Autor: Urbano, Pilar. 
   La raya está trazada     
 
 ABC.    08/04/1982.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ABC/7

JUEVES 8-4-82

NACIONAL

Hilo directo

La raya está trazada

«¿Cómo dice?» El general Valencia Remón se detuvo un instante cuando, al pasar,

junto a la doble fila de procesados, oyó que se dirigían a él. Acababa de ser

interrogado y estaba ya abandonando la Sala. «Que usted tenía su sitio aquí, con

nosostros», repitió con voz áspera el capitán Muñecas.

El general Valencia tensó los músculos de la cara y siguió andando. Muñecas

agregó: «¡Pero no le admitimos!»

El incidente sólo fue registrado por las escasas personas que en la amplísima

Sala estaban sentadas muy cerca de esa zona.

Y no constará en actas. Doble y durísimo mensaje que Muñecas transmitió ayer

tarde a más de un general testigo. El día 23-F eran coroneles de la DAC.

Recibieron las órdenes, los «objetivos» que habían de tomar «en cuanto se

produjera el hecho desencadenante que conocerían por la radio».

Prepararon sus unidades, dispusieron las medidas, incluso llegaron a dar

«salida» a algunos de sus hombres... Después llegó la contraorden:

acuartelamiento y «alerta»: la «Diana, en fase 2».

Mandados por el coronel, hoy general. Valencia, tres escuadrones del Regimiento

Villa-viciosa 14 ocuparon Radiotelevisión Española:

«Más que a ocupar salieron a proteger RTVE... para que estuviese en manos

seguras, evitar que se dieran noticias, inconvenientes quizá, en aquellos

momentos... sí, y prohibición de emitir noticiarios y orden de poner músicas

militares.»

Proteger ¿de qué, de quién? ¿Manos seguras...? Los hombres que aquel día regían

RTVE recibieron la inesperada visita de los escuadrones de Caballería, armados

con cetmes, encabezados por tres capitanes, y adyirtiendo:

«Hay que obedecer estas instrucciones. Si no... yo tengo orden de disparar.»

Al coronel, hoy general, Arnaiz, se le encomendó «la ocupación de cinco emisoras

de radio en Madrid, y apoyar al Villaviciosa 14 en la toma de RTVE».

Comoquiera que el evento detonante de Tejero se produjo cuando este jefe estaba

aún explicando a sus oficiales la encomienda que Pardo Zancada, de parte de

Miláns del Bosch, había traído desde Valencia a la DAC Brúnete (El Pardo), y

tuvieron que localizar, con guía y plano de la ciudad, el emplazamiento de las

emisoras «objetivos», «sólo dio tiempo a ocupar Radio Popular».

Al coronel, hoy general, Pontijas, se le había ordenado situar a sus tropas, del

Regimiento de Artillería de Campaña, de Vicálvaro, en los jardines del Retiro.

«Dispuse todo lo necesario para salir a cumplir la misión... Mis hombres

recibieron con la misma disciplina la orden de salir como la de parar», declara.

Y, haciendo honor a la verdad y a su juramento empeñado ante el Tribunal,

reconoce que cuando desde Capitanía General el jefe del Estado Mayor, general

Sáez de Tejada, le telefoneó (por la CBH, de ondas hertzianas que no pueden ser

intervenidas) para que no se moviera ni un hombre de su Regimiento, respondió:

«Esa orden tengo que recibirla de mi general jefe.» Con lo que será Juste quien

después, desde

El Pardo, le ratifique en directo el «acuartelamiento, en alerta».

Según me contó el propio general Juste, «esto hube de hacerlo, sucesivamente,

con mis coroneles Cervantes, Valencia, Pontijas, Centeno, Arnaiz...

Al habla, precisamente, con el Regimiento Villaviciosa.14, mi última frase al

coronel Valencia fue:

«Te ordeno terminantemente que te estés ahí quieto.»

Y se estuvo. La confusión, al parecer, había cundido en las dispersas unidades

de la División Acorazada: unos querían solidarizarse con la «salida» del

Villaviciosa; otros, ya de madrugada, con la de Pardo Zancada al Congreso;

otros, en fin, reclamaban con impaciencia el mensaje televisado del Rey para

convencerse de que no había apoyo regio a «la operación».

Acaso por ello Juste telefoneó media docena de veces a Zarzuela y, al menos tres

de ellas, para urgir la comparecencia televisiva del Monarca.

En los interrógatorios de ayer se pasó de puntillas sobre las llamadas que Pardo

Zancada hizo a algunos jefes y compañeros desde el Congreso (¿o desde El Pardo,

antes de salir?) y que, también según Juste, «pudimos localizar a través del

coronel Piserra»:

«Por lo visto, trató de animar a otros compañeros de armas, llamando a

Villaviciosa, a Vicalvaro, a Leganés...»

«Unos coroneles le dieron "largas". Algún otro le contestó que él lo estaba

pensando también"...

Y, en esa madrugada del 24, fue necesaria otra ronda de teléfono "hasta hacerme

definitivamente con la situación... mis jefes obedecieron... estuvieron tensos,

sí, pero obedientes.»

• La estrategia judicial, ayer al hilo de los interrogatorios de los jefes de

la DAC, tuvo cuatro frentes:

El defensor del general Torres Rojas quiso obtener testimonios directos de que

su patrocinado, «el general que vino a tomar café», no intentó jamás quitarle el

mando a Juste.

