Autor: Jiménez Losantos, Federico. 
   La infalibilidad del sable     
 
 Diario 16.    05/06/1982.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

5-junio-82/Diario 16

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

Jefe de la sección de Opinión de Diario 16

La infalibilidad del sable

Tras la sentencia por el 23-F, se dibujan con nitidez dos grandes campos

políticos: el de los que prefieren no afrontar directamente las relaciones del

poder militar con el poder civil y la de los que quieren asumir lo que

consideran un reto frontal a la estabilidad democrática. En los próximos meses

se comprobará la validez de estas dos alternativas que aquí se analizan.

Uno de los más grandes españoles de nuestro siglo, Miguel de Unamuno, escribía

en un texto crucial.

«La crisis del patriotismo», palabras de preocupación y denuncia sobre la

tendencia de muchos españoles de importancia, españoles con responsabilidad en

los asuntos de nuestra patria, a aceptar sin mayores problemas «el incipiente

dogma da la infalibilidad del sable»

Lo que Unamuno denunciaba, en puertas del golpe de Primo de Rivera, que lo llevó

al exilio era la pobreza de espíritu de la clase política y de la prensa

"nuestra prensa de mentira" a la hora de defender los principios de "a sociedad

civil, es decir, la organización de la sociedad con arreglo a los principios del

derecho común, sin jurisdicciones especiales ni privilegios particulares de la

Iglesia o el Ejército, baluartes tradicionales en nuestro siglo de la

resistencia a la renovación de la sociedad española.

Uniformes

Cualquier militar que hoy quiera, como supongo que quieren todos, profundizar en

eI sentido de los español, en los valores específicos de nuestra historia y

nuestra cultura, y en la razón de ser de España en el mundo, tendrá que acudir a

las páginas candentes de Unamuno y podrá prescindir tranquilamente de leer los

sicalípticos comunicados del dictador que lo desterró La Espara perdurable de

los años veinte no es la de Primo de Rivera, con pantanos o sin pantanos, sino

la de Miguel de Unamuno, nacionalista español,

«español profesional» que, precisamente por serlo, no admitió nunca que alguien

pudiera profesar de español con escalafón, bandera y banda de música

El gran problema que en estos momentos se plantea en la conciencia política de

los españoles es, de nuevo, el de creer o aceptar el dogma de la «infalibilidad

del sable»

Dicho de otro modo el atreverse a tratar con los españoles de uniforme de igual

a igual, con el mismo respeto y la misma exigencia que piden para sí mismos a la

hora de valorar sus servicios a España

La respuesta a este dilema esencial, tras las sentencias dictadas por un

tribunal militar a los encausados por el golpe de Estado del 23-F, está siendo

perfectamente coherente con las actitudes de las diversas fuerzas políticas en

los años de la transición democrática.

En la tempore, se plantearon dos alternativas la reforma democrática desde el

franquismo y la ruptura o intento de constituir pacíficamente un nuevo orden

político Aquellos bloques, prácticamente desdibujados después de cinco años,

vuelven a perfilarse hoy e la hora de plantear el inmediato futuro de la nación

tras el golpe de Estado del 23-F.

Franquismo

El franquismo legaba una hipoteca histórica la guerra civil, que es la que puede

considerarse sociológicamente superada después de los cinco años de

incorporación a la convivencia democrática.

Pero, además, legaba una hipoteca de Estado la tutela militar sobre el poder

civil, que si bien era fruto natural de la guerra, había adquirido formas

estrictamente corporativas después de cuarenta años de descanso guerrero y

conversión burocrática

Para constituir un nuevo Estado había que pagar estas dos hipotecas La primera

se resolvió, mejor que peor, con aquello de la «ruptura pactada», que era una

manera de aceptar la reforma o reconversión del aparato de Estado Con chapuzas y

contrasentidos, aquellos plazos acabaron por pagarse y no hay quien pueda

volverse atrás.

Pero la segunda hipoteca, la del «rumor de sables» que se evoca en cada

coyuntura conflictiva, como si aquellos versos becqueria-nos «rumor de besos y

batir de alas» se tratase, no solamente no se ha pagado, sino que empieza a

resultar una pesadilla para el hipotecado, que es el régimen constitucional.

Los dos bloques políticos que ahora se dibujan en España, el fraguista y el de

centro-izquierda, se diferencian en su modo de afrontar esta deuda de intereses

exorbitantes. Tras las sentencias del 23-F-, se han manifestado dos posturas la

de quienes como el secretario de Alianza Popular, Georges Verstrynge, se inhiben

ante cualquier decisión militar, disimulando bajo forma de no se sabe qué

respeto ancestral su verdadera opinión sobre la actuación de los jueces de un

delito de Estado no simplemente militar, y Ja de los que. con cierto halo de

desesperación, se manifiestan absolutamente opuestos a las formas de actuación

de los Tribunales militares, por echar a pique cualquier pretensión de fundar

un estado de

Derecho creíble.

En los próximos meses la vida política española va a tener que definirse en

torno a este eje fundamental cómo plantear la relación del poder militar con el

poder civil. La postura derechista es que la transición está hecha y la hipoteca

de la guerra civil amortizada, y que para garantizar la estabilización hay que

«dejar tranquilos a los militares» Conviene precisar que ésta ha sido la postura

del ministro de Defensa de Calvo-Sotelo hasta la fecha, asi como la del director

de RTVE para abordar el luicio del 23-F.

Estabilización

En segundo lugar, están quienes se dan cuenta ahora empezando por esa calamidad

institucional que es el PSOE, que la situación jurídica y política del Ejército

está en contradicción con el ordenamiento político que se pretende Para ellos, y

en esto siguen un sentir generalizado, las sentencias del 23-F han sido un mitin

militarista, una revancha inaceptable sobre el poder civil. Cabe esperar ahora

una reacción razonable, no una rabieta

El caso de los otros es más grave pueden confundir el respeto con la adulación,

la inhibición con el silencio y el respeto al Ejército con el miedo al golpe

Y como el miedo es libre, ya empiezan a considerar «de-sestabilizadoras» las

críticas legales y razonables a las sentencias dictadas

Lo malo es que se intente gobernar España de aquí a seis meses partiendo del

axioma de someterse a

«los que no dejan gobernar» Si la UCD ha hecho poco por estabilizar la

democracia, esta mayoría natural de creyentes en el dogma de la «infalibilidad

del sable» pueden hacerlo todo para desestabiíizarla sin remisión

 

< Volver