Aunque dimite como secretario general de AP. 
 Fraga Iribarne no renuncia a su escaño en el Congreso     
 
 ABC.    13/03/1979.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

ABC. MARTES, 13 DE MARZO DE 1979, PAG. 5.

NACIONAL

AUNQUE DIMITE COMO SECRETARIO GENERAL DE AP FRAGA IRIBARNE NO RENUNCIA A SU ESCAÑO EN EL CONGRESO

Madrid. (De nuestra Redacción y agencias.) Manuel Fraga Iribarne anunció ayer que conservará su escaño

de diputado por Madrid, pero renuncia a su cargo de secretario general de Alianza Popular.

El señor Fraga Iribarne no quiso hacer ningún tipo de declaraciones. «Ya hemos dado un comunicado

—puntualizó— y no voy a hacer ningún comentario a él. De momento no tengo nada más que decir. Es una

decisión que he meditado. El comunicado es muy claro y explícito.»

El mencionado comunicado dice, textualmente, lo siguiente: «Manuel Fraga Iribarne ha anunciado su

decisión de continuar ejerciendo la representación parlamentaria como diputado electo por la provincia

de Madrid, e igualmente la de renunciar a sus funciones ejecutivas en Alianza Popular, en cuyo partido

continuará como militante de base.

El señor Fraga Iribarne, que ha dirigido sobre estos extremos una extensa carta al presidente del

partido unido de Alianza Popular y a los presidentes provinciales, deja de formar parte de los órganos

ejecutivos, y sólo formará parte de la junta nacional de Alianza Popular como miembro del grupo

parlamentario.

El señor Fraga Iribarne se propone dedicar más tiempo a sus actividades académicas y literarias, y ha

iniciado dos libros: uno sobre la experiencia británica en la evolución de las sociedades contemporáneas

y otro, que hace tiempo le venía proponiendo el señor Lara, presidente de la Editorial Planeta, «La

España que yo quiero».

Don Manuel Fraga tenía escrita una carta renunciando a su escaño parlamentario el pasado miércoles, pero

cambió de opinión movido, en parte, por los miles de telegramas que han llegado a la sede de Alianza

Popular, en los que se le pide insistentemente que no abandonase el partido, dado que era el mejor

parlamentario que tenía España en estos momentos.

CARTA DE FRAGA. —La agencia Efe transmitió ayer el texto de la carta que Manuel Fraga Iribarne ha

dirigido al presidente del partido unido de Alianza Popular, Félix Pastor Ridruejo, y a los presidentes

provinciales. En ella expone los motivos de su decisión de conservar el escaño parlamentario y dimitir,

sin embargo, como secretario general de AP. Este es el texto de la carta; «Querido Félix: He meditado

mucho, a lo largo de las últimas semanas, sobre mis responsabilidades, ante mis compatriotas en general,

y en particular ante las personas que nos han otorgado su confianza, a lo largo de los dos últimos años,

y singularmente en los últimos difíciles meses. Y, de modo especialísimo (del que no puedo hablar sin

profunda emoción), a los ejemplares y entusiastas militantes y directivos de lo que fue Alianza Popular,

en toda España, de cuya lealtad y sacrificio no hay palabras bastantes para el agradecimiento.

He llegado a la conclusión de que mi deber, respecto de los unos y de los otros, es retirarme, al menos

por ahora, de toda función directiva en el partido. Por dos veces he intentado con gran esfuerzo, crear

un cauce eficaz para la reforma, frente a la ruptura, y para equilibrar las fuerzas políticas de nuestra

nación. No sé si lo hubiéramos logrado, si se hubiera atendido nuestra razonable petición de un Gobierno

neutral, pero es lo cierto que, por segunda vez, el resultado electoral nos ha sido adverso.

He dedicado la mayor parte de mi vida, y por supuesto mis mejores años, al servicio público, en puestos

de enseñanza, de función pública interior y exterior, y de representación política, incluso en las

funciones de Gobierno. A lo largo de muchos años, he mantenido una línea de servicio al bien común, de

gestión eficaz, de desinterés personal y de constante y sostenido espíritu de reforma.

Por esta reforma luché contra actitudes inmovilistas, en los años 60 y primeros 70, y, también para que

fuera reforma y no ruptura (con todo el elevado coste que ésta comporta, y que a la vista está) a partir

de 1975. Contribuí también, en el debate constitucional, a intentar la búsqueda de una base de

convivencia entre todos los españoles.

Al servicio de estas ideas he intentado por dos veces la creación de una fuerza política a la vez

conservadora y reformista, al mismo tiempo partidaria de la estabilidad y del desarrollo político que

defendiera las ideas religiosas, morales, económicas y políticas de muchos españoles. La experiencia ha

demostrado que la actitud del Gobierno y sus poderosos medios de presión han hecho poco viable (en las

actuales circunstancias) el proyecto.

Lo sigo creyendo necesario para el equilibrio de España, pero creo que hay que dar a otros la oportunidad

de emprenderlo con mayor acierto y fortuna. De momento, muchos votantes, que comparten estas ideas, se

han dejado impresionar por un «voto útil», que los resultados del 2 de marzo han demostrado ser totalmente

innecesario.

Mucho me gustaría equivocarme, pero los problemas siguen ahí, y muy serios. Si el Gobierno de UCD los va

a afrontar, prefiero que nadie pueda atribuirme el que se le pongan dificultades. Si de nuevo fracasa, en

hacerles frente, es de esperar que la ciudadanía española se decida a actuar, con los mejores hombres que

aparezcan, para lograr la creación de una fuerza eficaz de centro-derecha.

Nadie vea en mí actitud ninguna frustración personal, sino un nuevo acto de servicio. Hace tiempo que

había meditado esta situación, en función de los resultados electorales. Un nuevo sacrificio personal

carece de justificación en las actuales circumstancias.

Sé que muchos de los mejores van a continuar defendiendo la causa, les deseo todo el éxito y las renovadas

ideas que en este momento no me siento capaz de ofrecerles.

Mantengo mi fe profunda en los destinos de nuestra nación española, e intentaré servirla ahora como

simple y humilde ciudadano. Creo que debo pasar por esta prueba, cuando tantas veces se me ha acusado

(pienso que injustamente) de ambición personal, de soberbia y de intransigencia, por haber sido un firme

defensor del Estado y de la Ley. Sólo mantendré, como respeto a los que me han elegido, mi escaño en el

Congreso, para seguir dando testimonio de las ideas por las que he luchado toda mi vida.

Después de muchos años de servicio público, vuelvo a mi familia, a mis libros y a mis amigos. Más

hubiera querido hacer por España en esos años, largos e irrecuperables, pero me llevo la conciencia

tranquila de una entrega profunda al bien común, según mi leal saber y entender, y de una conducta

escrupulosa que ha rechazado toda clase de tentaciones fáciles. Por supuesto, que he cometido errores,

y pido perdón de todas mis faltas, nacidas todas más bien de exceso de celo que de mala intención.

De un modo u otro, por supuesto, desde la representación parlamentaria y humilde condición de un

ciudadano más, intentaré siempre servir a España. Un cordial abrazo de afectísimo.»

A continuación en manuscrito, va la siguiente frase: «No tengo palabras para agradecer, en particular,

la leal amistad y eficaz colaboración. Firmado: Manuel Fraga Iribarne.»

(Más información en pág. 96) 

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