Autor: Oneto Revuelta, José. 
 Armada había planeado minuciosamente su propia Operación De Gaulle. 
 De cómo el comandante Cortina empujó el Golpe     
 
 Diario 16.    18/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

•Armada había planeado minuciosamente su propia «Operación De Gaulle»

DE COMO EL COMANDANTE CORTINA EMPUJO EL GOLPE

EN enero de 1981 mientras el teniente coronel Tejero ultima los detalles del

asalto al Congreso de los Diputados, asalto que lo consulta con Jaime

Milans del Bosch, Armada, que piensa en una «Operación De Gaulle»,

comienza a mover sus peones para acceder al puesto de segundo jefe de Estado

Mayor, a las órdenes directas del teniente general Gafeiras Montero, hasta que

el propio Gabeiras acepta como suya la promoción de Armada.

Como él, Gabeiras es gallego. Como él, Gabeiras es artillero y, como él,

Gabeiras también es consciente del malestar dentro del Ejército. Para Gabeiras,

que no conoce la operación en la que está metido Armada, tener como segundo

jefe, como hombre de confianza, un aristócrata con hilo directo con el palacio

de La Zarzuela, es toda una garantía. Además, está a punto de pasar a la reserva

el general José Martínez Jiménez, el segundo jefe de Estado Mayor, y la ocasión

es única.

Pero el 22 de enero, una semana antes de la dimisión presidencial, Suárez

despacha el tema con el Rey por la mañana. Su argumento es definitivo, hay que

nombrar a Armada jefe de Artillería, como su padre, y, si efectivamente se puede

confiar en él, su promoción puede ser segura, no como segundo jefe de Estado

Mayor, sino como JEME cuando Gabeiras pase a la reserva.

El Rey acepta la propuesta y da su visto bueno para que Armada se traslade a

Madrid como jefe de

Artillería.

Conspiración

Tres días antes de esta decisión, que luego sería anulada por la insistencia de

Gabeiras y Rodríguez Sahagún en situar a Armada en la segunda jefatura del

Estado Mayor del Ejército, tiene lugar en Madrid en la calle General Cabrera,

domicilio del teniente coronel Pedro Mas Oliver.

La reunión de General Cabrera en la que están presentes Milans, su ayudante Mas

Oliver, el teniente coronel Tejero, el paisano Juan García Cañés, el general

Luis Torres fíojas y dos oficiales que Milans se niega a identificar, pero que,

según parece, se encuentran entre los testigos que prestan testimonio en el

Servicio Geográfico y que participan de alguna forma en los hechos, es

consecuencia y desenlace de otra reunión entre Milans y Armada celebrada en la

Capitanía General de Valencia el día 10 de enero de 1981.

En ese almuerzo,´en la Capitanía, con medias verdades e insinuaciones. Armada

convence a Milans de que como el Rey está harto de Suárez, el Monarca estaría

dispuesto a reconducir una acción^de tipo violento que se produjese en algunas

de las Capitanías Generales.

Desde ese momento, la «Operación de Gaulle», que inspira Armada, desemboca en

ese movimiento de coroneles que ya han coincidido con la operación Tejero a

través del general Milans del Bosch.

En esa «Operación De Gaulle» destaca por su postura especialmente activa el

comandante de Infantería José Luis Cortina Prieto.

Cortina es un especialista en guerra psicológica que conoce perfectamente el

espectro político desde sus tiempos de leal colaborador del coronel San Martín

en la etapa del almirante Carrero Blanco.

Operacioneses especiales

Cortina igualmente es el encargado dentro de los servicios de información del

CESID de lo que el servicio denomina «Operaciones especiales», término

conscientemente vago como para englobar en él operaciones sucias, actos

semiviolentos y búsqueda de información a través de todos los medios posibles e

imposibles

CORTINA no sólo apoya la «Operación Armada» desde el verano de 1980, sino que,

probablemente, es el instigador de muchas de las reuniones, noticias y rumores

que recoge la clase política con fruición en el otoño y en el invierno de 1981.

Precisamente, en el invierno de 1981, comienzan a aparecer en el periódico

ultraderechista «El Alcázar» una serie de artículos firmados por un colectivo

cívico-militar, que viene a defender idénticas tesis de las que han venido

defendiendo Armada y Cortina. Sin embargo, la «Operación Armada», con

ramificaciones políticas, periodísticas, militares e incluso exteriores, con

algún contacto que se mantiene con la Embajada norteamericana en Madrid, queda

aparentemente frenada con la dimisión de Adolfo Suárez el 29 de enero.

Para Armada la dimisión de Suárez es una auténtica sorpresa: es un dato tan

inesperado que, con toda seguridad contribuye a replantear toda la operación.

