Un libro que narra los diferentes intentos de golpe de Estado. 
 Los varios golpes que confluyen en el 23-F     
 
 Diario 16.    17/06/1982.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

NACIONAL

17-jumo-82/Diarío 16

Un libro que narra los diferentes intentos de golpe de Estado

LOS VARIOS GOLPES QUE CONFLUYEN EN EL 23-F

LA salida de Armada de La Zarzuela, su alejamiento del Rey, al que siempre

pretendió salvar; su íntimo convencimiento de que Suárez le había echado de

palacio como una criada, provoca en el secretario de la Casa Rea! un auténtico

«síndrome Suárez». Ante sus compañeros, en actos sociales, en reuniones de

cualquier tipo, su obsesión anli-Suárez le hace incluso perder los nervios y la

compostura. Armada, primero en Madrid y más tarde en Lérida, donde es enviado

por el propio Suárez como gobernador militar, se radicaliza progresivamente.

No le gusta la Constitución, está preocupado por el problema terrorista, está en

desacuerdo con la amnistía, le obsesiona el problema autonómico, y la aprobación

del divorcio, en mayo de 1980, le lleva a una crisis personal honda y

traumática.

La «operación Armada» comienza efectivamente por estas fechas, tras la moción de

censura socialista en el Parlamento, de la que Adolfo Suárez, después de los

reveses electorales de Cataluña y Euskadi y el desastre del referéndum andaluz,

sale irremisiblemente tocado.

Armada, preocupado por una situación política progresivamente deteriorada e

imbuido de un extraño mesianismo político-religioso que le lleve a salvar al Rey

en contra del propio Rey, vengándose a la vez de quien le separó del Rey, Adolfo

Suárez, comienza a mantener discretos contactos con políticos de Alianza

Popular, de Unión de Centro Democrático y del Partido Socialista.

Se multiplican las reuniones en casa de un conocido abogado en el norte de

Madrid (Mirasierra) y se llega incluso a hacer un retrato robot del candidato.

Un militar, aunque no teniente general, que goce de gran prestigio entre sus_

compañeros de cuerpo, que sea de confianza del Rey y que se comprometa, una vez

reconducida la situación política, a volver a su puesto en la milicia.

Se trata evidentemente de una salida anticonstitucional con la que se quiere

contentar a un sector del Ejército, preocupado con la transición política y de

una cuidada operación, cuyo fin último es promover la candidatura de Armada como

presidente del Consejo de Ministros.

Suárez, progresivamente aislado y acosado, conoce, sin embargo, el naciente

malestar militar, que ya no puede frenar el vicepresidente para la Defensa,

Manuel Gutiérrez Mellado, ni el ministro, Agustín Rodríguez Sahagún.

Mientras que Armada prosigue sus sondeos y se van desarrollando los principios

de varios golpes de

Estado que él debe conocer, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio

Tejero Molina, en el mes de diciembre de 1980, entra en contacto con el capitán

general de Valencia, Jaime Milans del Bosch.

El contacto entre Milans y Tejero, un hombre condenado en 1978 por intentar

asaltar el palacio de la Moncloa para impedir la entrada en vigor de la

Constitución, lo realiza el ayudante del capitán general, el teniente coronel

Pedro Mas Oliver.

Tejero que está dispuesto a vender siempre un golpe de Estado porque

además la experiencia le ha demostrado que la venta no lleva consigo nada más

que una mínima pena, tiene ultimado dos proyectos: asalto de nuevo al palacio de

la Moncloa o la toma del Congreso de los Diputados Milans está dispuesto a

apoyar cualquier tipo de operaciones de su definitivo pase a la reserva.

Durante este mes de diciembre de 1980, con proyectos de golpe por todos lados,

el presidente Adolfo

. Suárez, que también debe intuir la creciente marea desestabilizadora, programa

dos viajes a las plazas de soberanía de Ceuta y Melilla situadas en el norte de

Marruecos.

En las dos plazas y ante el evidente malestar militar, Suárez decide afrontar

la situación con valentía y convoca a varios cientos de militares para que le

planteen claramente los problemas que les angustian.

En Ceuta, en un hangar inmenso y ante cerca de quinientos jefes y oficiales, el

presidente del Gobierno, que obliga previamente a salir a los ministros que le

acompañan, insta a los reunidos a que pregunten públicamente lo que quieran.

«Sé que hay problemas que les preocupan y quiero que me los planteen de cara.

Pregunten lo que quieran con la segur/dad absoluta de que no tomaré ningún tipo

de represalias »

El silendio en la inmensa nave se puede cortar con un cuchillo. Suárez insiste

para que hablen de los problemas que les preocupan, pero nadie quiere plantear

nada Suárez, con osadía, dice una frase provocadora para obligar a quienes

callan a que se definan: «En el Ejército el valor se supone pero hay veces que

hay que demostrarlo.» La reacción es inmediata. Desde el fondo del hangar se

levanta una mano que va seguida de una afirmación grave.

