Autor: Urbano, Pilar. 
 El Juicio del 23-F. 
 Todos a los autobuses     
 
 ABC.    06/03/1982.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

4/ABC

SÁBADO 6-3-82

NACIONAL

El juicio del 23-f Hilo directo

«¡Todos a los autobuses!»

fue una cabalgada, a galope tendido; quince defensas, quince turnos de solicitud

de lecturas, quince responsabilidades ante el Consejo Supremo de Justicia

Militar, en una sola sesión.

No sin razón, algunos letrados patentizaron su queja porque «ya se ha leído

todo, ya se han consumido lodos los folios sumariales... y al llegar a los

procesados de menor graduación, nada queda por aducir». Con todo, hubo ayer

mucha literatura testimonial y los defensores asumieron cuanto hasta el momento

se había escuchado en la Sala «para esgrimirlo, llegado el momento...»

Con los capitanes Pérez de la Lastra, Lázaro Corthay y Bobis se terminó la «fila

primera» de procesados.

Y se pasó a la segunda. La que un día llamé del «un, dos; un, dos... y todos a

los autobuses.»

Hubo letrados defensores que orientaron acertadamente su estrategia Hacia «la

obediencia debida».

Otros, con más entretelas bajo sus togas, pretendieron internarse en ta

excursión de «motivaciones de hartazón e indignación por el estado de cosas del

país», y reiteradamente demandaron la lectura del archifamoso «balance

terrorista» que publicó «El Alcázar» antes del golpe.

Parecía que asistíamos a una operación «movióla». Dos, tres, no sé cuántas

veces, la misma escena:

«Denegada la lectura.» «Con la venia, excelentísimo señor presidente, hago

constar mi más respetuosa protesta a efectos de recurso de casación.» «Conste en

acta la protesta.» «Con la venia... para adhenrme a !a protesta.» «Con la

venia... para adherirme por el mismo motivo»..

Y así hasta el infinito

« Para que ustedes, que no están allí en la Sala de Justicia de Campamento, se

hagan una ¡dea les dibujaré algunas escenas de to que debió ser el barullo de

recluta apresurada de voluntarios para el «tejerazo».

Lo cuenta, escogido asi al vuelo, e) teniente Blanco Hernández, de la Guardia

Civil: «El capitán inició la revista de armamento anunciada, él por un lado de

la fila y yo por el otro...; entonces llamaron al capitán...

Cuando volvió vino también el coronel Manchado, dejamos de pasar la revista,

ordenó descanso y empezó a hablar, pero de una manera imperceptible.. Yo oí algo

así como que "la Patria está en peligro"..., pero no oí más porque me fui a

cerrar una puerta que estaba abierta...

Hubo algunas voces que decían "¡que no se oye!", y alguno gritaba: "¡todos,

todos´", yo no sé por qué lo decían Acto seguido se dio orden de romper filas

Vanos sargentos, y yo mismo, nos dirigimos entonces al capitán Torres Villar

para preguntarle qué ocurría. Pero el capitán nos contestó que él "tampoco lo

sabía"...

Al poco tiempo se oyeron voces de "¡rápido!, jtodo el mundo a los autocares!"...

Al ver que todos se iban me incorporé al último de los autobuses, preguntándole

antes al oficial de servicio: "Pero ¿adonde vamos?" "¡Tú sube .. que también va

el capitán... y lo ha ordenado el coronel1"»

O la reflexión mental que se hacía, ya en el autobús y camino del Congreso, el

cabo primero Andrés Alférez «... yendo con el capitán Abad, seguro que vamos a

algo justo.»

O el propio capitán Abad, que desde hacía tres días no había dormido y que en el

bolsillo llevaba un billete de avión para Munster (Alemania), donde tenía que

participar en un cursillo de «protección vial» y 40.000 pesetas de dietas,

«porque el 24-F emprendía el viaje»..

