Adolfo Suárez en El País. 
 Yo disiento     
 
 Diario 16.    05/06/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Diario 16/5-junio-82

NACIONAL

Por su interés, reproducimos los artículos de opinión que ayer publicaron Pilar

Urbano en «ABC» y Adolfo Suárez en «El País», Diario 16 suscribe íntegramente

las tesis mantenidas en ambos textos y que concuerdan perfectamente con el

editorial que publicó este periódico tras conocerse la sentencia por la rebelión

militar del 23 de febrero.

El 23 de febrero de 1981, mientras el Gobierno de la nación y los representantes

del pueblo español se encontraban reunidos para la investidura de un nuevo

presidente del Gobierno, un reducido grupo de jefes y oficíales de la Guardia

Civil asaltaron con las armas en la mano la sede de le representación nacional,

secuestraron, bajo amenaza de muerte, a los miembros del Gobierno y del

Parlamento durante cerca de dieciocho horas e intentaron subvertir el orden

democrático establecido en la Constitución que el pueblo español, con la sanción

del Rey, se ha dado a sí mismo

Son de sobra conocidos los autores de estos delitos Enjuiciados por la

jurisdicción militar, han sido aprovechados, en numerosas ocasiones, como

plataforma de propaganda política, difundiendo falsedades que enturbian a clara

actuación del Rey y exponiendo, con desprecio al tribunal militar que les ha

encausado, ideas contrarias a la democracia y a la Constitución.

Ante las sentencias dictadas por el Consejo Supremo de Justicia Militar, dentro

del respeto que tal institución me ha merecido siempre, me veo obligado en

conciencia a manifestar mi opinión política en las siguientes consideraciones.

Entiendo que las sentencias no protegen de manera suficiente los derechos del

pueblo español.

El rigor no consiste en concentrar las responsabilidades, sino en castigar

adecuadamente a todos los culpables.

La ejemplaridad no se produce si quedan sin castigar comportamientos

intolerables

La justicia penal también debe ser disuasoria, y no se disuade a los que puedan

participar en una rebelión militar si se personalizan las penas en lo promotores

y se libra a quienes las secundan y actúan fuera de la ley Nunca puede ser

aceptable que quede un amplio margen de irresponsabilidad para quienes

intervienen en un golpe de Estado y con su actuación provocan amenazas que ponen

en crisis la democracia en España.

Porque la crisis de la democracia implica necesariamente la crisis de todas las

instituciones españolas- la Corona, el Parlamento, el Gobierno, las Fuerzas

Armadas, los partidos políticos, la Administración y los mismos tribunales de

justicia-, que sólo en el orden democrático que el pueblo español, en el

ejercicio legítimo de su soberanía, se ha dado a sí misino encuentra su

verdadero sentido y fundamento

Pienso que una crisis de este tipo abriría paso al miedo como factor

determinante de la política española Alguna vez señalé que sólo había que tener

miedo al miedo mismo

No hay libertad bajo el insecto, no hay derechos ciudadanos bajo el miedo, no se

puede gobernar bajo el miedo.

En un ambiente de temor continuo a un nuevo y posible golpe, se confunden los

ideales comunes con los ínteres de los grupos, se usurpan las representaciones

más legítimas y se hace imposible la libre expresión de la voluntad popular y,

con ello, la paz y la concordia de todos los españoles

Creo que el miedo traería consigo la involución de la vida española Con la

involución viene el separatismo institucional, que implica que los que son sólo

elementes de un todo armónico pretenden constituirse como un todo, con desprecio

a la mayoría, e imponen una especie de presión institucional, cuyas

consecuencias la historia, por desgracia, nos ha mostrado

Desde mi profundo respeto a la institución militar, creo que la terminación del

proceso por los hechos del 23 de febrero tiene que dejar limpia y clara ante la

opinión pública la actitud de las Fuerzas Armadas, a las que todos los

ciudadanos hemos concedido como institución el privilegio extraordinario de usar

armas para guardar y hacer guardar el orden constitucional, y que realmente así

lo han hecho durante toda la transición y en plena democracia, con excepciones

como la del reducido grupo de asaltantes al Congreso.

Por eso es natural que la lectura de la sentencia produzca desasosiego entre

quienes padecimos la violencia golpista y entre todos los demócratas del país y

aun del mundo entero Son muchos los puntos concretos que merecen un comentario

pormenorizado Pero, aun a nesgo de simplicidad, quisiera concentrar mi atención

en uno de estos puntos la absolución de algunos oficiales que ejercieron

violencia física contra los representantes del pueblo y actuaron con sus armas

en contra del poder civil, encarnado en el Gobierno y en el Congreso de los

Diputados.

No parece admisible, por tanto, que, por lo que respecta específicamente a los

tenientes de la Guardia Civil procesados, se haga -jugar,

de algún modo, la eximente de obediencia debida, aduciendo "que su error no

resultaba vencible en sus circunstancias" y que los acontecimientos de la noche

del 23 y madrugada del 24 de febrero presentaron apariencias suficientemente

confusas y expectantes para hacer dudar, incluso a mandos muy superiores, de las

decisiones a tomar, y por ello a dilatar su adopción en espera de que la

situación apareciese como clara y resueltamente decidida»

La situación estaba ya decidida por la Constitución y estaba decidida por el Rey

La actitud del Rey hizo imposible que jugara este engaño y, por otra parte, no

parece lógico que los tenientes de la Guardia Civil, que deben conocer la

Constitución y el Código de justicia Militar, puedan caer en un engaño de este

tipo Resulta evidente que el Rey no puede realizar indicaciones contrarias a la

propia Constitución, que es la norma que establece las competencias de la

Corona.

Es preciso dejar muy claro que en España no existe un poder civil y un poder

militar.

El poder es sólo civil Atentar contra este hecho es subvertir el orden

institucional, hacer prevalecer la fuerza contra la legitimidad, tratar de

usurpar la jerarquía cívica en aras de una presunta disciplina que se podría

ejercer contra los supremos intereses del pueblo

Frente a esto no pueden ´• tener éxito las falsedades y las insidias propagadas

durante el proceso y que la propia sentencia hace bien en rechazar de supuestos

deseos del Rey Como tampoco cabría admitir la peregrina idea de una unión

directa, exclusiva y excluyente, entre las Fuerzas Armadas y el Rey, que no

tiene otro objetivo que colocar al propio Rey y a la misma institución militar

al margen de su instancia legitimadora e pueblo español

 

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