Dos años después. 
 En todo momento durante el 23-F, tuve la situación en las manos     
 
 Diario 16.    23/02/1983.  Página: 1-4. Páginas: 4. Párrafos: 66. 

Diario 16/23 febrero-83

DOS AÑOS DESPUÉS

Hoy se cumple el segundo aniversario del intento de golpe de Estado del 23-F.

Aquellas horas tuvieron un protagonista de excepción: el teniente general jefe

del Estado Mayor

del Ejército de Tierra, José Gabeiras Montero.

Desde su despacho del palacio de Buenavista Gabeiras tomó las primeras

decisiones, dictó las primeras órdenes que hicieron posible que el golpe

fracasase y que no se derramara ni una gota de sangre.

Hoy, dos años después, este testigo de excepción habla por primera vez en

exclusiva para

Diario 16 y explica cómo controló el 23-F, quiénes le ayudaron, quiénes le

ocultaron información, cómo

transcurrieron sus entrevistas con el general Milans.

El general Gabeiras señala en sus extensas declaraciones el error que supuso

abolir los consejos

de guerra sumarísimos, cómo y por qué se adelantó a las llamadas del Rey y de

qué forma dirigió las operaciones, para evitar que se produjesen muertes,

extremo que se convirtió en una especie de obsesión.

Este es el testimonio de excepción que Diario 16 ofrece a sus lectores

Jose Manuel Gabeiras Montero, sesenta y seis años, teniente general del

Ejército en el grupo B Vive con su mujer y sus hijos en una casa en San

Francisco de Sales No tiene servicio. Toda una dilatada vida militar se refleja

en las numerosas metopas y efectos militares que adornan las paredes.

También hay recuerdos de viejas campañas.

En un pequeño despacho, en una esquina, aún se amontonan papeles, escallas,

documentos personales que no quedaron en su despacho del Cuartel General del

Ejército, en el palacio de Buenavista.

Un tresillo y una mesa baja están cerca. Y, junto a la ventana, dos butacas y la

mesa camilla.

María Rosa Vázquez, señora de Gabeiras, sirve unas copas y una merienda

Ella no ha perdido en absoluto el i acento gallego que al general tan sólo se le

adivina cuando ríe o cuando se enfada

El general se ha dispuesto a hablar después de dos años No hurta ningún tema No

elude ninguna cuestión Tan sólo es cauteloso, como era de esperar, en los temas

que pudiesen afectar a los secretos de Estado, de los que cuenta con un gran

caudal

Su imagen de «general inglés» retirado no le abandona en ningún momento. Ni

cuando para añadir contundencia a sus palabras golpea con energía la mesa

camilla o cuando agudiza la mirada para defenderse bien de la estocada de la

pregunta.

Como un auténtico maestro de la esgrima, jamás baja la guardia Sonríe con

facilidad, se altera a menudo

—nunca descompone la figura— y se deja a veces apostillar por su mujer, que tan

intensamente vivió con él duros momentos en el Cuartel General

En la habitación de al lado, un pastor alemán, «Toxo», ladra cuando escucha

gritar al general, que a lo largo de la entrevista lo hace con frecuencia Se

exalta al hablar de España y de «su» Ejército, responde a la gallega cuando se

pone en cuestión la actitud de determinadas personas y es tajante al asegurar

«En todo momento, durante el 23-F, tuve la situación en la mano»

—¿Consideró alguna vez, a lo largo de su carrera, la posibilidad de llegar a ser

jefe del Ejército de Tierra?

— Yo no pensé nunca llegar a ese cargo. Pese a mi experiencia de mando, yo he

meditado siempre, muchas horas, en cómo tendría que

DOS AÑOS DESPUÉS

actuar en casos determinados.

—¿Y cuál es esa forma de actuar?

— Hay un artículo en la Constitución que da una misión muy clara a las

Fuerzas Armadas, que he

procurado tener siempre presente.

—¿Ese articulo guió su actuación la noche del 23-F?

—El 23-F, a las seis y veinticinco de la tarde, yo vi que el poder ejecutivo y

el poder legislativo estaban secuestrados. En el momento en que oí por la radio

aquello mandé al téniente coronel Aguilar al Congreso para que me informara

directamente, ya que las noticias que se recibían por radio eran que si unos

guardias civiles, que si esto, que si lo otro...

—Cuando contó con todos los datos, ¿qué decisión tomó?

