Autor: Carrión, Ignacio. 
   Los ingleses, más interesados en las anécdotas que en el juicio     
 
 ABC.    06/03/1982.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El 23-F en el extranjero

Los ingleses, más interesados en las anécdotas que en el inicio

LONDRES (Ignacio Camón, corresponsal). Más que el juicio del 23-F son las

curiosas anécdotas que lo rodean lo que está atrayendo la atención de los

británicos. La Prensa escrita refiere poco, señalando que es algo denso y

confuso. La radio nada dice. Y la televisión británica aún menos.

Esto no es de extrañar. Por dos razones. La primera porque el pueblo británico

aplica al caso judicial español tos principios aceptados para cualquier caso

judicial: la máxima discreción interpretativa. La segunda razón es de índole

comercial.-Jamás la espectacularidad de, la vista estará a la altura del hecho

que la motivó.

Pero decía que algo atrae la atención _de tos ingleses respecto de ese juicio,

cuya sentencia sí saltará a primer plano de la actualidad. Y ello es la falta

evidente de silencio mientras se juzga por quienes ni juzgan ni son juzgados.

Aquí, como en los restantes países sajones donde la democracia parece bien

fundamentada, suele aplicarse el «silencio, se rueda» como máxima a la vez

práctica i jurídica, pues una cosa y la otra deben ser

0 mismo.

La ley es firme y clara. Cuando recientemente se sentó en el banquillo de los

acúsalos al doctor Arthur, un conocido pediatra que permitió la muerte de un

recién nacido ¡rescribiendo que se le suministraran mininos cuidados porque era

mongólico, la opinión pública estuvo tan conmocionada en «te país como hoy lo

está la española asistiendo al juicio de los implicados en el golpe. Este

también era otro golpe, y muy grave," en si núcleo de una sociedad libre. La

opinión pública —y la clase médica aún más— estaba muy dividida y muy tensa.

Pero se guardaron en todo momento los principios de respeto a juzgadores y

júzgalos. Sólo se registraron dos casos en la Prensa de desacato al Tribunal

{«contempt to court»). El director de un periódico insertó un editorial

prejuzgando durante el juicio público

a acción del doctor Arthur. Y un columnista nuy conocido y respetado escribió

un artículo •n defensa de la vida que cabía-interpretar orno un ataque a la

postura del acusado, jue permitió poner fin a la existencia de aquel niño.

En ambos casos la reacción social y legal fue instantánea. Al director del

periódico y al articulista célebre se les instruyeron sendas causas por

«contempt to court» —por desacato—, ya que expresar opiniones favorables y

desfavorables para el acusado es, por ley, el infringimiento de esa ley durante

la vista te un juicio.

Silencio, se juzga. Esta es la actitud. Y preservándola se garantiza que el

juicio sea mejor, más sereno y sobre todo más justo, No es momento de exclusivas

ni lucimientos personales. Es un momento de aplicación máxima de la ley.

Aquí, en el Reino Unido, prevalece la ley sobre otras consideraciones. Esto es

una lección que debemos aprender quienes aún estamos iniciando el rodaje de la

democracia.. Por ello está llamando la atención ese confusionismo que parece

rodear el juicio, como una nube que no debiera existir. Lo que negamos es máxima

claridad y máxima justi

 

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