Autor: Urbano, Pilar. 
 El Juicio del 23-F. 
 El hombre que no dejó rastros     
 
 ABC.    07/05/1982.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

32/ABC

VIERNES 7-5-82

NACIONAL

El juicio del 23-F

Hilo directo

El hombre que no dejó rastros

Un día de septiembre del 81, en el Consejo Supremo de Justicia Militar, se

encontraron dos letrados, defensores de encausados en la 2/81. «Y» reprochó a

«Y» que Miláns del Bosch hubiese «metido» en sus declaraciones al comandante

Cortina, y que también lo hubiese hecho Tejero, y uno y otro, en una tardía

memorización de los hechos.

La respuesta, cinica, de «Y» fue, «era el único modo de enganchar a Armada que,

sin más ni más, se escurría de toda participación... Cortina era necesario como

enlace, en

Madrid, entre Armada y Tejero». Un día de mayo del 81, miembros del CESID

(capitán Camacho y sargento Rando Parra), con ocasión de un curso dado a los

GEO, entran en contacto directo con un yerno de Tejero. El 5 de junio cenan

juntos y comentan que «en lo del Congreso hubo tales y cuales implicaciones del

CESID».

Hasta su tercera declaración, 4 de abril, no menciona Tejero su entrevista con

Cortina «en el domicilio de sus padres, creo que por el Parque de las Avenidas»

Y sólo en la del 10 de junio pone en escena, como enlace con Cortina, «a quien

sólo conocía de oídas», al capitán del CESID y de la Guardia Civil Gómez

Iglesias.

Estamos ente un «trilema»: que Cortina no estuviese implicado en el 23-F; que

Cortina estuviese en el «complot» a título personal, so capa de su facilidad de

movimientos y contactos desde la Unidad Especial de Operaciones de CESID, que él

mandaba; o que Cortina, como agente «superclase» de esos «servicios de

inteligencia» estuviese al tanto, a la escucha informativa y entrase a última

hora para jugar un maquiavélico papel el de activador repentizado del

«detonante de Tejero» hacerlo estallar con «improvisación» y con previsibles

márgenes de fracaso

Si Cortina no estuvo implicado, es una víctima. Si lo estuvo, por razones de

servicio, para «controlar» desde dentro..., es un «kamikaze», obligado al

silencio y al holocausto, por razones de Estado.

Si realmente se asomó a la operación a última hora, o estuvo como enlace-

informativo con Armada desde mucho antes, y se enroló en la operación golpista,

entonces es una Saráh Berhardt de consumado talento para el fingimiento: un

actor magistral

• ¿Quién testifica contra Cortina? Un inculpado, sin yugo de juramento, Tejero,

cuyas sucesivas declaraciones se van enriqueciendo con detalles y matices

fácilmente suministrables desde el exterior.

O un inculpado, Tejero, que, «viendo que Armada y Miláns me echaban fuera, como

"Tejero y sus muchachos", decidí empezar a "sacar" nombres de enlaces y

contactos.» Y otro inculpado, sin juramento, Miláns del Bosch, que, en

principio, habla de «un comandante que empuja para que la operación se haga»,

luego, «sé que el comandante es Cortina..»

¿Cuándo y cómo entra, o se hace entrar a Cortina (enlace de Armada y

suministrador de medios del CESID) en el escenario previo a los hechos? De modos

muy distintos, contradictorios y cambiantes, pese a provenir de un mismo

inculpador, Tejero.

Tejero sitúa su conversación con Cortina entre noche y madrugada, pero en

diferentes días. 19, 20 y 21 de febrero Lo que obliga a Cortina y a su defensor,

Rogelio G. Villalonga, a cubrir tres frentes de coartada Al fin, a lo largo de

los interrogatorios, la fecha se fija «en las primeras horas, madrugada, del día

21 D

Desde luego, el mismo día en que, por la tarde, Cortina, desde el hotel Cuzco,

me llevaría al encuentro con Armada, en Pintor Juan Gris, 3 ó 5». ¿Dónde y cómo?

En el domicilio de sus padres, calle de Biarntz, 3, por el Parque de las

Avenidas. Como ya adelanté en otra crónica, la descripción exterior, y tampoco

coincide con el lugar. Tejero habla de un portal con suelo ajedrezado (cuadros

blancos y negros, o claros y oscuros), pero el suelo de ese portal es de piezas

rectangulares, que no forma ajedrez, jaspeadas en gamas de color ocre, y muy

recubierto de alfombrados.

El ascensor, recuerda Tejero, tenía un cristalito. El ascensor lo que tiene es

un gran espejo Del interior de la vivienda Tejero no recuerda más que lo que

«cualquiera puede haber visto desde la puerta», sin estar dentro.

Quedó patente que había un recargamiento ornamental. Dudosamente, si estuvo allí

Tejero, puede haber olvidado tales impactos visuales. Pero más confuso es cómo

se produce el encuentro Una vez dice «por distintas circunstancias, me veo alado

con Cortina. , me envía un conductor con vehículo».

Esta cita es «telefónica, de madrugada». Con razón cabe aducir que, siendo

Cortina de menor graduación que Tejero, y éste, «de natural desconfiado», y no

ignorante de que el comandante era del CESÍD y podía estar «a la que huele»...

máximo cuando había intervenido en el «desmonte» de la operación «Galaxia», ¡la

gran espina cordial y menta! de Tejero!, el teniente coronel le dijese-

«¡Estamos a la misma distancia uno de otro..., y ¡vaya horas!.