El que cree controlar la situación, que cree poder frenar en un momento

determinados a los «duros» que se reúnen en General Cabrera, que se ha subido al

golpe (su golpe era otro, más sutil) y que está convencido de que tiene todo

perfectamente sincronizado a través de uno de sus hombres, el comandante

Cortina, del CÉSID, queda tan sorprendido por la dimisión de Adolfo Suárez que

en un momento determinado, y así lo declaran algunos de los implicados, comienza

a empujar la operación convencido de que si sale elegido Calvo-Sotelo, sus

esperanzas pueden desvanecerse definitivamente.

Armada sabe que Suárez está progresivamente aislado, que la prensa le ataca, que

está «contestado» por los poderes fácticos y por su propio partido, pero que

puede dar la batalla en el congreso extraordinario que se convoca en Palma de

Mallorca a principios de febrero.

Su dimisión, su frase de que no quiere ser un nuevo paréntesis en la historia de

España, le trastoca unos planes elaborados con constancia y minuciosidad tras la

dimisión de Adolfo Suárez, hecha pública el 29 de enero de 1981, pero decidida

cuatro días antes, el domingo 25 de enero, Cortina va controlando

progresivamente la situación a través del capitán de la Guardia Civil

Vicente Gómez Iglesias, adscrito también al Centro Superior de Información de la

Defensa (CESID), y bajo sus órdenes directas.

Gómez Iglesias es amigo del teniente coronel Tejero con el que coincide en el

País Vasco, es utilizado por Con/na como informador durante el tiempo que Tejero

permanece en la prisión de Alcalá de Henares, condenado por la «Operación

Galaxia», y es el encargado de seguir de cerca las actividades del teniente

coronel de la Guardia Civil. ¿Por qué un hombre del CESID especializado en

información y considerado como un hombre de valía dentro de los servicios

especiales del espionaje inicia de pronto, días antes del golpe, un curso de

automovilismo? La explicación es elementa!. Cortina sabe que Tejero va todos los

días al Parque de Automovilismo de General Mola, e intuye que las únicas fuerzas

que puede utilizar el teniente coronel tienen que estar precisamente en el

Parque de Automovilismo.

Y acierta. Mientras tanto, tras el primer frenazo, Gabeiras insiste en traerse

de Lérida a Armada como segundo, y llega a plantear un verdadero conflicto al

ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún: «Si a estas alturas yo no puedo

nombrar siquiera a mi colaborador más cercano es que hay una desconfianza hacia

mi gestión. »

Rodríguez Sahagún, una vez dimitido Suárez y tras obtener los mejores informes

del CESID, decide nombrar a Armada segundo jefe de Estado Mayor. Cuando Suárez

se entera ya es demasiado tarde: el nombramiento se hace público en el «Boletín

Oficial del Estado» el día 4 de febrero de 1981, diecinueve días antes del

golpe.

El comentario de Suárez al conocer el decreto es categórico: «Agustín — le dice

a su ministro de Defensa creo que es un error histórico. Espero que nunca

tengamos que arrepentimos de esto.»

La prensa más derechista no se recata en hacer juegos de palabras con frases

llenas de significado, como «la que se va a armar», «e! que la tiene armada»,

«la Policía Nacional que antes se llamaba Armada»...

El propio Armada, en una cena en la Generalidad de Barcelona, cuando ya está a

punto de trasladarse a Madrid para tomar posesión de su cargo, comenta con

seguridad ante Marta Pujol, esposa del presidente de la Generalidad, Jordi

Pujol, que «CalvoSotelo no sería presidente».

Aquella frase que podría parecer un simple pronóstico político sobre las

dificultades que el sucesor de Adolfo Suárez podía encontrar en la investidura,

se convertiría en toda una profecía días más tarde.

Efectivamente, todo el mecanismo está perfectamente preparado.

Tejero dará el golpe con fuerzas del Parque de Automovilismo de la Guardia

Civil; Milans, ante el golpe de Tejero y ante el consiguiente vacío de poder,

declararía el estado de sitio en la Capitanía General de Valencia; Armada, desde

su puesto clave de contacto en las Capitanías Generales, presentaría los hechos

de forma irreversible, e! Rey no tendría más remedio que aceptar los hechos,

especialmente ante la salida a la calle de la División Acorazada Brúñete número

uno, de Madrid, controlada por otro de los hombres de los servicios de

información.

MAÑANA

capítulo IV:

«¿Por qué falló el 23-F?»

La verdad sobre el libro, y en ella habria de tener un papel preponderante un

oscuro comandante e tener un oscuro comandante destinado en el CESID, José Luis

Cortina, especialista en guerra psicológica y leal colaborador del coronel San

Martín de su época de los servicios secretos de Carrero Blanco. A partir de la

dimisión de Suárez, este comandante, según declararon los procesados, empezó no

sólo a servir de enlace, sino incluso a empujar la operación.

¿Por qué un hombre como Gómez Iglesias, especializado en información, inicia un

curso de automovilismo días antes del golpe?

Gabeiras planteó al ministro el nombramiento de Armada como una cuestión de

confianza

 

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