— Llegué a la conclusión de que si ambos poderes estaban secuestrados la defensa

del orden y la defensa de la Constitución no la tenía nadie más que las Fuerzas

Armadas Estas tienen un jefe supremo que es el Rey

— ¿Tomó de "motu proprio" alguna medida concreta?

— Inmediatamente tomé medidas, adelantándome ya a la llamada de Su Majestad

¿Por qué?

—Porque para mí, el único responsable entonces eran las Fuerzas Armadas, puesto

que los demás poderes estaban bajo coacción. Las decisiones correspondían a un

órgano colegiado la Junta de Jefes de Estado Mayor, pero de esas decisiones el

responsable era yo

—¿Cuáles fueron las razones que le obligaron a adelantarse a la llamada del Rey?

—En esos momentos yo me adelanté a la decisión, porque las decisiones si no son

oportunas no sirven para nada Yo actué con la seguridad, por esa unidad de

doctrina que adquirimos los militares a lo largo de nuestra carrera, de que mis

decisiones serán ratificadas

—¿Cuál fue la primera medida?

— Ponerme en contacto con el capitán general de Madrid, valiosísimo apoyo, lo

mismo material que moral, para que tomase medidas en el caso de que la situación

en el Congreso fuera «in crescendo» y cortar cualquier tipo de apoyo a los

asaltantes

Apoyos

—Sí, pero cortarlo, ¿con quién?

Con las unidades que inmediatamente se pusieron a mis órdenes, que fueron la

Brigada Paracaidista y la Brigada DOT (Defensa Operativa del Territorio)

—¿Quién mandaba la DOT en aquellas fechas?

—El general Lago, que en paz descanse En la Brigada Paracaidista estaban

dispuestos, en alerta, por si

se les necesitaba

—¿En qué pensaba en aquellos mementos?

— Yo me había propuesto que por mi culpa no habría otro muerto en España.

Por eso, si yo pasé algún momento de violencia fue con esa doble dependencia de

las Fuerzas de Segundad del Estado del Gobierno provisional, que por cierto no

enlazó conmigo, mientras yo estuve todo el tiempo pendiente de los contactos con

el general Aramburu y con el general Sainz de Santa María.

—¿Qué temía?

—Yo no quería que actuasen en acciones de fuerza sin mi consentimiento. Porque o

toma uno solo la dirección de las cosas...

Es la misma razón por la que yo no dejé ir al general Armada de mi despacho,

porque yo no quería que se alterasen o se tergiversasen en ningún sentido mis

órdenes y mis decisiones.

El quid de la actuación está en que actué bajo el convencimiento de que las

Fuerzas Armadas tenían que asumir la misión que les daba la Constitución. Hay

que dejar muy claro que el 23-F fue cortado por la acción de las FAS bajo las

órdenes del Rey

Y como brazo ejecutor, el jefe del Estado Mayor del Ejército.

—Con la perspectiva de dos años, ¿cuáles recuerda como las dificultades más

importantes de aquella noche?

—Yo no puedo decir que hubiera dificultades. Desde el primer momento actué con.

esa serenidad que Dios siempre me da en los momentos más difíciles. Quizá nunca

en mi vida estuve tan sereno como en ese momento

—Pero en los primeros instantes habría una fuerte

tensión ante una situación inesperada.

—Desde el momento en que se produjo el asalto yo tuve la certeza de cuál era la

actitud de la gente que estaba dentro. Cuando tomé contacto con Alacalá Galiano,

que estaba allí y no había recibido órdenes de nadie yo le di una orden

preguntándole primero si estaba dispuesto a obedecerla, puesto que no tenía

autoridad sobre él. Alcalá Galiano fue a Tejero y le conminó, según yo le había

ordenado, por lodos los procedimientos menos los que puedan causar una acción

violenta

—¿Desde el primer momento trató de evitar las reacciones violentas, incluso

cuando no se sabían las repercusiones del asalto?

—SI. Yo estaba viendo que en cuanto hubiera una reacción violenta, los primeros

que cascaban eran el Guti y Carrillo, y con eso no quiero ponerlos a los dos

juntos en ningún sentido y mucho menos en el ideológico.

Tiempo al tiempo

—¿Qué le respondió Alcalá Galiano?

—«Mi general, como no sea por la fuerza, a tiros, no hay solución», Entonces le

respondí «No, porque entonces se produciría una matanza.»

