Autor: Urbano, Pilar. 
   Boomerang hacia Aramburu     
 
 ABC.    14/04/1982.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

8/ABC

MIÉRCOLES 14-4-82

NACIONAL

Hilo directo

«Boomerang» hacia Aramburu

Con su barba blanca, en perilla, y a lo D´Artagnan sexagenario, y su uniforme

verde de la Benemérita, que sin duda olería a naftalina, porque hace años que el

general Prieto no lo viste, su estampa, allí ante la mesilla de interrogatorios,

era pintoresca.

Desde que le conozco, y hace ya tiempo, el general Prieto, sin mando, sin

destino, sin actividad militar y en «situación especial», porque uri buen día

decidió correr, sin éxito, la suerte electoral, es lo que se dice ... un

«comparsa» de todas las tertulias, de todas las últimas novedades.

El 23-F se lo pasó entre el Congreso y el Palace, tratando de prestar no sé qué

valioso servicio... Hasta que el general Sáenz de Santamaría le dio a entender

que estaba de más.

Que no volviese a entrar en el Congreso y que no diese órdenes por su cuenta a

los policías nacionales. Pero ayer, tentado por los focos de la Sala de Justicia

quiso vivir, el hombre, «su» protagonismo: «yo sugerí...», «yo vi...», «yo

oí...», «yo facilité unos teléfonos de Valencia...», «yo avisé a Aramburu...»,

«yo me fijé en la camisa de Armada...», «yo propuse a Tejero...». Al cabo de

varias horas de interrogatorio, temí que acabasen discutiendo cuántos milímetros

de bala se habían encasquillado en la pistola Astra de Tejero o si la camisa de

Armada era Ike, Terlenka o Tervilor, o si el general Santamaría iba de gris o de

beige.

El «cartucho» de mayor calibre que este testigo portaba en su recámara no era ni

la minigrabadora de bolsillo que aquel día llevaba encima (no ha querido negarlo

ni afirmarlo, pero sí ha reconocido su «afición magnetofónica... para conservar

memoria de las conversaciones»), ni su puntillo desdeñoso ante el general

Armada, a quien entre sus amigos llama «Comyn» y de quien, ayer, una y cien

veces dijo que «era el único jefe e interlocutor que admitía Tejero»; y que él

se maliciaba que «entre Armada y Tejero tuvo que haber una puesta de acuerdo,

antes de to del Congreso...»; y que «se olió algo» cuando vio a Armada llegar al

Parlamento con uniforme de gala... aunque todos los generales del Cuartel

General, que estaban con él y le vieron salir, han asegurado que iba con

uniforme de diario.

Pero, digo, el «cartucho» fuerte de este testigo fue, curiosamente, «no ver ni

oír», el incidente serio que tuvo a dos palmos: Tejero, pistola en mano,

diciendo a su director general, Aramburu Topete, que se vaya de allí porque él

no depone su actitud: «antes le pego a usted un tiro, mi general... y después me

mato».

Cuando declaró Aramburu, llegados a este punto dijo: «¡No comprendo cómo dice

Prieto que ni vio ni oyó nada de eso!... O no estaba allí, o se quedó sordo o...

no sé por qué declara así.» Y agregó: «Yo tengo un documento, firmado por el

general Prieto, en el que contradice esa declaración.»

Pero ayer, Prieto López negó que hubiese tal documento contradictorio. «Yo

redacté, a toda prisa, y a instancias de Aramburu, un informe de cuanto registré

aquel 23-F en el Congreso... Me lo pidió por la mañana del 4 de marzo, y se lo

entregué por la tarde.

Yo todavía no había declarado ante el juez instructor...» Entonces el letrado

López Montero se rasgó la veste negra y esgrimió el artículo 194, apartado 5,

del Código de Justicia Militar, que señala como «agravante» en los militares el

declarar con falso testimonio.

Lanzaba así una hipótesis grave de perjurio contra el teniente general Aramburu.

Se unieron a su petición imputatoria varios letrados; Y el presidente tuvo la

prudente cautela de solicitarle a López Montero que «lo formulase por escrito».

El artilugio, pues, puede convertirse en «boomerang» d& incisivo retorno contra

quien lo lanzó.

En ese mismo momento salí de la sala Telefoneé al general Aramburu, le di la

noticia y le pregunté: «¿Qué hay de todo esto?» Aramburu me dijo con firmeza:

«Sostengo que Tejero me amenazó con pegarme un tiro y después matarse él.

Sostengo que Prieto en el informe que le pedí, y conservo, del 4 de marzo, al

referirse a ese episodio, habla de "videncia", aunque después en su declaración

dijese que "no apreció violencia"... Y, además, tengo un artículo suyo,

publicado en "Interviú" y firmado por él, donde afirma "en cierto momento yo

temí por la vida de! general Aramburu"... Eso es lo que hay.»

El general Prieto nos contó, entre otras muchas cosas, cómo Tejero, que acababa

de confiarle «mi jefe es Armada», al recibir el télex del «bando» de Miláns del

Bosch, cambió de «amo» y le manifestó: «¡Ya no quiero saber nada de Armada!...,

¡yo sólo obedezco órdenes de Miláns del Bosch!» Todo este relato, espolvoreado

de comentarios eufóricos de Tejero, antes y después. «(Ganamos, mi general!, ¡no

se. preocupe, que ganamos!», me decía Tejero continuamente. Y me repetía que

«aqueíto». del Congreso era «para salvar a España»...

