Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   ¿España, tercermundista?     
 
 Informaciones.    03/08/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

¿España, «tercermundista» ? Por Abel HERNANDEZ

UNA cosa está clara: no hay prisa para el ingreso de España en la O.T.A.N,

incluso hay indicios

suficientes para pensar que el tema está oficialmente congelado por razones

tácticas. El Gobierno Suárez

no ha cambiado un ápice su política al respecto; pero no quiere interferencias

perturbadoras mientras la

Constitución esté en el telar de las Cortes. La armonía, lograda, tras tanto

esfuerzo, en la cuestión

constitucional con los socialistas se está cuidando con esmero.

A esto puede obedecer que el senador Byrd, enviado del Presidente Cárter para

sondear la posición

española, saliera de la Moncloa, tras una larga entrevista con el presidente

Suárez, asegurando que no se

había hablado de la O.T.A.N. Fuentes americanas han calificado el hecho de

«cómico». Es hábito

diplomático silenciar lo que se quiere que no trascienda. Con motivo de la

reciente visita de Giscard,

algunos comentaristas han llegado a aventurar la hipótesis de una especie de

«O.T,A.N. bis» para los

países mediterráneos, Incluidos los de la orilla africana. Menos mal que fuentes

autorizadas han calificado

esta cabala de «estupidez». Por cierto, con Giscard no ha habido concertación

completa en política

exterior. Se le ha hecho saber al Presidente francés que los intereses de

Francia y de España en África

son distintos, y que España tiene vínculos muy especiales con un sector del

«tercer mundo» tan

importante como Iberoamérica, es decir, se te ha hecho ver nuestra peculiaridad.

Fuentes dignas de todo crédito resaltan, en todo caso, que no hay ningún tipo de

repliegue oficial en la

definición atlantista de la política exterior española. Incluso se confía (a

pesar de la propuesta —con

pocas probabilidades de éxito— de Felipe González de escorar hacia posiciones

tercermundistas a la

propia Internacional Socialista) en que los socialistas vayan adoptando una

posición mas flexible sobre

este punto central de nuestra política exterior cuando se plantee abiertamente

el tema en el Parlamento.

Los acuerdos defensivos bilaterales con países integrados en la Alianza

Atlántica, que ya admiten los

socialistas, tienen todos los inconvenientes y ninguna de las ventajas políticas

de la plena alineación. Y

además es una operación mucho más costosa. Es cierto que la falta de vigor de la

Administración Carter

puede contribuir a que España se quede en tierra de nadie, cercana al «tercer

mundo», lo que acarrearía

dramáticas consecuencias para este viejo pueblo del sur de Europa. El tope para

esta definición decisiva

de nuestra política exterior es 1981, cuando fenecen los pactos de amistad y

cooperación

hispanonorteamericanos. Hasta entonces hay tiempo, aunque no faltan los que

opinan que lo que puedas

hacer hoy, no lo dejes para mañana.

En contra de algunas precipitadas opiniones, la concordancia entre el ministro

de Asuntos Exteriores, don

Marcelino Oreja, y el presidente Suárez es total. El nivel de iniciativa del

jefe de la diplomacia española

no ha descendido en absoluto. Está prácticamente en contacto permanente con la

Moncloa, y, al menos

una vez a la semana, tiene un largo despacho a, solas con el primer ministro. Es

más: el papel de Oreja ha

subido considerablemente, a pesar de las críticas que propalan contra él algunos

compañeros de

Gabinete. En resumidas cuentas, no hay repliegue oficial en el tema de la

O.T.A.N., aunque si táctica de

silencio y de esperar y ver.

3-VII-78

 

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