A partir de ese momento, ya había empezado a llegar gente a mi lado el general

Mendívil, el general Esquivias. Yo entonces ya sabía que lo de las Cortes era

cuestión de darle tiempo al tiempo, de dejarlos allí y que se montase la

seguridad exterior.

— Entonces, ¿no hubo ningún momento crucial esa noche?

— Si, lo hubo, cuando me dijeron que salla la compañía de la Policía Militar de

Pardo Zancada. Hablé con Aramburu y con Santa María y les dije: «¡Ojo y ni

hablar de ponerse delante!»

Yo sabía que salían con la intención de unirse a Tejero, me lo dijo el general

Quintana, que me fue contando todos los pasos hasta la llegada

—¿Qué orden dio entonces, cuando llegaron?

— Dejarlos pasar. En cuanto se opusiera una resistencia y empezaran los tiros

yo sabia que ya no los paraba nadie.

—¿Se hubiera dado el enfrentamiento entre los propios compañeros?

—Tengo la completa seguridad, y sigo convencido ahora, de que si sale la Brigada

Paracaidista y la Unidad de Operaciones Especiales no se enfrentarían.

Yo tuve la absoluta seguridad de que mi propósito de que no hubiera un solo

muerto lo iba a cumplir.

Decisiones

—¿Todas estas decisiones se tomaron en su despacha del palacio de Buenavista?

—Tenía que actuar desde allí al tomar este mando para estas ocasiones especiales

El ir a la Junta de Jefes de Estado Mayor —por ejemplo — significó el perder

hora y media, aunque desde la Junta pude hacer algo en relación con el

regimiento Villaviciosa y con la brigada de Cartagena

Pero hasta que regresé a mi despacho no pude actuar sobre el resto de las

unidades de la Tercera Región

—¿Qué sensación sintió al enterarse de que Milans se había levantado?

—Tuve la sensación de que estaba representando el papel más o menos teatral que

representó siempre Tengo el convencimiento de que su actuación fue en la

creencia de que le iban a seguir sus compañeros

Yo sabía que si no le seguían no pasaba nada y tendría que meter el rabo entre

las piernas

—¿Cómo actuó usted ante estos hechos?

— Estableciendo ios contactos con los que yo sabía que tenía que establecerlos

«|0jo y que no se mueva nadie1» Alguno me preguntaba «¿Pero no hay . 7» «No

hay nada de nada, nada más que obedecer las órdenes del Rey que estoy dando

yo »

—¿Ya habla hablado con ellos el Rey

— Con los primeros que hablé, todavía no habían recibido la llamada Hubo

comentarios luego sobre mi actuación, pero es que yo, de las Baleares y las

Cananas me olvide por completo, como si no existieran.

Control

—¿No tuvo nunca la sensación de que se perdía el control?

—En absoluto. A las seis y media de la madrugada decidí tumbarme un rato,

poniéndose el general Esquivias al teléfono y estuve como tres cuartos de hora

así, entre sueños, enterándome que hablaban por teléfono, pero descansando

—¿Y el famoso libro de notas que usted fue temando a le largo de la noche?

—Ese libro £o tengo yo guardado en un lugar que no sabe nadie, junto con otros

documentos más importantes.

—¿Le sorprendió la orden del entonces presidente Suárez para que arrestara al

general Armada?

— La sorpresa mía fue cómo apareció el general Armada a las dos y pico de la

mañana de vuelta de la entrevista con Laína y que no me dijeran ni una

palabra, ni Laína, ni el gobernador civil, ni nadie.

—¿Fue después del arresto del genera! Milans?

—El general Milans estaba ya destituido y arrestado Yo ya se lo había

comunicado, orden confirmada ¡uego por el Rey, en conversación con los dos

teléfonos, hablando conmigo y comunicando con Milans

La de Armada fue por motivos que le llegaron al presidente Suárez a través de

Laína A mí no se me

comunicó nada.

Arrestar a Armada

—¿Pero se sorprendió o no de la orden de arrestar a Armada?

—Sf, me sorprendí sin que con esto emita ningún juicio Yo no puedo decir si

Armada lo había preparado antes, si no lo había preparado, si se montó a caballo

—¿Cuál fue el momento más desagradable de todo el 23-F?

— Fueron las últimas entrevistas con el general Armada y con el general Milans.