Yo tenía empeñó en saber quién era «el jefe», para valorar si se podía ganar p

no... Dejando aparte si «rehenes», si «retenidos» o si «rehetenidos», ese

«¡ganamos¡» sólo cuadra cuando se está dirimiendo una contienda, sea entre

equipos rivales de fútbol, sea entre «parcialidades enemistadas», sea entre

«facciones armadas»... Digo yo.

Hay entre los múltiples protagonismos gratuitos del general Prieto uno

maravillosamente enternecedor: cuándo, rebosando «buenas intenciones» le sugiere

a Tejero utilizar la oferta del avión y el pasaporte al extranjero..., pero ¡no

para él y sus guardias civiles sublevados!, sino «para los principales líderes

implicados..., que estaban retenidos aparte en la sala de! reloj».

A lo que Tejero respondió: «¡De ninguna manera!» Bien... ¿Ven ustedes cómo se

puede volver por el forro una historia hasta hacerla irrecognoscible?

Lo dicho: la plusvalía del «video». ¿Sería mala ¡dea proyectarlo uno de estos

días en la sala?

Por cierto, al teniente coronel Tejero no debe interesarle demasiado la vista de

la causa: no comparece.

Entre el enjambre de escenas medio vistas, medio oídas, medio deducidas por el

general Prieto, en abierta contradicción con una larga serie de testigos, escojo

dos, a ver quién las encaja:

Una, por la mañana afirmaba machaconamente que «Tejero daba la impresión de

hombre que estaba haciendo algo sublime... y, sin duda ninguna, respaldado por

alguien no autónomamente, sino como un jefe, esperando. una autoridad que debía

llegar... Tejero no era el jefe, él estaba protegido por otro superior».

Y por la tarde cambió de opinión: «Allí el que mandaba, el único que mandaba,

era el teniente coronel Tejero.» Y dos, «Tejero me repetía todo el tiempo que él

obedecía al Rey». Sin embargo, el teniente coronel de la Guardia Civil Luis

Báguena, inseparable de Prieto («estuvo conmigo todo el tiempo»), tiene

declarado por escrito, y jurando por su honor, que «ni Tejero ni ningún oficial

de los que estaban dentro del Congreso, nadie, taxativamente dijo que allí se

estuviese a las órdenes del Rey».

Declararon también ayer otros cuatro generales. Rodríguez Ventosa, testigo de

«la noche de los generales en el Palacio de Buenavista», tiene mejor memoria que

Gabeíras. Se acuerda de que «el teniente general Gabeiras y el general Armada

estuvieron solos, en el despacho del JEME. Me consta, porque entré para dar una

información y les vi allí, solos los dos.

No sé cuánto tiempo estarían...» Coincide con otros generales del Cuartel

General del Ejército en un detalle que Gabeiras y Castro San Martín han omitido:

«Cuando Armada recibe la sugerencia de Miláns del Bosch de proponerse como jefe

del Gobierno, inmediatamente telefoneó a la Zarzuela. Pidió hablar con el Rey,

pero creo que habló con Sabino Fernández Campo.

A continuación, telefoneó a la JUJEM para informar a Gabeiras, y como se puso al

aparato el teniente general Ignacio Alfaro, el PREJUJEM, primero le expuso a

éste la propuesta y después, en la misma llamada, a Gabeíras.» Así que cuando

Gabeiras vuelve a su despacho de Buenavista, desde Vítrubio, ya conoce la

proposición de Armada; no se entera allí de sopetón en ese momento, como él

mismo declaró.

Más bien en cuanto Armada, ya cara a cara, vuelve a planteárselo, fe responde

porque ha hecho sus gestiones: «Esa proposición no la acepta el Rey... y yo

tampoco...

No sirve... Buscadme otra.» Y sigue e! general Rodríguez Ventosa: «Yo deduje que

Armada iba al Congreso autorizado por el JEME... y de aviones no oí una

palabra... ¿Que por qué lo deduzco? ¡Pues porque no salió a escondidas, sino a

la vista de todos! Allí, en el antedespacho, hablando con unos y otros

generales, nos anunció que iba al Congreso a hacer una proposición.»

Como en su día Miláns del Bosch dijo «no tuve que convencer a Armada para que

aceptase mi propuesta», y como, sin embargo, los generales que estaban en el

despacho oyeron exclamar a Armada frases como «¡eso parece un disparate,..!»,

«¡un desatino...!», algún letrado, y el propio fiscal, en un intento de

reconstruir la otra parte de la conversación, la de Miláns del Bosch desde

Valencia, apuntan la posibilidad de que «Armada, más que calificar de

"disparate" el erigirse él presidente del Gobierno, acaso se estaba refiriendo

al riesgo de que fuerzas militares contraasaltasen el Congreso». Podría, podría

ser.

Al hilo de los interrogatorios de los generales Centeno y Ortiz Call, de la DAC,

el fiscal ha querido demostrar que el general Juste asentía o consentía

«pasivamente, pensativo. y mirando al techo», «en actitud que en él no era

normal», las órdenes que proponían, confeccionaban y distribuían los hombres de

su Estado Mayor: el coronel San Martín y el comandante Pardo Zancada.

Con todo, los jefes de la DAC sucesivamente testifican que «Juste tuvo el mando

en todo momento.

No actuó bajo presión. Autorizó las .órdenes». ¡Ah! Un detalle de interés: las

«misiones» que San Martín y Pardo Zancada arbitraron y repartieron en cuestión

de diez minutos para movilizar ¡toda una División Acorazada! no eran exactamente

una, «diana-dos» más o menos conocida.

Eran objetivos distintos. La flecha delata que, quizá, no se improvisaron tan

sobre la marcha..., que quizá, los cerebros de Pardo Zancada y San Martín

estaban en acción desde el domingo 22.—PILAR URBANO.

 

< Volver