Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Nieto Funcia     
 
 Diario 16.    19/05/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Nieto Funda

REABRO la buhardilla hoy, lectores, para relatarles las últimas tribulaciones de

los que purgamos penitencia en el Servicio Geográfico del Ejército. «Ustedes no

saben lo que pasa allí, en el Servicio Geográfico del Ejército», señalaba esta

mañana a Diario 16 el letrado Alfredo Nieto Funda, recusado por el «pool» de

abogados a la vista de su informe de defensa del teniente Vecino, de la Guardia

Civil.

Y tiene razón, don Alfredo. Campamento es como un ecosistema prehistórico

transplantado a la Calle 52, en pleno Manhattan. Valga este símil: si

consideramos que este veterano letrado, setenta y tres años, antiguo miembro de

la CEDA, conservador y demócrata, que podría situársele en el espectro político

a la derecha de Fraga Iribarne, en el Servicio Geográfico del Ejército, es como

la representación togada de la hidra marxista, ya está todo dicho.

Ayer, Nieto Funda acudió por la mañana al acuartelamiento a recoger las togas y

s despedirse del tribunal, acompañado de una abundantísima escolta que le fue

impuesta por el Ministerio del Interior, dado el cariz que tomaban los

acontecimientos. La despedida de los consejeros, y del presidente, del fiscal y

los relatores, fue emotiva, sincera y repleta de abrazos. «Cuánto sentimos,

señor Nieto, no escuchar su informe», le diría uno de los miembros del tribunal.

Allí quedó, en relatoría, una copia del informe de

Nieto, que posiblemente ya habrá sido leída por algún miembro del tribunal.

Esta es, lectores, la famosa «libertad de expresión» que propugnan algunos de

los lamentables abogados, que hemos tenido la desdicha de conocer.

DESPUÉS, una de las «madres de febrero», furiosas señoras que despotrican en

patios y pasillos contra la Constitución, el Rey, la democracia, la libertad, le

entregaría, silenciosa y despectiva, un ejemplar de este diario, con sus

declaraciones.

Y luego vendría el bochornoso incidente con el ex gobernador civil franquista de

Jaén y Guadalajara y abogado, Pardo Gayoso, ayudante de López Montero, defensor

del teniente coronel Tejero Molina.

«Eres un cerdo.» Respuesta: «Ya se nota» (en clara alusión a la fisonomía del

agresor).

Nueva andanada: «Te, voy a romper la cara.» Nueva respuesta, con sonrisa

sardónica: «¿Cuándo?» Tercera descarga de Pardo Gayoso: «Ahora mismo.» Respuesta

final de Nieto: «No será verdad.» Naturalmente, este señor, el ex gobernador

civil, posteriormente desmentiría ante un grupo de periodistas que hubiera dicho

tales palabras, «aunque quiero dejar bien sentado que no le tengo miedo».

Así se expresaba este provocador de ancianos, que mantendría una controversia

verbal con la periodista Pilar Urbano sobre el relativismo campoanoino de las

cosas, en función del cristal con que se mire. Obviamente, el tal Pardo se queda

con la España franquista de los gobernadores-virreyes, con derecho de pernada

provincial, corrupción, estaca, prensa amordazada y libertad en jaula. A él le

iba muy bien.

La respuesta de Nieto Funda sería tan certera como descriptiva: «Este es uno de

esos personajes que arreglan las cosas con (os bíceps, porque entre las cejas y

el cuero cabelludo no tienen absolutamente nada.» Y acto seguido, con su perfil

impertérrito y encanecido de Anuar el Sadat, cogió las maletas para irse a un

merecido viaje de descanso.

Nieto de todas formas, ha culminado con este 1 w desenlace un penoso «vía

crucis» de larrgos meses, que le ha costado mucho dinero - la práctica

paralización de su bufete—, y el aislamiento parcial en el seno de las defensas,

que desde un principio le miraban con reticentes sospechas. El «pool» de

abogados políticos, dirigido por López Montero — la presencia de Adolfo de

Miguel es meramente testimonial y simbólica — le hacía visibles vacíos desde que

cometió el error de entregarle, al comienzo de la vista oral, una copia de un

primer informe de defensa al defensor teniente Crinó, quien, a su vez, lo

distribuyó entre procesados y defensores.

Tan solo algunos abogados como Segura Ferns, Rogelio Villalonga o Hermosilla

mantenían un trato frecuente y cordial con don Alfredo.

Sus últimas palabras son esclarecedoras: «Después de tas bestialidades y

animaladas que nos han obligado a escuchar, que hubieran merecido el pateo y el

abucheo más ruidoso, pretendían silenciarme. ¿Quién ha hablado del siglo XIX? En

Campamento se respira el medioevo, el siglo XII. Yo, a veces pienso que todo ha

sido una pesadilla, un sueño...» Amén.

 

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