Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Epílogo y controversias     
 
 Diario 16.    05/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Epílogo y controversias

El texto de la sentencia emitida por el Consejo Supremo de Justicia Militar está

siendo ya desmenuzado por los más minuciosos cirujanos. Ahí está el clamor de

reacciones de sorpresa y pasmo de prácticamente toda la clase política española,

y en este epígrafe cabe resaltar el artículo que ayer publicaba en «El País»

Adolfo Suárez.

José Luis GUTIÉRREZ

Este cronista, que en muchas ocasiones se ha mostrado altamente crítico hacia

las actitudes políticas del duque, siempre ha reconocido la especial gallardía y

valentía con que el antiguo jefe de Gobierno se enfrenta a las situaciones

especialmente peliagudas Su texto, «Yo disiento», es de una claridad y firmeza

democrática difícilmente superables, que puede ser sostenido -al margen de otras

posibles intenciones tácticas que su autor pudiera albergar en este momento, de

cara a la situación interna de UCD- y firmado por cualquier demócrata sincero y

genuino «Chapeau» de nuevo.

Mientras tanto, se entra ya, inexorablemente, en la fase «pos sentencia» Así, la

Facultad de Derecho de la Complutense de Madrid, en el departamento que dirige

Ruiz-Giménez y que pastorea Gregorio Peces-Baroa, uno de los abogados del

proceso, el letrado Novalvos, está siendo sometido a sectarias y farisaicas

presiones por parte" de colegas menores, para que sea expulsado de su puesto de

profesor agregado.

En algunos papeles donde aparece su firma, un rotulador anónimo estampa en rojo

la siguiente leyenda «Golpista».

No es justo, obviamente Novalvos ha sido uno de los escasos letrados

escrupulosamente profesionales, que en ningún momento utilizó las ramplonas

estratagemas del conocimiento regio de la intentona y el pestilente "Estado de

necesidad» Seguro que don Joaquín no permitirá el desaguisado.

La sentencia

La alegría de los absueltos no ha sido tal Horas antes de que se conociera

oficialmente la sentencia, alguien había telefoneado a Campamento comunicando

las penas ai capitán Batista, de la Acorazada -posiblemente alguna voz anónima

procedente de Capitanía General— , mucho antes de que llegara el jefe de la

relatoría, teniente coronel Valenciano, a bordo de un innecesario helicóptero

Batista transmitió la sentencia absolutoria a los tenientes y acto seguido se

puso a dar órdenes

Para desentumecerse mayormente

Todas las fuentes jurídicas consultadas, algunas entre las propias defensas,

estiman que el texto de la sentencia es, cuando menos, jurídicamente

incoherente.

Está escrito por una sola pluma, muy probablemente la del teniente coronel

Valenciano, con no demasiada finura jurídica, acaso por la insalvable premura y

precipitación exigidas.

Sorprende, inicialmente, la condena de García Carrés, considerado culpable por

el tribunal.

Si es culpable, señalan los expertos, debería haberle sido impuesta una pena

notablemente superior a los dos años. Y si es inocente, debería haber sido

absuelto.

Asimismo, se reseña como «aberración jurídica» la multa de más de un millón de

pesetas impuesta a Tejero, se supone que por los daños ocasionados por los

disparos en el interior del hemiciclo Tal cantidad lógicamente debería haber

sido satisfecha por todos los considerados culpables.

El teniente general Aram-buru Topete no sale demasiado bien librado en el texto

del alto tribunal Entre su versión sobre el llamado «pacto del capó» y la

aportada por otro testigo, el teniente coronel Gómez de Salazar, autor del

papelito-recordatorio, se ha preferido la de este último, que señala que

Aramburu dio su conformidad a las condiciones escritas, mientras el director

general de la Guardia Civil apunta en su declaración lo contrario.

