Autor: Urbano, Pilar. 
 Diario de las Elecciones. 
 López Bravo rompe su silencio     
 
 ABC.    07/05/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 28. 

SÁBADO 7 DE MATO DE 1977.

Diario de las ELECCIONES

LÓPEZ BRAVO ROMPE SU SILENCIO

«Edward Heath me dijo que "A. P." era muy similar al Partido Conservador inglés»

«En España, el centro lo descubrió Manolo Fraga»

Se le consideraba, en el torbellino de los rumores, como inexorable «senador designado». Sin embargo, a

última hora decidió lanzarse, a cuerpo limpio, a sanar o perder su batalla como cualquier ciudadano de

asfalto. Arrostrando un riesgo que parece no afectarle («yo tengo la conciencia tranquila. Sólo me

preocupa la de los que calumnian...», me decía hace un par de meses): el riesgo de muchas manos

dispuestas a tirar de todas «las mantas» habidas y por haber. Pero López Bravo «está en la lucha». Se ha

enrolado con «Alianza Popular», número tres de los candidatos al Congreso, por Madrid.

Sorprendente, que el árbitro parlamentario en los debates de la ley para la Reforma abroche en el ojal, de

su solapa el botón rojigualdo de «A. P.». Así se lo dije: «¿Usted, con las derechas continuistas?» Y él me

respondió: «¡En absoluto! ¡Ni derechas, ni continuistas!» Le invité a demostrarlo, y antes de veinticuatro

horas obtenía «vía motorista» sus ocho respuestas a mis diez preguntas. Dos, de las que luego hablaré,

quedaron en el sobre.

PRUDENCIA POLÍTICA

__¿Por qué esperó tanto tiempo en decidir su candidatura al Congreso?

—Me parece que es obvio, y ya lo he aclarado en muy numerosas ocasiones. Por razones de ética, como

presidente de la Comisión de Leyes Fundamentales y Presidencia del Gobierno de las Cortes Españolas,

consideré inoportuna mi vinculación a ningún grupo político durante el tránsito de las cinco leyes de la

Reforma Política a través de la Comisión y de las Cortes que las aprobaron. Me parecía lógico que, dado

lo delicado de mi función, lo mas apropiado era conservar a ultranza mi independencia.

Después, una cierta dosis de prudencia política me ha hecho demorar hasta el plazo de lo razonable una

decisión, que algunas personas habían presentido hace tiempo, pero que puedo asegurar es reciente.

UN LIBERAL REPRIMIDO

—¿Y por qué optó por «Alianza Popular»?

__Creo no equivocarme, —y deseo no equivocar a nadie— cuando defino mi trayectoria política

como la de un moderado. He sido siempre un hombre independiente que ha huido de los extremos y de

los extremismos. Frecuentemente se recuerdan unas palabras mías cuando era ministro de Asuntos

Exteriores en las que me autodefinía, ya en aquel entonces, como un «liberal reprimido».

Como saben todos los que me han tratado, mi postura política es más moderada y de centro que cualquier

otra cosa. Y no hay que olvidar que en España, mientras no se demuestre lo contrario, al centro lo

descubrió —políticamente— Manolo Fraga. Sin embargo, presiento que, por sus especialísimas y difusas

características sociológicas, al mal llamado centro no se le puede vertebrar tan sólo porque no se

proponga hacerlo.

Por sí no hubiera mejores pruebas, ahí está la experiencia de estos últimos meses. Puede que sea,

precisamente, la tendencia moderada —más de centro que de ningún extremo— del programa de

«Alianza Popular», que he estudiado muy detenidamente, lo que me haya decidido a «apuntarme». A

muchos que sitúan a «Alianza Popular» en un extremo del espectro político les recomendaría que se

tomasen, antes de emitir juicios tan precipitados como gratuitos, la molestia de leer su manifiesto.

POSFRANQUISTAS, CASI TODOS

—¿Es «Alianza Popular» una coalición de derechos posfranquistas?

—Yo creo que —salvo rarísimas excepciones procedentes del exilio, muchas veces voluntario, y

exceptuando también a una exigua militancia política de la oposición— casi todos los españoles somos

«posfranquistas». Lo de las derechas y las izquierdas, sin más, siempre me ha parecido una simplificación

excesiva.

En todo el mundo occidental los partidos políticos, aun ocupando una posición dentro de un hipotético

espectro político, son formaciones amplias y generosas, con «alas» cuya posición específica, según los

temas de que se trate, pueden situar sus líneas de avance más allá de las de otras formaciones de nombre

más progresista.

Asimismo otras formaciones políticas de líneas ideológicas muy avanzadas pueden ser tácticamente muy

reaccionarias. Existe —en todas las democracias— un «overlapping» entre las distintas familias políticas

que no veo ninguna razón por la que no haya de producirse igualmente en España.