Entrevistas que yo sabía que luego podían ser manipuladas y que no hice «vis a

vis», sino que las hice llamando al general Quintana, que es mi otro yo, para

que estuviera presente y no pudiera haber motivos de duda.

—¿Cómo respondió Milans cuando le comunicó su arresto?

—Estuvo callado, callado, le expliqué los motivos, le dije «me desobedeciste, me

mentiste, tres veces»

No dijo una palabra Solamente «¿puedo ir a ver a mi padre» Le dije «sí, ahí

tenes un coche con policía militar que es tanto para tu seguridad como para la

nuestra» Y se fue a ver a su padre Le di dos horas y media para ir a la Moraleja

y ni siquiera le pedí palabra de honor

La Acorazada

—¿Qué pasó realmente en la Acorazada?, general

—En la Acorazada ocurrió lo que se dijo en las declaraciones Ahí hubo una

actuación del general Juste no perfecta, pero que sin embargo del mal salió bien

Porque, claro, el general Juste, por mucho que se quiera decir si tienes un

capitán general en Madrid, el general Quintana y un jefe del Ejército a los que

conoces desde hace muchos años, al concluir una cosa de esas, que se desarrolla

durante horas, ¿no estableces ningún contacto con Quintana o conmigo Eso se lo

he dicho a algún otro de la Acorazada también Es imperdonable en muchos mandos

—¿Se quebró la línea jerárquica?

—Sí porque además a eso iba unida una relación personal prolongada, de muchos

años.

Nos preguntábamos el general Quintana y yo, «¿pero cómo a estos tíos, ni a ti ni

a mí, se les ocurrió decirnos nada?»

—¿Y !os capitanes generales, !a respetaron?

—Todos los capitanes generales esperaron mi llamada, algunos se adelantaron Por

ejemplo, yo conocí el bando de Milans, porque me lo dijo el general Fernández

Pose, desde La Coruña, cuando ya era conocido a otros niveles

Yo, las noticias del bando las recibí de Fernández Pose, porque el general

Milans, tratando de convencerle, ya le había hablado de ello

—¿Recibió muchas Mamadas de jefes, ofreciéndole su apoyo?

— Llamadas de las que llegaban en esta forma no las recibí, las recibía mt

secretario o alguno de los generales que estaban allí conmigo Pero llamadas así

no hubo muchas Presentaciones, sí hubo muchísimas, tantas, que tuve que

evacuar la sala

El juicio

—¿Cuál fue el momento peor del juicio de Campamento para usted?

—Cuando un señor que no se quién es, porque me quise olvidar, porque yo tengo un

poder de inhibición, que algunas veces me da miedo, me preguntó si yo era el

«elefante» No logró sacarme de

quicio, hice de tripas corazón y aguanté mucho

—¿Se ha sentido en algún momento acosado por la forma en que fue ascendido a

teniente general y a jefe del Estado Mayor?

—Sí, lo he sentido, lo sentí y lo siento

-Volviendo ai 23-F ¿Qué hubiera pasado si, como tenían previsto los golpistas,

los tanques de la División Acorazada hubieran avanzado por la Castellana?

—Hubiera sido un desastre, hubiera sido la «debacle», nos hubiéramos quedado sin

carros

—¿Por qué?

—Porque la Brigada Paracaidista, la Unidad de Operaciones Especiales y los

verdaderos infantes, a los carros en la calle se los cargan de todas todas En la

calle, en Madrid, los carros contra unos infantes instruidos y adiestrados no

tienen nada que hacer. Nada, nada en absoluto

—La JUJEM tiene que soportar todo el peso del intento de golpe y lugo viene et

relevo —¿Cómo interpreta el re/evo global?

—A ese relevo le inventé yo una interpretación

El califa

—En su última etapa como JEME, el teniente general González del Yerro viajó

varias veces a Madrid y se entrevistó con políticos del partido del Gobierno y

la oposición Esto despertó muchos comentarios.

¿Qué pasó?

— Hay unos cuentos infantiles que son el «Califa Haarum el Pussah» (el que se

está haciendo pis siempre), y el gran visir «Is Not Gocd» (el que no es bueno)

Califa no había más que uno y grandes visires muchos y todos los visires

querían ser califas en lugar del califa ..

— Dos años después, ¿cuántas cosas han cambiado en las Fuerzas Armadas?