Es, sin embargo, la cuestión de los tenientes de la Guardia Civil todos

absueltos la que más controversias ha producido Es más la oía de reacciones

contrarias surgidas de las filas de la clase política, posiblemente no se

hubiera producido -al menos, no en esa intensidad— si los tenientes hubieran

recibido otro trato de la sentencia La clase política fue testigo. presencial y

directísimo de las conductas de estos oficiales, en la mayoría de los casos

amenazadoras, humillantes, violentas, zafias, deshonrosas Las sensaciones y

momentos vividos por diputados y ministros son una huella imperecedera e

indeleble que no se cura con un diluvio indiscriminado de absoluciones

El tribunal, no obstante, reconoce la existencia de delito en las acciones de

los tenientes y concede la absolución en virtud de atenuantes y eximentes

obediencia debida, rendición, su hacer uso de las armas (?), etcétera.

Si hubieran admitido la inexistencia de delito, merced al artículo 121 de la

Constitución, los tenientes hubieran sido, además, indemnizados por los meses de

cárcel y los consiguientes quebrantos económicos.

Demasiado a todas luces.

Considerandos

Y el caso es que en los veinticinco «considerandos» que incluye el texto se

explica y desmontan con notoria claridad y eficacia los eximentes expuestos por

las defensas del «estado de necesidad", la «obediencia ciega», etcétera.

Para posteriormente considerar que el nivel de conocimiento de los hechos

previos por parte de los tenientes era muy superficial y confuso el capitán Abad

Gutiérrez les informó a sus oficiales que iban a formar un cordón de protección

en el Palacio del Congreso.

No se entiende, sin embargo, esa decisión salomónica y unificadora de las

conductas de estos oficiales, muy dispares entre sí. Así, Boza Carranco estaba

cubierto legalmente por el artículo 32 de las Reales Ordenanzas, que señala que

si un oficial recibe una orden de un superior cuyo contenido le parece irregular

o sospechoso, queda automáticamente relevado de cualquier responsabilidad si

comunica sus recelos a su inmediato superior Boza Carranco lo hizo repetidamente

a lo largo de aquella noche con su capitán, Abad Gutiérrez.

Por el contrario, existen actitudes más controvertidas Así, la de los tenientes

que aparecen en el «vídeo — que no se permitió que fuera aceptado como prueba,

cosa incomprensible-zarandeando al teniente general Gutiérrez Mellado,

perfectamente identificables en rostros y actitudes O la del teniente Alvarez,

el famoso teniente Alvarez, sobre el que existen entre señorías y ministros

testimonios para todos los gustos, y para quien el fiscal exigía una pena más

alta

-cuatro años- O la del teniente Ramos Rueda, identificado por algunos testigos

como autor de amenazas a sus superiores

Tampoco se entiende demasiado la condena del capitán de la Guardia Civil,

destinado en el CESID, Gómez Iglesias, que obtiene una pena de tres años Nadie

se explica en función de que argumentos ha recibido un trato distinto a los dos

grupos de capitanes de la Benemérita el primero, que permanece en el Cuerpo, al

obtener condenas inferiores a tres años y un día — Acera, Lázaro Corthay, Pérez

de la Lastra, Bobis, Ignacio Román, o el segundo, expulsados del Cuerpo, como

son el capitán Muñecas — tres años y medio y el capitán Abad Gutiérrez — tres

años y un día.

Por otra parte, la sentencia no hace otra cosa que recoger el vértigo de

concepciones y criterios que anidaban en el seno del tribunal, sometido durante

más de tres meses al demencial suplicio de desentrañar la endiablada madeja del

23-F, un «puzzle» infernal del que faltan muchas piezas, y cuya solución última

y completa probablemente no se conozca nunca

En Alcalá de Henares

Por su parte, los condenados de la prisión de Alcalá de Henares recibieron de

muy distinta forma la comunicación de la sentencia Desde el decaimiento del

capitán Abad Gutiérrez a la locuacidad de San Martín, que sigue repitiendo la

lista de los coroneles que se le han adelantado en el ascenso a general, pasando

por el hermetismo de Milans del Bosch y Tejero, o la elegancia silenciosa de

Pardo Zancada Familiares llorando y reparto discriminado de platos de cerámica

con las firmas de todos los encausados -salvo Armada, Cortina y Gómez Iglesias,

con la bandera española y el escudo antiguo, con el águila negra, a algunos no

todos los abogados defensores

 

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