Autor: Urbano, Pilar. 
   La sala, en silencio y en pie     
 
 ABC.    28/04/1982.  Página: 27. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC/27

MIÉRCOLES 28-4-82

NACIONAL

Hilo directo

La sala, en silencio y en pie

«El Rey tuvo el 23 de febrero todos los poderes y no aprovechó esta

circunstancia más que para restablecer el orden constitucional.» De los cuatro

tramos del texto que leyó el fiscal Claver en la Sala de Justicia, en e) primero

aplicó un foco de luz meridiana sobre la voluntad y la actitud de Don Juan

Carlos antes, durante y después de los hechos del «23-F», que ayer quedaron

calificados como «delito de rebelión militar consumada». La Sala, en silencio y

en pie, escuchó la petición de penas para los acusados.

¿Por qué el acusador salía en defensa del Rey? Había una razón de justicia y una

razón técnica, jurídica. Por razón de justicia: a lo targo del proceso, en todas

sus fases, ha sido una constante la apelación a) «respaldo regio» del golpe de

Estado, «sin que en este juicio —como señaló el fiscal— se haya podido tomar

declaración al Rey».

Y, en rigor, la pertinaz «´acusatio martifesta" estaba reclamando una firme

«excusatio», por cierto, reglamente «non petita»; Por razones técnicas, el

fiscal tenía que desmontar la falsa «legitimación» en que se escudaban tos

acusados: cerrar el paraguas de cobertura para la acción rebelde, «al amparo de

un pretendido servicio al Rey, conocido por el Rey, consentido por el Rey...».

Y ahí el fiscal llegó al punto gordiano donde se anudaba la fabulación: unas

supuestas «confidencias» que el general Armada «ni admite ni niega haber hecho

al teniente general Miláns del Bosch el 10 de enero del 31 en Valencia», y que,

a partir de esa fecha, Miláns del Bosch instrumenta como patente de garantía y

crédito para alentar su «operación».

El argumento cundió boca a boca, reunión a reunión, y llegó a convertirse en un

talismán de fe para conciliar voluntades. Pero, como ayer se ratificó, la

conspiración y los preparativos venían de atrás, de más de medio año atrás:

cuando Armada no había aparecido aún en escena, aduciendo o no «confidencias del

Rey».

Lo que sí ha negado Armada repetidas veces es que «el Rey conociera la operación

o la apoyara», que «el Rey le hubiera autorizado a invocar su nombre» o que «la

propuesta de presidir un Gobierno fuese por orden o encargo del Rey».

Antes bien, ya en el Palace, expresó con claridad: «El Rey está al margen de

todo esto, vengo a título personal.» Y como diría ayer el fiscal Claver, «el que

Miláns del Bosch creyese que el Rey lo sabía no quiere decir que el Rey lo

supiera».

» En el segundo tramo se aplicó a considerar «suficientemente probados» unos

«hechos constitutivos de delito de rebellón militar consumada».

De esta pieza del discurso de acusación subrayó soto el argumento: Miláns dei

Bosch se erige en «jefe moral de una operación» «que Armada dirige desde Madrid»

y en (a que Tejero aporta el ««detonante de gran magnitud».

Para la acusación, son eslabones conspiratortos sucesivos las reuniones entre

Miláns del Bosch y Armada el 10 de enero en Valencia, entra Miláns, Torres

Rojas, Tejero, Mas Oliver y varios... «anónimos» el 18 de enero en Genera!

Cabrera, 15. Los tres viajes de Ibañez Inglés para «dar y recibir información de

Armada».

Los cortados Tejero-Mas-García Carres. Y las entrevistas Cortina-Tejero en la

madrugada del 20 al 21 de febrero, donde se fija la fecha «día D», y las de

Armada-Tejero en Pintor Juan Gris, 5, pasadas las ocho de la tarde de ese mismo

día 21...

