Autor: Urbano, Pilar. 
   Los eslabones de la argolla     
 
 ABC.    13/05/1982.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

JUEVES 13-5-82

NACIONAL

El juicio del 23-F

Hilo directo

Los eslabones de la argolla

Lo preocupante es que el CESID, como tal «servicio de Inteligencia»

superorganizado, ramificado, compartlmentado y dotado... «para la defensa

nacional», no se enteró del «golpe que se cernía».

Y debió enterarse. Y desbaratarlo. Aunque aun cabe, en no sé qué bolsllllto del

optimismo, pensar que sí, que prueba de que se enteró en que hubo «agentes

provocadores», «capitanes arañas», «fingidos coordinadores», «comandantes que

empujaban...», imprimiéndole a la «asonada» un ritmo de frenesí en las vísperas

callentes del día «D», para que aquello fuera... una «chapuza» llamada a

fracasar.

El hecho visible es que dos hombre del CESID ocupan sillas de acusados,

lamentablemente separados de sus compañeros de proceso; marginados, sin trato

y... con amago de maltrato, con «rancho aparte». ¿Como «traidores» al golpe? O

¿cómo «espías» del golpe?

Esos dos hombres, Cortina y Gómez Iglesias, sólo pueden estar ahí donde están

por una de tres: o conspiraron, «a título personal». O fingieron que

conspiraban, «a título oficial».

O una maquiavélica imaginación, tardía pero contumaz, hilvanando retales de

contactos, domicilios, presencias casuales, coches aparcados... confeccionó una

historia de verosímil implicación que, a su debido tiempo, recitarían el coronel

Manchado, el teniente coronel Tejero, los capitanes Abad, Acera, Bobis... sin

desdecirse unos de otros, como si un ágil «correo del zar», de prisión en

prisión, les hubiese administrado la misma lección a todos.

No seré yo quien, hoy por hoy, señale en qué casilla de la tripleta está la

verdad. Ahora bien, tanto si conspiraron y, tuvieron la habilidad de no dejar

rastros, zafándose a tiempo, como si ni siquiera estuvieron en el juego, ¿no es

extraño ese afán por meterles, a toro pasado, en el polígono de la rebelión,

cuando tantos «innominados» asistentes a reuniones conspiratorias, enlaces y

porta-maletines han quedado descarada y declaradamente fuera «porque no queremos

implicar a más personas»? Soto cabe abocar a una razón: con esos dos eslabones

sucesivos (Gómez Iglesias, contactó de Cortina; Cortina, contacto de...) se

llega hasta la argolla «madre», ira común de los otros treinta acusados: el

general Armada.

Y... la hipótesis de un «penacho» de generales, que «no estuvieron en este

golpe, sino en su dinamitación».

La historia de Gómez Iglesias en el escenario próximo del 23-F puede narrarse «a

la manera fiscal» o al «modo ingenuo». Tiene dos lecturas.

Por ejemplo: El mismo reconoce que va, con su mujer y dos de sus hijos, el

miércoles 18-F, a casa de Tejero, «de vsita», porque se conocen de tiempo atrás

en Guipúzcoa, le visitaron en prisión cuando la «Galaxia» y seguían queriéndose.

Tejero no está. Cuando "llega pide a Gómez Iglesias que le lleve en su coche...

ahí al lado; ¡a Guadarrama de la Sierra!, nada menos.

«Y podemos cenar en casa de mi hija.» Parece claro que G. I. no fue a casa de

Tejero a conspirar... llevándose a su familia.

Y también que Tejero no tenía una cena convenida en casa de su hija, ya que «la

improvisaron», con quesitos La Vaca que Ríe. Más atinado ´quizá que a quien

Tejero quisiera visitar aquella noche fuese a su yerno (no el de los GEO, sino

el entonces teniente de la Guardia Civil destinado en el GAR de El Escorial).

Según G. 1. se limitó a «llevarle, cenar y traerle». Pero ¿allí de qué se habló?

¿No pudo G. I. quedar, enterado de que Tejero buscaba la colaboración de las

fuerzas del GAR para la «operación Congreso»? Según Tejero, «G. I. se lo cuenta

todo a Cortina y, me recomienda que hable yo con él». Y aún más: facilita el

contacto en la madrugada del 20 al 21-F.

No entremos en la maraña de si fue o no fue en la casa de Biarritz, 3. Pudo ser

en cualquiera de las sedes-apartamentos de que disponía Cortina. Pero es curioso

este1 °at^e .las versiones diferentes que Tejero ha dado de cómo llega a verse

con Cortina parece prevalecer la de que «G. I. me llevó en su coche».

El mismo Simca azul marino en que ya viajó el 18-F. Y cómo Tejero, a la hora de

aportar minuciosas descripciones, se olvida de un detalle muy recordable cuando

un coche ajeno se ha utilizado dos noches: el picaporte de la portezuela

delantera derecha estaba roto y no podía abrirse desde dentro. Eso Tejero no lo

menciona.

Ya me extrañó en su día de la súbita recuperación, a base de Buscapina

Compositum, que experimentó el cólico nefrítico de G. I. De modo que et 23-F, a

las 15,30: «casualmente» pudo estar en el Parque de Automovilismo, en el bar, en

el despacho de Manchado, en la biblioteca con cuatro oficiales, en un pasillo

diciendo «¡aquí lo que hay que hacer es ponerse el uniforme»... y, al fin, en el

garaje «situando a los autocares en la rampa de salida», hacia el Congreso.

Pero, con todo, esta frase quien dice haberla oído es precisamente el otro

oficial que, como G. I., estaba de paisano: Acera. Y fue a vestirse.

Pero la pone en boca de G. I.....que no se cambió de ropa. ¿Así, tan tontamente,

se dejaron embarcar y embaucar por un «capitán araña», que se quedó en tierra,

tomó un taxi y se marchó al CESID? No. No convence.

Lo que sí parece cierto es que, pese a su agilidad, G. I. no es «biloco» y no

pudo estar saliendo del Parque —zona-norte de Madrid— a las 18,15 y... haciendo

señas al capitán Muñecas desde un Seat 124 blanco, en el paseo de las Delicias,

zona sur, a las 18,25, como se ha pretendido.—Pilar URBANO.

 

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