Enseñanzas y advertencias del 23 de febrero     
 
 ABC.    23/02/1983.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

MIÉRCOLES 23-2-83-

ABC, pág. 15

OPINIÓN

ENSEÑANZAS Y ADVERTENCIAS DEL 23 DE FEBRERO

A raíz del intento del golpe de Estado del 23 de febrero ABC se pronunció sin

paliativos contra el más grave intento de quebrantar la Constitución.

En defensa de las libertades democráticas y de la Corona, que se alzó como

garante de la legalidad, ABC propuso, en horas de confusión y gravedad, la

formación de un frente democrático que, de derecha a izquierda, cerrase filas en

defensa del orden constitucional frente a cualquier prolongación del intento.

Hoy la situación es muy "otra. La más alta jurisdicción castrense ha juzgado

severamente a los protagonistas de {a sedición. Y la opinión pública en su

mayoría ha dejado de temer una amenaza de esta naturaleza.

A los dos años de fracasar el golpe de Estado hay, sin embargo, una respetuosa

advertencia que ABC quiere plantear en este aniversario.

No creemos que la convivencia libre y pacífica de los españoles pueda

garantizarse fuera del modelo de la democracia occidental No creemos que un

régimen democrático sea viable en España sin el aval de la Corona. Es necesario

un compromiso renovado y público de las. fuerzas políticas y de las

instituciones para defender y consolidar el sistema democrático.

En estos tres puntos se resume nuestro pensamiento el 23 de febrero de 1983.

Empezamos por esto último, la democracia pluralista es un sistema caracterizado

por la recíproca limitación de las instituciones y los poderes.

Gracias a ese sistema de equilibrios y contrapesos, un partido no puede

imponerse indefinidamente sobre loa demás, como hizo el PRI

mexicano; ni un sindicato puede dictar su ley a la economía nacional, como

ocurrió en Argentina; ni una corriente militar puede imponerse al resto del

país, como hicieron los oficiales del nasserismo; ni un grupo industrial puede

financiar un golpe, como hizo Thyssen en la Alemania de entreguerras. Esos

cuatro ejemplos, que no evocamos al azar, desembocaron antes o después en la

tiranía y en la ruina. Por eso hoy sentimos el deber de señalar, sin alarma,

pero con preocupación, algunos síntomas estrictamente antidemocráticos que,

desde el comienzo de este año, nos llegan desde el Poder.

El primer síntoma se refiere a la política militar: hoy por hoy no existe

posibilidad de modernización de nuestras Fuerzas Armadas fuera de la OTAN.

Mantenerlas al margen del mando militar integrado de la Alianza Atlántica

constituye un peligro del que es necesario advertir públicamente al Gobierno.

Nuestra desvinculación militar de la OTAN colocaría a nuestros Ejércitos en

trance de indefensión frente a un ataque del Este, o en grave dificultad frente

a una amenaza del Sur.

La separación de la OTAN nos devolvería al aislamiento, a la dependencia muda de

Norteamérica o a la plena inseguridad.

El segundo síntoma se refiere a la política económica: el mantenimiento de las

libertades no es separable de las libertades económicas. Si el Gobierno

alarma a los grandes, medianos y pequeños empresarios con un intervencionismo

creciente, las empresas acabarán por enfrentarse con el Gobierno. Las

consecuencias de estancamiento, desempleo y falta de inversión no se, rían

previsibles.

Hay una nueva amenaza contra las libertades en el uso que se hace desde el poder

de los medios de comunicación estatales. Uso frecuentemente abusivo, avasallador

e irritante, en el que el partido del Gobierno parece confundir los bienes

públicos —radio, prensa y televisión del Estado— con su particular propiedad.

Es una tendencia alarmante que dice poco sobre el llamado «partido de las

libertades». Vemos en esta conducta una degradación del espíritu democrático:

con todo respeto, y hoy que estamos a tiempo, advertimos de ese peligro a los

responsables del poder.

Un nuevo frente de preocupación se abre en la actividad legislativa- conviene

repetir que la mayoría limpiamente obtenida por el socialismo no es una mayoría

definitiva, precisamente porque la esencia de la democracia radica en la

capacidad de los gobernados para cambiar a los gobernantes.

Si al amparo de una mayoría parlamentaria tan holgada el* partido del Gobierno

hiciera una ley electoral a su medida, dificultara el control del censo o

comprometiera la igualdad de oportundades entre los distintos partidos, nos

encontraríamos ante un daño al pluralismo democrático probablemente

irreversible.

Nos hallamos así entre algunos ejemplos que nos llevan al fondo de la cuestión:

el cambio gradual, libremente debatido, pactado y respaldado por la inmensa

mayoría, es lo que caracteriza a las democracias liberales en una época en que

la sociedad industrial es pacíficamente desplazada por la revolución

tecnológica.

En este momento histórico España, a medio camino de su desarrollo, corre el

riesgo de quedar descolgada del grupo de países prósperos que se agrupan en la

OCDE. Si el socialismo quiere convertir una amplia victoria electoral en una

máquina de laminar discrepantes, nos hallaremos ante un proceso de

desintegración de la sociedad abierta promovida en España, desde 1975, por la

Corona.

Si el socialismo comprende que su gran desafío es en los años SO la

consolidación y el arraigo de las libertades, habrá acreditado una justificación

histórica y su razón de ser.

La amenaza más fuerte contra la democracia no procede ya de la pequeña facción

que protagonizó el 23 de febrero. Ese peligro fue conjurado de forma que

estimamos definitiva con la intervención del Rey.

El riesgo más temible para la democracia está en los intentos de

tercermundización y en los usos de partido único que se advierten en el tono de

algunos triunfadores.

El predominio de esta tendencia terminaría con toda esperanza de modernización,

nos anclaría en la crisis y desembocaría en la ruptura del PSOE con las

instituciones permanentes de la Nación.

 

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