Hace unos días, cenando con Edward Heath y hablando, precisamente, de «Alianza Popular» y de su

ideario, me dijo que era muy parecido en sus planteamientos a los del partido conservador inglés, que él

ha presidido durante tantos años. En muchas de sus soluciones los liberales ingleses, llamados a colaborar

con el laborismo, están mucho más a la derecha que los conservadores que son moderados y de centro en

casi todos sus postulados.

HOMBRES DE LOS GOBIERNOS DE FRANCO

—Sin embargo, media España opina que el reformismo de «Alianza Popular» es, en definitiva, un

continuismo evolucionado. ¿Cómo desarbolaría usted ese criterio?

—Creo que, pese a quien pese, los hombres que endosan el programa de «Alianza Popular» son los que

más realizaciones concretas y experiencia política —invaluable en tiempos de crisis, como los que

atravesamos— pueden aportar al país. Creo que sería un despilfarro más el no aprovechar el caudal de

iniciativas contrastadas y de probada eficacia en tantos y tantos campos.

Estimo, no obstante, que la respuesta detallada a su pregunta habría que recabarla de cada uno de los

líderes de «Alianza Popular», ya que la respuesta ha de ser individual. Yo, personalmente, creo que vengo

dando pruebas inequívocas —desde hace muchos años y no solamente en estos últimos meses— de mi

vocación reformista.

—¿Es una casualidad o una coincidencia de idearios lo que hace concurrir en esa coalición a tantos y tan

significados «hombres de los Gobiernos de Franco»?

—Entiendo que personas que han trabajado durante tantos años entregadas sinceramente a la tarea de

hacer de España el país que hoy, sin duda, es pueden perfectamente coincidir en la apreciación de cuáles

son los problemas que aquejan a la sociedad española y a la economía del país y también, lógicamente, en

cuáles serían los mejores medios para resolverlos.

PENSAR «EN CATÓLICO», SIN CONFESIONALISMOS

—¿Obedece «Alianza Popular» en sus programas, en lo familiar y en lo social, a las enseñanzas del

magisterio de la Iglesia, a diferencia de casi todo el resto de los partidos, que en puntos concretos, como

divorcio, aborto, adulterio, etc. se manifiestan partidarios de la libertad de conciencia?

—No creo que sea una presunción el afirmar que «Alianza Popular» trata de que los principios que

informan su programa en dichos campos no contradigan en manera alguna la condición de católicos de

sus dirigentes.

Por lo demás, en ningún momento he pensado que «Alianza Popular» sea un partido confesional.

Personalmente, entiendo que ni el propio Estado debe ser confesional. Y, por supuesto, creo que hay que

dejar bien claro que soy partidario de respetar al máximo la libertad de las conciencias.

—¿Se puede decir que sólo queda este camino que ustedes representan como vía posible en política para

el católico español?

—Entiendo, y también deseo fervientemente, que no. Ahora bien, esto no quiere decir que no me parezca

deseable, exigible y hasta imprescindible, una clarificación doctrinal, previa a las elecciones, de los

distintos grupos políticos, sobre todo en torno a aquellos temas fundamentales que inexcusablemente van

a surgir en las Cortes a la hora, ya cercana, de abordar la reforma de la Constitución.

MAQUILLAJES DEMOCRÁTICOS

—La victoria en las urnas de los aliancistas ¿no enervaría los ánimos de las izquierdas, y de ciertos

centros, amenazando la convivencia ciudadana en paz y progreso?

—No puedo por menos de afirmar rotundamente que no. Salvo, naturalmente, que se refiera usted a la

posibilidad de que algún partido marxista se sintiese tan frustrado por el resultado de las elecciones que,

abjurando de sus actuales protestas de fe democrática, considerase válido el pretexto para tratar de

desencadenar la lucha de clases, prescindiendo de los afeites y maquillajes tan en boga en la temporada

preelectoral.

DOS PREGUNTAS EN EL AIRE

En el sobre, que llevó y trajo un motorista, debieron quedar olvidadas las respuestas a otras dos preguntas

mías. Una de ellas venía a decir, palabra más o menos: «La reforma que ustedes preconizan ¿se

corresponde con el cambio real que el pueblo demanda? ¿No se quedan cortos?» Y la segunda: «¿Cuáles

son sus presupuestos y planteamientos de campaña electoral?» Porque, sinceramente, no me imagino a

López Bravo desgranando oratoria de partido en la plaza de Vista Alegre o dando el do de pecho

dialéctico en el estadio del Rayo Vallecano, ni saludando con los brazos en alto, a lo «sursum corda», o

con la V del triunfalismo... Sobre este tema, el ex ministro me insinuó algo así como que él tiene otra

teoría... que ya me daría a conocer más adelante. ¡Vale, vale...!

Pilar URBANO.

 

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