

regionales, ¿con quién gobernaría

el Partido Socialista Obrero Español? ¿Podría gobernar? La respuesta fue:

"Preferimos gobernar solos

como socialistas, pero no nos negaríamos a gobernar con otros si ello fuera

necesario" ¿Con el P.C.E.?

Misterio. En una hora larga de conferencia-discurso-mitin y en más de dos horas

de coloquio de

sobremesa, don Felipe González y el propio don Alfonso Guerra — "no tenemos

prisa ni miedo", dijo

éste último, se esmeraron en no lanzar la menor crítica al Partido Comunista de

España, a pesar de ser su

adversario natural a la izquierda. ¿No es sorprendente? La verdad es que en este

país casi todo es

sorprendente y apasionante. Sobretodo la política.

INFORMACIONES

7 de febrero de 1978

 

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