«Señor Suárez, se le acusa de ser el responsable de la ETA...»

Suárez responde rápido: «He dicho que no voy a tomar ninguna represalia, pero me

gustaría conocer ¡a graduación del oficial que ha pronunciado esa frase.»

EL oficia! vuelve a levantar la mano y enseña la bocamanga- se trata de un

coronel. Suárez prosigue: «Lamento que un coronel del Ejército español pueda

pensar eso y lamento que usted, ya que no voy a tomar ningún tipo de represalias

porque lo he prometido, pueda llegar a general de nuestro Ejército, pensando de

esa forma. Sin embargo, le voy a contestar.

Le voy a decir que el problema vasco, que el problema de ETA...»

La explicación es prolija, detallada.

Para él no era ninguna novedad que había un sector del Ejército que no le iba a

perdonar nunca sus gestos de autoridad dentro de la institución que no tenían

más remedio que aceptar.

Como tampoco era una novedad que el propio Milans, que por esas fechas ya había

entrado en contacto con el teniente coronel Tejero, nunca le perdonaría la orden

que le dio hacía ya un año cuando le obligó

a estar en el aeropuerto de Valencia para despedirle cuatro horas antes; a

través de uno de sus ayudantes, le había comunicado que tenía contraída

obligaciones que le impedían acudir al aeropuerto.

Su respuesta fue fulminante´ (Estará en el aeropuerto y además pasará revista a

las tropas! Le citó a las nueve de la mañana, sabiendo que no saldría hasta las

once y, aún así, le haría esperar todavía unos minutos mientras el Mystere de la

Fuerza Aérea, en .el que volvía a Madrid, enfilaba pista para despegar.

DENTRO de este contexto, Armada a través de personas interpuestas que ni

siquiera han salido a relucir en la causa 2/8f prosigue sus contactos e incluso

llega a entrevistarse con el político socialista Enrique Múgica en Lérida, en

casa del alcalde de la´ciudad, señor Ciurana Cuando Felipe González lee y

examina la minuta tiene una corazonada: «Enrique, Armada se está proponiendo

para presidente del Gobierno »

Casi simultáneamente con el informe que le pasó Enrique Múgica sobre su comida

en Lérida con el general Alfonso Armada, el secretario general del PSOE recibe,

por conducto de un destacado militante que meses después abandonaría el partido

precisamente por el escaso interés con que se recibe su información, datos

realmente alarmantes sobre reuniones de militares.

Según los datos en poder del Partido Socialista, varios comandantes, tenientes

coroneles y coroneles han sido sondeados para que participen en un movimiento

militar que tiene como objetivo la disolución de las Cortes, la prohibición de

los partidos políticos, la derogación de la Constitución y el envío del Ejército

al País Vasco.

Múgica llega a tener en su poder incluso la lista completa de los militares que

en (a División Acorazada Brúnete número uno, de Madrid, y en (a Agrupación de

Tropas del Cuartel General del Ejército son los responsables de la operación.

En una reunión del comité federal del partido se plantea el tema (al parecer

incluso llega a constar en el acta de la reunión) y Enrique Múgica le transmite

los datos al ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún. Sahagún toma

medidas para impedir quedar aislado en el Cuartel General del Ejército, en el

caso de que haya algún tipo de movimiento en la Agrupación de Tropas, y el

asunto queda definitivamente zanjado.

Dentro de este clima lleno de rumores e intoxicaciones, de aprendices de brujos

y espontáneos, de cenáculos telidingidos y maniobras constantes, la «Operación

Armada» pasa relativamente inadvertida hasta que Emilio Romero, otro de los

enemigos eternos del presidente Suárez y el hombre que mejor le conoce, la

desvela públicamente en el periódico «ABC». Se la cuentan para que la cuente y

Romero la cuenta

Mañana capítulo III: «El espía que empujó el golpe»

No fue una casualidad que militares de distintas unidades y Capitanías se

pusieran de acuerdo, sencillamente el 23 de febrero de 1981 todos creyeron que

había llegado la hora de «su golpe» y se subieron al carro, cuenta Pepe Oneto en

su libro.

También hubo otros que no viéndolo claro se desengancharon de la intentona. Lo

cierto es que desde meses atrás, el ambiente militar estaba más que cargado y el

presidente Suárez lo sabía. Suárez, precisamente, será el encargado de

presentar, la próxima semana, el libro de Oneto.

Armada, desde que lo echaron de La Zarzuela como una criada, tenía un auténtico

«síndrome Suárez»

Milans no perdonó nunca a Suárez el obligarle a estar en el aeropuerto para

despedirle dos horas antes de salir el avión

 

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