Autor: Reinlein García-Miranda, Fernando. 
   Firmeza y autoridad     
 
 Diario 16.    19/06/1982.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ANÁLISIS

Fernando Reinlein

Firmeza y autoridad

El presidente Leopoldo Calvo-Sotelo ha sido protagonista, muy a pesar

probablemente, de las conversaciones habidas en medios castrenses en las últimas

semanas. Como ya adelantó este periódico, sus manifestaciones, tras conocerse

las sentencias, cayeron mal en el seno de la familia militar.

Y ello sin entrar en el matiz de si el presidente anunció la decisión del

Gobierno de recurrir la sentencia antes o después de conocer su contenido

oficialmente.

La respuesta institucional de la JUJEM fue la célebre nota, enviada a las

unidades, filtrada a la prensa y posteriormente publicada en la orden de la

Capitanía de Madrid, en la que se hacía una llamada de respeto a las

instituciones militares y muy concretamente para el Consejo Supremo de Justicia

Militar.

Ante este hecho, el presidente del Ejecutivo aseguró que había tenido

conocimiento de esa nota antes de que se enviara para su distribución, pero

añadió que el contenido de la misma —la publicada— no era exactamente igual que

la que tuvo en la mesa de su despacho.

La familia castrense, cuyos estados de opinión preocupan demasiado a nuestra

clase política, no entiende estas cosas. Por «errores» bastante menores han

caído simples jefes de prensa. Y se vuelve con ello a la vieja historia del

lenguaje de autoridad que en estos medios se ha echado demasiadas veces de

menos. Claro que para hablar con autoridad, primero es preciso haberla ganado.

La institución militar, como las demás, tiene el

derecho a opinar de las cuestiones que le afectan. Puede por tanto ser —y lo es-

un grupo de opinión.

Lo malo es cuando se convierten en grupo de presión. La diferencia no es tan

sutil. Es muy clara.

Y el Gobierno se to ha permitido muy a menudo.

Lo malo es que ahora aparezcan líderes carismáticos con el slogan de que van a

poner firmes a las Fuerzas Armadas. La mayor parte de nuestros militares se

ponen firmes solos, pero piden claridad en la voz de mando y autoridad incluso

para sus propios mandos. Lo que no soportan son los gritos estridentes. Como

todo el mundo.

Pero si la situación era de cierta tensión, lo sucedido en el Consejo Supremo de

Justicia Militar ha vuelto a elevar la temperatura bastantes grados. El

enfrentamiento entre dos sectores del alto tribunal lamentable en la forma, pero

perfectamente ajustada en el fondo a lo que un debate para tomar decisiones de

orden judicial— está siendo aprovechada para dar una imagen de deterioro de toda

la Institución.

Ese es el error en que la opinión pública no debe caer. La forma en que se

enfrentaron estas altas jerarquías nunca debió producirse, nunca se debió dar

pie a que aconteciera. Pero de ahí a pretender con ello asegurar que la alta

institución de Justicia Militar ha quedado deteriorada, media un abismo que sólo

pueden saltar quienes tienen interés en presentar una situación sin punto de

retorno, para ofrecer sus soluciones salvadoras. Caer en esa trampa sería un

error de imprevisibles consecuencias.

 

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