O el capitán Muñecas, a quien Tejero apremia con que «hay un problema seno en

las Cortes... acude con hombres allí»... Y, ya en e) Congreso, te dice «es un

servicio (para proteger al Rey . hay que evitar que suceda lo que en el

Parlamento vasco».

O el guardia civil Marcial González Molina, de Valdemoro, que af ir a municionar

su cetme comenta «iPero estos cargadores no sirven para estos cetmes!»

Y su provisor le responde «¡no importa, hombre, nosotros vamos para hacer

bulto!»... O el guardia civil de 2°, Jacinto Domínguez, que también estuvo en la

revista de armas del Parque de Automovilismo y escuchó la «arenga» del coronel

Manchado: «Nos dijo que España estaba en peligro.

Que quien quisiera salvar a su Patria diera un paso al frente... y el que

tuviese problemas que no lo diera.»

¿Para qué seguir? Sería sobreabundar en dos hechos evidentes que, con toda

senedad, quiero dejar subrayados: una obediencia y un sentimiento patriótico

incuestionables en los hombres que siguieron a Tejero. Y una peligrosísima

facilidad para movilizar tropas armadas sin orden ni concierto

Dos realidades que tanto eximen a los subordinados cuanto responsabilizan a sus

jefes Claro que, en este punto, debo intercalar un «flash», traído a cuento por

el letrado Salva Paradela, defensor del teniente Alvarez, de la Guardia Civil.

(Según la doctora Echave, este teniente fue quien dijo lo de «|las manitas,

quietas´»; y también, según ella, «el que en algunos momentos se mostró agresivo

y nervioso, hasta el punto que el capitán Bobis hubo de acudir a

tranquilizarle...».)

El letrado Salva Paradela insistía en que se leyera «el importantísimo folio

6.243..., donde el señor fiscal togado adopta una actitud doctrinal... sobre "la

obediencia debida"..., arguyendo que entre los asaltantes hubo quienes se

prestaron libre y voluntariamente y no obedeciendo a sus

mandos naturales... y más teniendo en cuenta la veteranía de muchos de ellos en

el servicio...».

• Y termino con una respuesta obligada Ayer se nos (leyó una carta que el 13 de

marzo escribió, desde Valencia, el coronel Ibáñez Inglés al director de A B C,

por un escrito mío «Otros flecos de la espiral...».

Se quejaba, con cortesía y hasta enviándome «el testimonio de su consideración

más distinguida», porque al narrar yo la escena telefónica entre él y Tejero en

el Congreso el 23-F había afirmado que Ibáñez Inglés recomendó a Tejero,

refinéndose a Alcalá Galiano —desarmarlo—. Aconsejado, y bien, por Miláns del

Bosch, no envió la carta.

Pero ayer, ya digo, se leyó en la sala. Debo decir, pues, que no soy yo, sino

tos testimonios escuchados del teniente coronel Agolar Olivenza y del propio

general Alcalá Galiano, quienes corroboran mi relato.

Primero, el ayudante de Miláns del Bosch, Mas Oliver, dijo a Tejero: «A Alcalá

Galiano mándalo a hacer p..». Y después, Ibáñez Inglés- «Debes reducirlo y

desarmarlo.» Por cierto que Alcalá Galiano, que estaba a la escucha, desde otro

teléfono próximo, le comentó "(Hombre, Diego" |Vaya recomendación para un

amigo1» En esa misma carta, el coronel Ibáñez afirma «no conocer personalmente a

Tejero».

Y yo me pregunto, ¿cómo, pues. Tejero, al telefonearle en otro momento de aquel

23-F, se dirigió a él, superior en graduación, tuteándole y Mamándole «Diego»?

¿Y cómo el «desconocido» Tejero, a la hora ya nocturna de dar la preciada

contraseña «Duque de Ahumada», para Armada, en vez de telefonear a éste, que

estaba en Madrid, prefirió llamar a «Diego» a Valencia? Esperemos que el lunes

empiece a abrirse la caja de los enigmas, que va a ser algo así como... ia caja

de Pandora—Pilar URBANO.

 

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