Autor: Urbano, Pilar. 
   Con la venia, por alusiones     
 
 ABC.    07/04/1982.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

6/ABC

MIÉRCOLES 7-4-82

NACIONAL

Hilo directo

Con la venia, por alusiones...

Se acerca el testigo, general de división José Juste Fernández, a la mesa de

interrogatorios.

En pie, firme, escucha al presidente: «¿Jura decir la verdad de todo cuanto

supiere y fuere preguntado?». «Juro». Toma asiento. Juste era el jefe de la DAC

el día de autos y tiene no pocas cosas que decir.

El coronel San Martín, el comandante Pardo Zancada y «sus» cuatro capitanes

escuchan sin pestañear.

Por las preguntas de los letrados defensores deduzco que todos ellos leyeron en

su día un exhautivo, minucioso y amplísimo relato de los hechos que, bajo el

título «Por qué no salió la DAC», se pufaücó en el Suplemento Dominical de A B

C, el 15 de noviembre pasado.

Y que «casualmente» escribí yo. Y bien, las respuestas del general Juste no me

sorprenden: me resultan conocidas. No se desvía ni una pulgada de lo que, con

más abundancia de datos y detalles, me contó en su día. Mejor dicho: «sus días»,

porque mis conversaciones con el general fueron dos.

Y muy largas. El jueves, 8, y el lunes, 19 de octubre. Servidora usa agenda-

memorándum.

Y en esta ocasión, dado lo delicado del tema que se me relataba, la nomenclatura

militar, la precisión de frases, horas, nombres, órdenes, llamadas

telefónicas... etcétera, escuché y pregunté con mi grabadora en marcha sobre la

mesa y bien visible.

Y cuento todo esto porque me extrañó tanto y cuanto que ayer el general Justé

negase que hubo entrevista. Y más aún que no se responsabilizase —así lo dijo-*-

«del contenido de ese reportaje». Dejémostq en «fifty fifty», general: «Yo me

responsabilizo de la letra y vuecencia de la música. Yo, de la forma literaria y

vuecencia del argumento, los personajes, los diálogos, los hechos... Porque lo

rigurosamente cierto (¡también yo juro!) es que, aquel 23-F «yo no mandaba en la

DAC».

Estaba, servidora, distraída ya del dichoso reportaje que el defensor De Meer

había sacado a relucir; y pendiente de encajar dos contradicciones: Juste dice

que ni él ni San Martín hablaron con Armada en la Brigada Paracaidista de Alcalá

de Henares, en la mañana del 23-F, «aunque San Martín tenía interés en que nos

quedásemos a tomar la copa que se ofrecía por la celebración e insistió en que

no se notaría que no llevábamos los uniformes adecuados...»; y que vieron a

Armada, cuando llegaba: él en el exterior y ellos tras los ventanales del

despacho del general de la BR1PAC...

Y Armada, en cambio, declaró en su momento que «estuvieron juntos en un corrillo

de generales y jefes y que incluso les comentó que lo de la uniformidad "número

2", no venía indicada en la invitación al acto, pero sí en el saluda».

Y a mí me parece haber oído también que San Martín aseguró no haber podido

acercarse a Armada en aquel lugar y ocasión... Ante tanta insistencia, una

piensa, es natural, que tanto Armada como San Martín tienen cierto interés en

que se sepa que aquella mañana «no se consultaron nada».

San Martín sabía desde la noche víspera, por Pardo Zancada, que ese día 23,

«tras el hecho desencadenante del asalto al Congreso, Armada estaría desde las

seis en la Zarzuela».

Lógico es suponer que si el coronel San Martín ha de forzar el regreso de su

jefe Juste a la DAC, para que esta División entre en acción, quiera antes

conectar con quien se le apunta, desde Valencia, como «director» de la operación

en Madrid.

Por su parte, Armada, estuviese o no al tanto del papel que se le asignaba,

exhibe una prueba de inocente ignorancia ai relatar que estuvo, sí, con ambos

militares..., pero hablando de una fruslería como el tipo de uniforme necesario

para entrar en la fiesta...

Con lo que, de paso, queda de manifiesto que él sí llevaba camisa blanca y gala

«dos» por la mañana; pero se puso de «diario», desde primera hora de la tarde:

el chófer que fue a su casa y le trajo camisa y corbata caquis en un maletín...,

¿recuerdan? No es, ciertamente, un detalle importante, porque un general puede

ir al Congreso y proponerse presidente de un Gobierno de transición... con

camisa blanca v con camisa caqui.

Pero si el tal gegeneral está sobre aviso, parece más propio que, a poco

espíritu de holocausto que le anime («si ha de haber un sacrificado, ése será

Alfonso Armada»), y a poca galanura «gaullista» que le inspire a la hora de

conciliar el contencioso Parlamento-Ejército.., que ésa fue la genuina

«operación de monsieur De Gaulle cuando con un «buenas tardes, señores

parlamentarios» abolió la IV República y erigió la V... y esa lección se la

aprendió muy bien el general Armada en sus tiempos de cursos de Estado Mayor en

Francia; pues, digo, a poca previsión que se tenga de lo que uno, quizás sí,

quizás no. hacer esa tarde, 23, desde el hemiciclo..., se deja puesta la camisa

blanca y la corbata negra y el fajín rojo de general, por si acaso.