— Yo creo que en las Fuerzas Armadas han cambiado pocas cosas, como no sea

mayor dotación y mayor contribución a la profesiona-íización. En (as FAS lo que

sí se ha consolidado es, dentro de ese crecimiento de la pro-fesionahdad, la

obediencia al poder constituido. Y, naturalmente, como secuela de esto, el que

el Ejército debe estar en su sitio y que lo único que tiene que hacer es

dedicarse a su adiestramiento

—¿Qué falta por hacer a la reforma de! teniente genera! Gutiérrez Mellado?

— La reforma empezó cuano yo llegué y ordené que se empezase a estudiar la

funcionalidad del Cuartel General del Ejército y en eso estuvimos un año

Esa reforma se inició a finales del año setenta y nueve y continúa Tardará

varios años en llevarse a cabo y, en algunos aspectos, muchos más

Tenemos un Ejército de doscientos cincuenta mil hombres en el que, de entrada,

se puede decir que hay cincuenta mil completamente desaprovechados, porque el

Ejército español tiene un despliegue que data del año mil ochocientos catorce,

de cuando Napoleón se marchó ¿Cómo se modifica este? Con dinero y espacio

—¿Cree posible que se pueda volver a repetir un nuevo veintitrés de febrero?

— Gente absurda que piense lo que le dé la gana, puede haberla; eso es

indudable. Pero esa fase de consolidación, de secuencias de la experiencia del

veintitrés de febrero, de concienciación de que el Ejército está para lo que

debe estar, creo que se va logrando y que el nesgo irá desapareciendo a medida

• que el Ejército vaya paliando la desprofesionalización que sufrió a lo largo

de cuarenta años.

—¿A lo largo de cuarenta años?

— Se desprofesionalizó, pero su espíritu de cuerpo, su espíritu colectivista

seguía vivo y cuando esto ocurre se meten en camisa de once varas.

Unos y otros

—¿Y cuál es la solución?

—No tenemos más que ser Ejército Por ley natural y por la desaparición del

generalísimo Franco hemos tenido una transición, gracias a Dios, sensata, con un

apoyo masivo del pueblo Ahí tiene que estar a! Ejército, al servicio del poder

legítimo Esta legitimidad proviene ahora, gracias a Dios, de una manifestación

popular

Como lo estuvo en el régimen anterior, cuya legitimidad procedía de una guerra

ganada, legitimidad de muchos regímenes actuales, y para eso me baso en mi

convencimiento de que no se gana ninguna guerra sino se cuenta con la ayuda de!

pueblo. Por esta misma razón no prosperó el maquis, porque no tenia santuario, y

por eso subsiste ETA, porque goza de «santuario». Yo no paso porque se esté

metiendo cizaña sobre lo de antes y lo de ahora

—¿El veintitrés de febrero fue una conspiración civil que utilizó al Ejército o

fue una conspiración netamente militar?

—No tengo elementos de juicio ni creo que los tenga nadie para saberlo.

—¿Y el veintisiete de octubre?

—Ya sé que ahora el ministro Serra está hablando de este tema, pero yo ya se lo

dije a Oliart, «¡no vais a averiguar nada más, no vais a sacar nada más en

limpiol».

Las sentencias

—¿Qué le pareció la sentencia del veintitrés de febrero?

—Yo no quiero meterme dentro de la justicia, que para mí la justicia en España

es otra de las cosas que necesita una reforma draconiana Yo no concibo que a un

señor le hagan jurar lo que ocurrió tres años antes cuando va al juicio, porque

podrá acordarse al día siguiente, a los tres días o a los cuatro, pero a tos

tres años de ser sometido a masaje cerebral por todos los medios. .

—¿Y en este caso concreto del veintitrés de febrero?

—En sucesos de esta índole, fue un error el suprimir el consejo sumarísimo,

desde el momento en que está suprimida la pena de muerte y, por tanto, no hay

nada irreversible que pueda ocurrir como consecuencia de un consejo sumarísimo

De esta forma se

Fernando Reinlein — ¿Qué

sintió al enterarse que Milans se había levantado?

General Gabeiras — Tuve la

sensación de que estaba representando el papel más o menos teatral que

representó siempre Victoria L

Lafora — ¿Qué le

dijo el general Milans cuando le comunicó que estaba arrestado? General

Gabeiras — Estuvo callado. Callado. Le expliqué los motivos. Le dije: Me

desobedeciste, me

mentiste, tres veces...

