El país posible     
 
 Arriba.    16/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

EL PAÍS POSIBLE

En mi opinión, lo que hay que hacer, y lo que es menester evitar, es bien sencillo, y, en

definitiva, lo sabemos todos. Hay que evitar, en primer tugar, las actitudes de ruptura. Es inútil

ponerte calificativos; la ruptura será siempre el plantear como cuestión previa la alteración total

dei edificio constitucional y la rescisión plena de ios equilibrios establecidos del sistema social.

Si además dichas actitudes se establecen desde posiciones de revancha, o con planteamientos

dogmáticos, o con exclusiones de los que a su vez aceptan el diálogo, en buena lógica sólo

pueden llevar a una prueba de fuerza. Si, finalmente, se exhiben como bases de negociación

objetivos maximalistas que, en ei mejor de ios casos, podrían ser un ideal objetivo de llegada, y

nunca una realista posición de salida, todo ello lleva a la ruptura de ia baraja antes de que se

deje volcar la mesa.

No vale decir: ahora voy a jugar yo soto con nuevas reglas de juego. Se puede iniciar una

partida con más jugadores; pero sin derribar el casino y sin vetar a los jugadores que ya están.

Hay que evitar, igualmente, las actitudes de excesivo recelo. Si entran miembros nuevos en el

club han de poder venir con su propio traje y no disfrazados; han de entrar por la puerta

principal y no por ia trasera; y se deberá considerar seriamente cualquier propuesta razonable

para mejorar el Reglamento.

El juego ha de ser sin trampa, con las cartas boca arriba, y sin pistola al cinto. Hay que dejar el

tremendismo, el mentarse la familia y las lamentaciones porque la partida no pudiera haber

comenzado antes.

Los equipos de jugadores deben estar bien organizados. Deben tener claros sus jefes, sus

directivas, sus colores, sus señas, sus organizaciones. Es imposible jugar todos contra todos.

El país no puede seguir entre preocupado y aburrido en medio de docenas y docenas de siglas,

y sus cuestiones previas. Tiene derecho a que se le planteen tres o cuatro opciones claras:

derecha, centro derecha, centro izquierda e izquierda, y no más, para que de verdad pueda

optar por una de ellas, claramente distinta de las demás. Algunos, dicho sea de paso, lo

estamos intentando seriamente.

Otra cosa importante es que, precisamente porque estamos en una transición, no podemos

aplazar la mayoría de las cosas hasta que todo este arreglado. Esa sería una forma segura de

hacerlo todo imposible. El Gobierno tiene que gobernar, la Administración tiene que

administrar, los funcionarios tienen que funcionar; tiene que haber político económica, se tienen

que contestar las cartas, hay que recibir visitas. Ya sé que esto requiere siempre un esfuerzo

enorme; pero si no se hace los problemas pequeños y los medianos se suman a los grandes y

se produce el caos.

EI país de la reforma es posible; los países del desastre no son necesarios. Pero hay que

trabajar, darse prisa y actuar con autoridad. Subrayo la palabra autoridad: el país la desea, la

echa de menos. La autoría política exige autoridad; sólo se pueden hacer cosas con autoridad,

bien ganada, bien consolidada y sistemáticamente ejercida con decisión.

A lo largo y a lo ancho dei país, enmedlo de chispazos, se advierte un extendido deseo de paz,

de orden, de continuidad, de desarrollo, de normalidad. Cierto que también se desean cambios

y reformas Pero la mayoría está dispuesta a aceptar arreglos prudentes y compromisos

aceptables, sin arriesgar aventuras. Sería pedir demasiado a ia mayoría de los ciudadanos el

exigirles que se convirtieran todos en militantes de un grupo político; pero sí debería producirse

un mayor interés por ia cosa pública, sobre todo en los meses decisivos que faltan hasta la

próxima elección general; un mínimo de atención a los esfuerzos que van a tener lugar para

presentar opciones entre las que puedan decidir.

En una gran nación moderna el pueblo no puede reunirse en el agora o en el foro para cambiar

impresiones como en las viejas ciudades-Estado. Pero ei ciudadano no puede quejarse de que

las cosas vayan mal sí ha tenido uno oportunidad , pronunciarse sobre los equipos gobernantes

y sus fórmulas y programas y no la ha uiiizado. Tampoco será posible reducirse a las últimas

semanas antes de las elecciones para averiguar dónde están los grupos de personas serias,

razonables, honradas, experimentadas y cuáles son sus programas.

Ni menos podrá juzgarse sobre todo ello con la lectura apresurada de los últimos comentarios

sensacionalistas o parciales de este o aquel columnista, cuyo principal problema es mantener

en pie su propia columna, más que ilustrar objetivamente a sus lectores,

Por eso ei país posible es simplemente el país que nosotros hagamos posible, con nuestro

estuerzo, con nuestra seriedad y con nuestra dedicación... Si metemos la cabeza debajo del ala

haremos posible los otros países, los que no nos convienen, pero que tampoco son imposibles.

Los puebios, se ha dicho, tienen los Gobiernos que se merecen; y hay muchas ocasiones en

que esto es verdad.

Sepamos, pues, poner la mano en el arado y abrir el surco. Numerosas veces he comprobado

que muchos conciben la política no como la lucha bien reglada entre equipos (como en ei

fútbol), sino como una corrida de toros en la que el diestro está solo en el ruedo recibiendo de

los tendidos aplausos o insultos, pitos o palmas, pero no ayuda. Ya no puede seguir siendo así,

entre otras cosas por el tamaño de los toros, y porque ahora salen todos a la vez.

Manuel FRAGA IRIBARNE («ABC)

 

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