La crisis militar     
 
 Diario 16.    19/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La crisis militar

Cualquiera que leyera ayer las peripecias acaecidas en e\ Consejo Supremo de

Justicia Militar se habrá frotado los ojos incrédulamente, pensando que los

demonios de la imprenta trasladaban a la sección de información nacional, las

intrigas que han rodeado a la caída de Galtieri.

La imagen de un general V un almirante abalanzándose sobre un teniente genera),

en señal de discrepancia con el resultado de una votación, mientras a otros dos

generales se les daba poco menos que con la puerta en las narices, difícilmente

encaja desde luego con lo que deben ser las altas instituciones militares de un

país civilizado, en el que rige una constitución democrática, gracias a la cual

acaba de ser admitido en la Alianza Atlántica.

Los acontecimientos del jueves han puesto de relieve la existencia de dos

bloques de dimensión equivalente en el seno del tribunal que recientemente dictó

sentencia por los hechos del 23-F. Hemos sabido de esta manera que nada menos

que siete de sus entonces dieciséis miembros -con el propio presidente a la

cabeza— discreparon de algunas de las condenas impuestas, por considerarlas, al

igual que la inmensa mayoría de los españoles, excesivamente benévolas.

Resulta triste que el Gobierno haya tenido que recurrir al subterfugio de hacer

fulminantemente efectivos unos ceses reglamentarios por edad, para nivelar el 9-

7 de entonces e impedir el paso adelante en ía escalada de agravios a la

sociedad civil que hubiera supuesto ía concesión del régimen de «prisión

atenuada» a algunos de los más activos peones del golpe.

Lo que ocurre es que Oliart -y con él Calvo-Sotelosigue tocando la citara

mientras Roma le arde por los cuatro costados. Es inconcebible que el ministro

de Defensa no haya presentado aún su dimisión, cuando la realidad demuestra día

tras día que todas sus previsiones sobre el comportamiento del alto tribunal

militar y el desenlacé del juicio del 23-F se han venido aparatosamente a pique.

Comportarse como sí nada sucediera, es la más estúpida y suicida de las

opciones, porque la realidad se encarga de ir aportando inquietantes síntomas de

la definición de un poder militar autónomo del que emana de la representación

popular. La difusión por la agencia oficial de noticias Efe de una información

lluego desmentida) anunciando la reunión de la JUJEM para discutir tos sucesos

del Consejo Supremo de Justicia Militar - lo cual, como tantas otras cosas, no

entra en su esfera de competencias supuso ayer, tras las declaraciones de La

calle Leloup a «Reconquista» y su reciente nota a las unidades descalificando a

quienes critican esa misma sentencia contra la que votó medio tribunal, una

nueva cota de zozobra.

El telón de fondo de todos estos acontecimientos es preocupantemente similar al

de las semanas anteriores al 23-F. Mientras los españoles de a pie forman una

sólida pina en torno 9 la Monarquía constitucional, sus representantes políticos

no aciertan a vertebrar con una mínima eficacia ei mandato que recibieron del

pueblo. El síndrome del vacío de poder, vuelve a ser manipulado y Calvo-Sotélo

no termina de darse cuenta de que su parálisis nos conduce a un túnel similar a

aquél del que él.mismo tuvo que sacar a la nación hace quince meses.

La crisis militar seguirá rampando, y las propias Fuerzas Armadas, cuya unidad a

todos interesa preservar, serán las más perjudicadas, mientras el horizonte

político no se despeje, Calvo-Sotelo debe anunciar cuanto antes la fecha de

disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones para el otoño. El mapa

político debe readaptarse lo más rápidamente posible ante ese envite, y los

principales partidos deben comprometerse a buscar un Gobierno de mayoría

estable, sea cual sea el resultado. Es hora de empezar a ser senos, aun a costa

ds dejar de parecerlo

 

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