Fernando Reinlein — ¿Por qué se adelantó a la llamada

del Rey para tomar medidas la tarde del 23-F?

General Gabeiras — En esos momentos yo me adelanté porque las decisiones si no

son oportunas no sirven para nada

Victoria Lafora — ¿Y cuál fue su primera medida?

General Gabeiras — Ponerme en contacto con el capitán general de Madrid,

Guillermo Quintana, valiosísimo apoyo moral y material, para cortar cualquier

tipo de apoyo a los

asaltantes Fernando

Reinlein — Pero cortarlo, ¿con qué?

General Gabeiras — Con la Brigada Paracaidista y con el Batallón de Operaciones

Especiales de la DOT, que los había alertado

Victoria Lafora — Desde el primer momento trató de evitar acciones violentas,

aun

sin saber lo que pasaba en el Congreso

General Gabeiras — Sí. Yo estaba viendo que en cuanto hubiera una reacción

violenta los primeros que cascaban eran el «Guti» y Carrillo 99

23 febrero-83/Diario 16

DOS AÑOS DESPUÉS

(Viene de pág.III)puede sacar más información

—Pero, respecto a las sentencias, ¿qué opina?

— No me quiero meter, pero yo opino que, exactamente igual que hay

jerarquías en el Ejército, ésta existe en la responsabilidad, por tanto la

responsabilidad de arriba y abajo tiene que ser considerada con la misma

graduación.

—Esto nos lleva al «pacto del capó».

— Para mí el «pacto del capó» no tiene ninguna importancia Además, yo lo he

dicho en el juicio.

Yo, en aquel momento, porque salieran les hubiera ofrecido la luna Y para

que no haya ningún muerto en España les ofrezco la luna. Y, ¿qué pasa? Cuando

me lo dijeron, contesté´ sí. Y luego lo pasé a la superioridad, que lo ratificó.

Hecatombe

—En sus declaraciones publicadas recientemente, el teniente general Manuel

Gutiérrez Mellado habla de que el 23-F pudo ser una hecatombe, de que pudo

repetirse la guerra civil..

— Es distinto verlo desde dentro y bajo la amenaza de una pistola y unos

bigotes. Yo tuve desde el principio el convencimiento de que no iba a pasar

nada. Siempre, claro está, que se tomasen las decisiones adecuadas

Si nosotros reaccionamos violentamente, hubiese habido muertos en el

Congreso, huelgas revolucionarias en algún sitio, guarniciones que se

sublevan. . Hubiese sido una hecatombe

Esa es la visión lógica, desde dentro, del teniente general Gutiérrez Mellado

Yo, desde fuera, lógicamente tenía otra. Repito, tuve el convencimiento de

que lo cortaba y lo corté.

—¿Hubo reticencias en alguna Capitanía General...

— Eso queda para la historia.

—Estamos haciendo historia

— No. No puedo hablar de eso porque tendría que hablar de mi llegada al Consejo

Superior del Ejército y de cosas que son secretas.

—¿Se le dio a los Consejos Superiores de los Ejércitos más protagonismo tras el

23-F del que tenían antes?

—No El mismo. Exactamente el mismo Lo que ocurre es que los Consejos Superiores

también han evolucionado. Como todo

—¿Qué le han parecido los últimos nombramientos ?

—Sólo puedo decir que mi testamento se ha respetado Tengo esa satisfacción

— ¿No existe ahora el riesgo de que los ascensos, al clasificar en función de

cursos, calificaciones anuales, etcétera, cierren el paso a quienes

manifestaron en épocas pasadas sus simpatías por la Constitución?

— Eso no va a suceder Hubo quien lo intentó. Pero con la ayuda de varios

«Quintanas» se pusieron las cosas en su sitio.

Reformas

—Ahora se habla de las nuevas reformas, de reducción de Capitanías..

— Sí, claro Porque hay nueve Capitanías Generales —«aínda mais» Baleares

y Canarias—, pero nada se dice de la Marina, ni del Aire. Y ¿por qué no dos

departamentos marítimos?

Y ¿por qué no una región aérea? Porque lo que está claro es que el Ejército debe

ser más que la Marina o el Aire Porque la defensa, al final, se hace en la

tierra, y en la tierra están las bases navales y aéreas.