Ven a mi casa, que te recibo con gusto.» En otra ocasión. Tejero dice: «Cortina

se me acercó en la calle, de noche, y fuimos andando hasta su casa.»

En otra: «Quien me llevó a la casa de Biarntz, 3 fue el capitán Gómez Iglesias

en su coche.» Aquí también hay un «baile» de datos. Una vez afirma que va «con

Gómez Iglesias, a quien conoce bien de San Sebastián, con quien tiene relaciones

hasta familiares» y con quien, además, ha viajado el 18 por la noche hasta

Guadarrama de la Sierra, cenando en casa de la hija de Tejero.

La cena aquella de los quesitos «La vaca que ríe». Y otra vez dice que:

«Durante la conversación estuvo presente un colaborador de Cortina., pero no

pude verle la cara porque estaba sentado en un zona de penumbra del salón.» (¿—

?)

Hay otras dos curiosas contradicciones (¿cuántas van ya?). Tejero insiste en

«que Cortina me pone en contacto con Armada».

Pero en su primerísima declaración, la más espontánea y lozana, dos días después

del asalto al Parlamento, dijo: «Después de consultar con el teniente general

Miláns, llamé al general Armada para tener una entrevista con él.» Claro que

esto puede explicarse por el ánimo inicial de Tejero de no «implicar a los

contactos y enlaces».

La segunda contradicción va más al contenido de lo hablado aquella noche con

Cortina. De una parte, Tejero dirá que «este comandante le fija la fecha de

ocupación del Congreso, el lunes 23-F por la tarde» De otra, que «se lo dicen

desde Valencia, el día 21». Antes, el 18, él mismo ha telefoneado a «Diego»

(Ibáñez Inglés), y éste «le pregunta si puede hacer lo del Congreso,

el viernes 20», a lo que Tejero opone dificultades...

Dirá también Tejero que fue Armada quien le señaló, definitivamente, hasta la

hora: «Las 18,10, porque en estas cosas los minutos son muy importantes».

Y sin embargo, Miláns del Bosch tiene declarado que supo la fecha y hora «por

alguien que llamó o llegó a Valencia, pero con quien yo no hablé directamente»;

y no por Armada.

Aún otra contradanza. Si Cortina fue quien indicó a Tejero que «a las dos horas

del asalto, a las H más 2, llegaría una autoridad militar al Congreso —el

«elefante»— que le relevaría las tropas...», ¿por qué, transcurridas esas dos

horas, ya en el Congreso, Tejero no contacta con Cortina para decirle «¿qué hay

de ese relevo y esa autoridad?», y, en cambio, se lo reclama a Miláns del Bosch?

Las coartadas de tiempo que ofrece Cortina, con testigos no implicados en el 23-

F, son válidas Pero, todo hay que decirlo, endebles, justo justo, en las horas

en que se supone estuvo con Tejero en la calle Biarntz y con Tejero y Armada en

Pintor Juan Gris.

En la primera de estas citas. Cortina se sitúa «solo y en un bar cercano a mi

domicilio; y después... durmiendo, en la cama, en mi casa».

No sirve de mucho, pues. En la segunda, más difícil de concertar, Cortina está

en una finca de El Escorial, viendo atardecer con su amigo Cadalso.., y luego

cenando en La Genara, también en El Escorial.

Pero pudo, en su Chrysler, ir y regresar sin apuros. En febrero atardece muy

pronto. Y la cena fue «pasadas las diez».

Podía perfectamente estar en el hotel Cuzco a las ocho y cuarto, que es cuando

llega Tejero; y salir de Pintor Juan Gris a las nueva o nueve y diez...

Vamos al ambiente en la Sala y fuera de ella. Cortina, desde que empezaron los

juicios, está «visiblemente» condenado al ostracismo de sus compañeros de

banquillo.

Y en los dos días de su defensa ha sido insultado y vituperado de palabra y

gesto, allí mismo, ante el Tribunal. Fuera de la Sala creo que ha habido algo

más que palabras. Se le recrimina, ¿qué? ¿Alegar su inocencia, siendo

inocente...?

¿O el cinismo de negar una participación que si existió? Más parecen obedecer

las iras a esta segunda opción. ¿Qué pasa entonces? Que, acaso, Cortina se esté

escudando en que ni los lugares, ni las personas, ni las fechas fueron las que

se dicen. Pero hubo tales o cuales encuentros.

Y que otros procesados, que sí se reunieron con él, no pueden declararlo sin

inculparse, ya que la estrategia defensiva es la de «no participación en la

conspiración»

Y Cortina sabe que los otros testigos de tales encuentros, sentados cerca de él

en el banquillo, están obligados a callar y a dejar en solitario el testimonio

de Tejero, porque, si hablan, se acusan. Lo cierto es que Cortina no ha dejado

rastros.

Que no existen pruebas «no interesadas». Que Armada no le reconoce como enlace y

niega también la conversación con Tejero en Pintor Juan Gris...

Pero, entre muchas cosas silenciadas, hay, por citar algún ejemplo, que el

contacto «fetén», por vez primera, entre Múgica y Armada no fue el alcalde de

Lérida, Ciurana. Fue Cortina. Y que la presencia «repentina» y oportunísima de

Gómez Iglesias en el Parque Móvil a la hora de reclutar efectivos no parece muy

casual...

Como tampoco que cierto conocido jurídico militar, y amigo suyo, anunciase en la

noche del 23-F por teléfono al Gobierno Militar de Madrid que Armada iba hacia

el Congreso con su oferta.. —Pilar URBANO.

 

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