El fiscal no se ha internado en la maraña de horas y llamadas telefónicas Madnd-

Valencia, pero ha considerado los huecos de tiempo que las coartadas aducidas

por Armada y Cortina dejan en blanco. Desde que el general Armada sale de casa

de su hija Victoria, el sábado 21-F, hasta que regresa a su domicilio, «hay

tiempo para acudir a la cita de Pintor Juan Gris». Y se puede ver atardecer, en

febrero, en el campo de El Escorial con el amigo Cadalso... enfilar después la

autopista con un Chrysler potente, estar a las ocho en el hotel Cuzco, asistir a

la conversación Armada-Tejero en Juan Gris y regresar a El Escorial a tiempo

para cenar en La Genara, «alrededor de las diez».

Y sin perder el fuelle. Que ése «pudo» ser el 21-F dei comandante Cortina.

Claro que ahí, en rigor, hay que poner en un platillo de la balanza la palabra,

sin juramento, de Tejero; y en el otro, tas palabras, sin juramento, de Cortina

y Armada.

Abierta contradicción. Porque García Carres, en verdad, no vio con quién dejaba

a Tejero. «Tejero me dijo: "Llama a Valencia, a Pedro Mas, y dile que me has

dejado en Cuzco con... unos amigos".»

Da el fiscal también por «suficientemente probados...» entre otros episodios,

el conocimiento que Torres Rojas, San Martín, Ibáñez Inglés, Mas Oliver y Pardo

Zancada tuvieron sobre «los graves acontecimientos que iban a producirse en

Madrid», con antelación suficiente como para contrastar, verificar o desmentir

la pretendida aquiescencia del Rey...

Y, desde luego, para notificarlo a sus superiores. Y considera que en dieciocho

horas de asalto armado al Parlamento hay tiempo sobrado para que «la verdad sea

conocida y el error ya no sea, posible entre los asaltantes. Sobre manera, a

partir del inequívoco mensaje del Rey.

El tercer tramo, de enjundiosa doctrina jurídica, fue, en mi modesta pero no

imbécil opinión, un importante trabajo enraizado en numerosas citas de

jurisprudencia. Merecería edición y difusión en «negrita». Y en este momento me

siento en deuda con los lectores de A B C por no tener espacio para transcribir

algunos de los párrafos con los que el fiscal construyó, palmo a palmo, eJ

edificio de lo que es un delito de rebelión militar con alzamiento en armas;

contra el orden constitucional, el jefe del Estado o su Gobierno o las

instituciones; mandado por un militar..

Su análisis de la «permanencia», en el tiempo, de la rebelión militar; cada

instante en rebelión consuma el alzamiento; la participación colectiva, aunque

en diversos grados; los hechos previos prepáratorios que, concertados o

inconexos, quedan todos preordenados a un mismo fin rebelde...

Singularmente interesante fue el desmontaje que hizo de los tres eximentes

alegados por las defensas: obediencia debida, estado de necesidad y cumplimiento

del deber. Mostró que no se daba ni lo uno, ni lo otro, ni lo otro.

Si bien declaró que «la rebelión militar, cuando no va acompañada por delitos

comunes, no afecta al honor militar», y que la sentencia condenatoria no lesiona

e) prestigio de la Institución Fuerzas Armadas; también señaló que «en rebelión

o en sedición, la obediencia no es virtud, sino delito», y que «los mandatos de

rebelión no son órdenes: no pueden generar obediencia debida».

Sobre el «estado de necesidad» fue categórico: sólo un urgente, inevitable,

absoluto, comprobado y necesario «peligro de total destrucción del bien que se

quiere proteger» pueda hacer necesario «el mal que se causa... para proteger el

bien».

Y en España, el 23-F, no era ése el estado de cosas.

Un último apunte clave: el cumplimiento del deber.

Sí, pero velar por el orden constitucional, o por la integridad y soberanía de

la Patria, no es un deber que titularice el «militar como Individuo», sino la

Institución de las Fuerzas Armadas. Es decir, no caben «protagonismos salvadores

». Para la defensa de España o está el Ejército en bloque o... están los

individuales mesianismos «rebeldes».—Pilar URBANO.

El teniente general Gómez de Salazar preside, desde ayer, el Consejo de guerra

por enfermedad del titular del Consejo Supremo de Justicia Militar

 

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