—En el caso de la Marina, cuyos mandos abogan por una Armada oceánica, se pone

como razón que el noventa por ciento del abastecimiento le llega a España por el

mar

— iClaroi ¡Y, a Suizal Lo que ocurre es que luego tiene que ir en tren Eso

no justifica una Marina oceánica Primero, necesitamos una defensa terrestre.

Luego, una defensa de nuestras costas Y en tercer lugar —pero eso ya para apoyo

de nuestra política exterior— es cuando necesitamos una Marina atlántica

— Pero, ¿no cree que existen sectores en las Fuerzas Armadas que pueden

querer ser los tutores del sistema, estar por encima del sistema y de forma

autónoma. ?

—Los sectores integristas que se nuclearon en torno al 23-F salen a relucir de

nuevo con motivo del fallecimiento del viejo general Milans del Bosch, se han

visto algunos que sí matizaban con ellos

Estos sectores existen, indudablemente ¿Con poder de hacer algo? No Lo que pasa

es que un petardo puesto en el patio no hace nada Pero puesto junto a una

bombona de gas, hace más efecto.

Cambio

—Entonces, las cosas han cambiado realmente...

— Sí Ha calado hondo, hasta el soldado. Sé de soldados que lloraron al saber

que se iba el general Gabeiras Los mandos, en el Cuartel General, me

eran muy fieles. Conozco al Ejército y sé que es consciente de que tiene un

deber que cumplir, que es esforzarse, perfeccionarse para el cumplimiento de

su misión a través de un espíritu de cuerpo grande y una profesionalidad

mayor todavía

—Pero la propia idiosincrasia de los militares, la jerarquización, puede

facilitar la manipulación por parte de fuerzas políticas conservadoras.

—Por parte de la subversión involucionista sigue existiendo al mismo nivel. Y

por parte de la subversión revolucionaria también. Y seguirá existiendo toda la

vida

Lo que sucede es que la acción de la subversión involucionista va hacia niveles

medios y altos y la subversión revolucionaria va a niveles bajos o medios.

—¿Es usted partidario de la existencia de un poder militar autónomo?

— En absoluto De eso se ha hablado muchas veces y lo ha hecho el teniente

general Cabezas Calahorra en sus artículos. Otra cosa es la necesidad de cierta

autonomía funcional en lo orgánico y en el régimen interior. Eso sí que es

necesario Pero nada de esto significa autonomía del poder. El poder es único

—¿Debe participar el Ejército en las tareas legislativas?

— No Pero, sin embargo, creo que la voz de las Fuerzas Armadas debe

escucharse cuando se resuelvan los temas de Defensa en el Parlamento. La voz

de la profesionalidad es importante que esté presente en la toma de esas

decisiones.

— ¿Por ejemplo, en el FACA?

— Por ejemplo, en el FACA La elección del avión F-18 la hizo el Ejército del

Aire, que sabe precisamente cuáles son sus necesidades. Y ahora vienen los del

Tornado, que —al margen de otras consideraciones técnicas — ofrecen en este

momento cosas que no ofrecieron antes de que se tomase la decisión.

—Pero el sistema parlamentario tiene unas reglas .

—Al régimen de partidos le falta, a mi juicio, una cierta llamada a lo orgánico,

que permita oír la voz de las instituciones

—¿Y nuestra clase política . ?

— Nuestra clase política hoy es muy joven, no tiene experiencia. Claro que eso

es la consecuencia de cuarenta años de los que no se les ha dejado hacer

política. Por eso creo que dentro de veinte años seguirán siendo los

mismos, pero con más experiencia

— Y antes, ¿no existe la posibilidad de que algún militar se sienta tentado por

el poder ?

— Mire usted, nosotros no servimos para gobernar No estamos preparados para

eso Ahí tiene usted dos casos. Argentina y Chile, donde gobiernan los

militares, aunque con orígenes diferentes —en Argentina casi fue un clamor

popular— ¿Y a qué han llegado?

—¿Cree que el 23-F se hubiese podido prevenir con unos servicios de información

eficaces?

—Sí. Por supuesto.

—¿Fracasaron entonces, en general, los servicios de información el 23-F?

—Yo no le llamaría ni siquier a fracaso No podían hacer nada, porque sólo había

buena voluntad. Los servicios de información para ser eficaces deben de actuar

algunas veces con procedimientos no limpios, con agentes especializados, en la

seguridad de que muchas veces serán agentes dobles o triples

—¿Entonces habrá que reformarlos. .. ?

