Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   La democracia ha vencido     
 
 ABC.    06/06/1982.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

De ayer a hoy

La democracia ha vencido

El «Yo disiento» de Adolfo Suárez ha querido ser el «J´accuse» de Emilio Zola.

Sin embargo, la nobleza, el valor sereno y la grandeza pública de Adolfo Suárez

está mucho más que en ese artículo de periódico en su conducta de aquella tarde

del 23 de febrero de 1981 en el Congreso de los Diputados.

Entonces escribió una página romana, y me gustaría tener la elocuencia de

Mommsen para describir su coraje. Pero no es necesario, porque todos los

españoles vieron después de qué modo tan admirable asumió los riesgos y la

pesadumbre del Estado.

El depósito político que Adolfo Suárez obtuvo aquella tarde, no por cálculo,

sino por un sentido espontáneo de la responsabilidad, le obliga a jugar a la

historia y no al oportunismo, concentrándose en el nervio de los problemas que

ataca.

Y el nervio del Estado, que es el gran problema, no pasa por el juicio de

Campamento, no pasa por el Ejército, sino que pasa por la democracia. Esta es la

diferencia sustancial con el Estado autoritario.

Y la democracia ha vencido.

Esta democracia débil, titubeante, casi esquelética, ha sentado en el banquillo

de los acusados a un nutrido grupo de militares, algunos de los cuales eran,

acaso con razón, símbolos vivientes del Ejército.

Esta democracia, amedrentada por el miedo de su propia Gobierno y por la

arrogancia terrorista, ha conseguido deshacer terribles y peligrosas conjuras y,

sobre todo, la conjura contra el Rey, fraguada en el mismo ámbito del proceso.

Esta democracia perpleja, arrasada por innúmeras conmociones internas y por la

contradicción, se ha sobrepuesto con indomable energía a los actos de solemnidad

con los que se maltrató a los periodistas y se quiso coaccionar la libertad de

la palabra escrita.

Esta democracia que, por imposición de su propia naturaleza, posee, como todas

las democracias, instrumentos de autoridad infinitamente menos represivos que

una dictadura, ha acusado, juzgado y condenado a unos jefes del Ejército, a lo

cual jamás se atrevió la dictadura cuando sintió sobre sí el peligro militar,

actuando alguna vez contra ese peligro, por el contrario, subrepticiamente.

Esta democracia ha vencido. Los derechos de los españoles, recién sembrados en

la tempestuosa tierra democrática, han resistido ante una fuerza cuyo impulso

venía de las profundidades.

En este planteamiento histórico, y no meramente casuístico, es donde adquieren

su verdadera significación las sentencias de Campamento.

Y la peregrina y súbita obstinación del Gobierno en hacerse fuerte cuando la

Historia acertó lo principal, obstinación en la que incomprensiblemente le ha

seguido Adolfo Suárez, no sirve sino para reiterar los delitos y conservarlos en

su conjugación de presente en vez de remitirlos al pasado y si como ha hecho el

pueblo español con si vieja sabiduría, con su inmensa vitalidad.—CANDIDO.

 

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