El del coronel Sanmartín, que su defendido actuó como un jefe de Estado Mayor «a

las órdenes del general Juste»

El defensor de Pardo Zancada se afanó en arrancar elogios para su comandante:

«un gran jefe de Estado Mayor, un hombre muy dotado..., sincero, leal,

veraz...», «un magnífico militar», «una prestigiosa, digna y honrosa persona».

Entre sesión y sesión, y ya lo advertí hace varias semanas, se teje la corona de

laurel en torno a las sienes del «comandante Pardo»...

La cuarta estrategia, la del fiscal, es también notoria: los señalados son los

que «están ahí sentados». Nadie más. El polígono del campo indagatorio tiene un

perímetro acotado por una mampara gruesa de cristal. Y de ahí no se pasa ni

hacia arriba ni hacia abajo.

Viene a querer decir a tos defensores: «¡Es inútil: No pretendan distraerme con

"más altos culpables"... N

No entro en ese juego!» El discernimiento de culpas o inocencias empieza en el

teniente general Miláns del Bosch y termina en el civil García Carres.

La raya está trazada. Hay evidencias, Y hay... conjeturas.

• Y ahí, donde no hay evidencias, es donde el fiscal tendrá que hacer encaje

de bolillos; Cortina, del CESID, «experto en no dejar rastros», no tiene contra

sí más que una delicuescente y cada día más etérea «entrevista con Tejero», que

sólo testifica Tejero... y sin juramento. ¿Y Armada? No hay

pruebas, lo que se dice «pruebas», de que estuviera en la conspiración ni en la

congelación ni en la reconducción.

No las hay de que fuera e! «director» de la operación en Madrid. No aparece ni

un contacto Armada-Cortina que tenga entidad.

Los generales Castro Sanmartín, Esquivias, Pérez Iñigo, Bonal..., han declarado

que en ningún momento observaron en» él, en las largas horas del 23 y 24-F, un

solo movimiento de aliento o de cobertura hacia el golpe de Tejero. Que actuó

todo el tiempo en sentido contrario, «tratando de solucionar la situación, de

evitar enfrentamientós, de conseguir la liberación de los parlamentarios». Que

«obedeció en todo a Gabeiras»...

Que la propuesta de ser él presidente de un Gobierno «le fue sugerida», «le

pareció una barbaridad..., un disparate...», «la consultó por teléfono

inmediatamente con la Zarzuela, con Gabeiras y con el teniente general Alfaro,

presidente de la JUJEM»...

Sí, todos admiten que Gabeiras «en un principio le desautorizó absolutamente a

hacer esa propuesta en el Congreso». Pero que más tarde «Gabeiras nos hizo salir

a todos los generales de su despacho.

Se quedó solo. Hizo algunas consultas. Hizo entrar después a Armada. Hablaron a

solar largo rato».

Y que cuando Armada salía para irse ya al Congreso «dijo en el despacho de

ayudantes ante todos los generales que estábamos por allí: "Voy, a título

personal, a ver lo que consigo para arreglar la situación"».

Y apuntan un «detallísimo»: «Gabeiras estaba en ese momento en e! umbral de la

puerta »

Ciertamente, la «solución-Armada» era una hipótesis anticonstitucional, como la

copa de un pino, por muy prestigioso que fuese su asesor telefónico (¿....?) de

quien no se ha vuelto a hablar.

Y por muy «transitorio» y muy «de civiles» y muy «en conciencia» que hubiese

sido ese Gobierno, si hubiese prosperado... «delenda fuit Democratia».

Ciertb también que Armada lo pretendió y así lo han testificado Gabeiras,

Aramburu, Sáez de Santamaría y Mariano Nicolás...

Pero un momentó!, ¿quién ha presenciado, no ya que Armada plantease la cuestión

en el hemiciclo, sino siquiera que se la confiase a Tejero? Porque, de lo que se

habló en aquel despacho acristalado, no tenemos más versión que la de Tejero y

la de Armada. Ambas enfrentadas.

Y de Armada, la síntesis de su gestión: un escueto «He fracasado...» o un

expresivo «|Este hombre está loco!»

O un más matizado dictamen: «He encontrado a Tejero irreductible.» Sí, ya sé que

hay un millón de piececillas sueltas imantadas hacia Armada, pero con todas

juntas no se hace ni una sola prueba ¿Qué hay, pues, confirmado y sólido?

Una «intención» de proponerse presidente. Y una conversación extensa, a solas,

con Gabeiras, que los generales reunidos aquella noche en el palacio de

Buenavista dicen que existió... aunque Gabeiras el otro día, contestase a lo

galaico: «No puedo asegurarlo.»

Termino con una mirada de «gratitud democrática» hacia un testigo, el general

Yusty Vázquez, jefe de Artillería de la DAC el 23-F y hoy disponible forzoso a

quien conocí ayer. Desde Capitanía de Madrid se le denegó permiso para

ausentarse, por asunto familiar grave, aquel día. Cuando insistió, a primeras

horas de la tarde, regresados ya los generales Juste y Ortiz Call, volvió a

denegársele.

Siempre desde Capitanía. (Digo yo que Sáez de Tejada tuvo también, el 23-F,

«intuición y práctica de mando».)

No se contó con él para la reunión «detonante» de Pardo Zancada... aunque estaba

en la DAC. (¿Acaso pensaban no poder «empatizarlo»?) Y llegó cuando había

terminado. Pero eso sí, permaneció junto a Juste toda la noche.

Y, sin que nadie lo haya subrayado, él fue el hombre-soporte en el puente de

mando de una DAC tensa, confusa y... «blindada»—Pilar URBANO.

 

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