—Naturalmente. Es precisa una inteligencia del Estado Los servicios de

información militar son una parte de esa inteligencia del Estado.

—¿Qué pasó con el comandante Cortina?

—Sin entrar a juzgar la actuación del comandante Cortina, sí debo decirle que en

unos servicios de información que sean tales, la actuación de un agente eficaz

siempre tendrá algo de extraño, que no puede aclararse y darse a la luz pública

sin poner en peligro la eficacia del servicio

— El presidente de las Cortes dijo que ahora gritar «¡Viva la Constitución!» es

lo

mismo que gritar «¡Viva España!» ¿Es cierto?

— Yo creo que no. La Constitución es para España Y desde ese momento, pues,

hay una diferencia. Y el grito de «¡Viva España!» es la exaltación de todo lo

que contribuye a que España sea lo que debe ser El «|Viva la Constitución!»

tiene un peligro. . «|Viva la Pepa».. «jViva la del setenta y tres1» ..

«|Viva la del cuarenta y ocho´» .. La Constitución, repito, es para España. Y el

concepto de España son cuatrocientos noventa y dos mil kilómetros cuadrados,

treinta y ocho millones de habitantes...

Sin traumas

—Los socialistas han ganado las elecciones y no ha habido ningún trauma. ¿Cómo

lo valora después de todo lo que se dijo de que el Ejército no iba a tolerar un

triunfo de la izquierda?

—Lo decían estos mismos de aquí, los que gritaban «IEjército al poder!», y yo

decía. «[Nombradme un Gobierno´» La valoración, desde el punto de vista del

Ejército, es sencillamente que está en su sitio, a las órdenes del Gobierno

legítimamente constituido

—¿Ha existido alguna vez la tentación, por parte de la cúpula militar, de

acercamiento al Rey cortocircuitando al Gobierno?

— Eso no lo puedo decir yo en unas manifestaciones. Hubo, efectivamente,

alguna ocasión en que esto se planteó, con la finalidad de lograr una cierta

independencia, pero se rechazó enérgicamente, ya que Su Majestad el Rey tiene

que estar por encima de todo.

A lo largo de la entrevista el tema de la UMD planeó por la habitación Pero fue

el propio general Gabeiras quien lo puso sobre el tapete.

— Hubo cosas mal hechas Sé que el movimiento surgió en Barcelona y por culpa de

quién surgió Pero lo que no se puede hacer en ningún caso es comparar las

consecuencias de la UMD con las que pudieron provocar los del 23-F.

—¿Cree que el tema de la UMD es un problema del Ejército?

— No Es una cuestión que debe resolver el Gobierno y el Parlamento Lo que

yo siempre he hecho cuando se me ha pedido es informar. Como en septiembre de

mil novecientos ochenta, en que le pasé al ministro un informe de treinta folios

cuando se planteó el tema de la proposición de ley

— Volvemos al 23-F, a las manifestaciones del teniente general Gutiérrez

Mellado. «Cuánto veneno había en muchas mentes», ha afirmado ¿A quién cree

usted que se refería?

Posiblemente a todas las mentiras que se han dicho de él Todo lo que se ha

escrito sobre su pertenencia a los servicios de información. .

Todo eso no es más que veneno mal vertido

Gutiérrez Mellado tiene que darse por satisfecho de que todas esas cosas que

dicen de él son, como en mi caso, mentiras. Yo tengo esa satisfacción Los

ataques que me han dirigido no son más que mentiras sin

fundamento

Fernando Reinlein — ¿Le sorprendió la orden del presidente Suárez de que

detuviese a Armada?

General Gabeiras — Lo que me sorprendió fue ver aparecer al general Armada a las

dos y pico

de la madrugada de vuelta de la entrevista con Laína y que no me dijesen ni una

palabra, ni el gobernador

civil ni nadie

Victoria Lafora — ¿Pero se sorprendió o no de la orden de arrestar al general

Armada?

General Gabeiras — Sí, me sorprendí, sin que con esto emita ningún juicio

Fernando Reinlein — ¿Qué hubiera pasado si los carros de combate de la DAC

llegan a la Castellana?

General Gabeiras — Habría sido un desastre.

Habría sido una débacle.

Nos hubiéramos quedado sin carros de combate

 

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