Y entretenida andaba yo con estas reflexiones ayer, mientras interrogaban a

Juste, cuando de pronto el letrado Labernia, defensor de Sanmartín, empieza a

preguntarle acerca del mensaje, aquel que desde Zarzuela dieron a Sanmartín,

para entregarlo a Pardo Zancada, que desde hacía horas estaba con su columna de

113 hombres, catorce vehículos, cuatro capitanes... en el Congreso.

No entiendo, en ese momento, a qué viene tanta curiosidad sobre en cuál de las

tres llamadas que Juste recibió esa madrugada, dos de Capitanía General de

Madrid (genera! Sáez de Tejada) y una del teniente general Valenzuela, jefe del

Cuarto del Rey, le dijeron que lo que se precisaba de Sanmartín era llevar un

mensaje de la Zarzuela al Congreso. Pero es entonces cuando Labernia habla, no

ya del reportaje de ABC, sino, ¡ojo al parche!, ¡de las «galeradas» previas a la

edición del reportaje!... ¡y de unas correcciones a mano que aparecen, hechas al

margen, justo en el párrafo que se refiere al «mensaje»! Descubro en ese

instante que Labernia cree que la letra que hizo tal corrección es del general

Juste.

Y yo sé que no es así; Juste explica y explica al Tribunal lo que supo y no supo

y lo que pudo saber después sobre" el «mensaje trucado»..., pero no queda claro;

queda muy oscuro y el asunto es frágil como la porcelana chinesa. ¡Cielos, qué

ganas de levantar la mano y pedir la palabra! Ya, ya sé que no se puede.

Los periodistas de alrededor me asaetan «¿qué es eso de las galeradas y de las

correcciones...?, ¿sabes tú?» Y yo, hablando siempre en susurros para no alterar

el orden de la Sala de Justicia: «¡Si me dejaran salir a explicarlo!» Así que

aguanto hasta el final. Llego al periódico.

Y una vez aquí, frente al pianito de las letritas, «Señor presidente, con la

venia.:. Por alusiones, pido la palabra. Voy a contar la verdadera historia de

esas "galeradas" (ya saben ustedes: unas tiras largas de papel donde se imprime,

en prueba, el texto ya compuesto, antes de entrar en "máquinas).

El general Juste me contó, voluntariamente y para publicarlo en ABC, «por qué no

salió la DAC». Condición que esta periodista aceptó: hacer un relato, por así

decir, «novelado», de dichos y hechos y descripciones, sin forma de entrevista,

pero protagonizado por el general jefe de la DAC. Compromiso cumplido

escrupulosamente. Gentileza de

ABC (por lo demás, sin precedentes) atendiendo un natural deseo del ilustre

informante: enviarle un juego de galeradas TAL COMO ESTABAN YA EN TALLERES,

CORREGIDAS EN EL PERIÓDICO, Y NO FUERA DE EL, como se ha insinuado ayer en la

Sala, y como se afirmó, engañosamente y con publicidad, hace ya tiempo en cierto

periódico a donde «llegaron» esas galeradas... ¿Por qué? ¿Por quién?

Un abuso de confianza de cierto pariente del general Juste, cuyo nombre me

reservo por elegancia. Al parecer, este pariente hizo o dejó hacer copias de las

«galeradas» al letrado De Miguel, defensor del comandante Pardo Zancada.

Y a partir de ahí empezaron a circular... ¡hasta a mí me llegó una copia! Y

bien. Quiero aclarar que el general Juste NO HIZO NINGUNA CORRECCIÓN. Aunque

quisiera no podía, porque ya había entrado en máquinas el texto.

¿Quién escribió al margen..., pues? En legítimo derecho de revisar y comprobar

una información, que es lo que se hace cuando se ejerce el periodismo con

seriedad y conciencia de que «se está haciendo historia», yo misma investigué un

punto sobre el que tenía dudas: exactamente, el del mensaje que un ayudante del

Rey, comandante Muñoz Grandes, dictó por teléfono a San Martín y que éste

modificó antes de entregarlo a su destinatario, Pardo Zancada. En la Sala ya se

han conocido los dos textos: el que originalmente salió de Zarzuela (que era una

orden terminante a deponer la actitud) y el que a San Martín le pareció mejor o

más apropiado al momento (versión edulcorada y distorsionante del imperativo

regio).

¿Qué hacer? Ir a la fuente.

Y fui a la Zarzuela.

Y supe, allí y entonces, que «el Rey no conoció el definitivo mensaje

transmitido en su nombre».

Sobre «mis» galeradas y con «mi» letra apliqué la corrección, en honor a la

verdad debida siempre a los lectores. Y donde ponía «a San Martín no acaba de

satisfacerle y redacta otro él mismo.

Y éste es el que llega al Congreso aquella madrugada, con anuencia de la

Zarzuela...», puse «... lo rectifica para finalmente entregárselo en persona a

Pardo Zancada, aunque este definitivo "mensaje del Rey" no se conoció en la

Zarzuela».

Y así podrán leerlo los letrados Labernia y De Miguel... que tienen esas famosas

«galeradas». Y así pudieron leerlo en su día los lectores de( Dominical de ABC.

¡Y ésa es toda la historia, señores míos!

Una historia entre tantísimas de las que se pueden exhibir en escaparate y con

focos, porque no hay más trampa ni cartón que el esfuerzo callado, que el lector

pocas veces conoce, de trabajar bajo el honrosísimo y exigente lema de «informar

con verdad, con rigor, sin temor y sin favor».

Señor presidente, ya puede retirarme el uso de la palabra.—Pilar URBANO.

 

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