Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   ¿Quién manda aquí?     
 
 Ya.    05/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La columna»

¿Quién manda aquí?

En el Consejo de Ministros no ha habido esta vez una sola voz discordante.

Durante dos horas, aproximadamente, ha estado sobre la larga mesa la «patata

caliente» de las sentencias.

Todos los miembros del Gabinete han apoyado el recurso al Tribunal Supremo y la

necesidad de reformar urgentemente el Código de Justicia Militar.

En pocas ocasiones ha habido como en ésta una concordancia tan generalizada

entre la clase política y la opinión pública, con las excepciones de rigor. Los

testimonios, encabezados esta vez —justo es decirlo— por e] presidente Calvo-

Sotelo, con su improvisada y fulminante intervención radiofónica del jueves por

Ja tarde, han sido apabullantes.

Hasta Suárez ha salido de su largo silencio, y su impecable «Yo disiento» ha

tenido hondas resonancias.

El dirigente socialista Felipe González no se ha quedado a la zaga.

La interpretación de lo que sucede es, poco más o menos, la siguiente: se trata

de huir hacia adelante y ahuyentar de una vez el miedo al golpe militar en

España. Así de sencillo. Se pretende aprovechar la ocasión para reafirmar

visiblemente quién manda aquí, en un Estado democrático.

Él sometimiento efectivo de las Fuerzas Armadas al poder civil, evitando «una

unión directa, exclusiva y excluyente entre las Fuerzas Armadas y el Rey», como

ha advertido Suárez, es uno de los aspectos cruciales. Lo que está en juego es

la vigencia de las instituciones democráticas, contra las que se alzaron en

armas un puñado de hombres uniformados, que ahora han sido juzgados y muchos de

ellos condenados. La sensación, tras asistir al proceso y repasar la sentencia,

de que han quedado demasiados cabos sueltos produce una aguda inquietud.

En el seno del Gobierno cundió la alarma nada más conocer el fallo del tribunal

militar. Con la mayor celeridad se dictó la orden de que los procesados que

habían quedado en libertad pasaban «disponibles forzosos». Después, el Gobierno

ha decidido elevar recurso de casación al Tribunal Supremo.

Será, pues, el alto tribunal civil "el que diga la última palabra. Lo que se

ventila es si pueden o no seguir siendo miembros de las Fuerzas Armadas y llevar

armas para defender el ordenamiento constitucional los oficiales que

participaron en una rebelión militar y tomaron por las armas el Parlamento, con

el Gobierno de la nación dentro.

Se trata de salvar también la dignidad del Ejército, cuyo comportamiento general

ha sido ejemplar, prescindiendo de las opiniones y sentimientos individuales.

Hoy mismo las noticias que llegan de los cuarteles hablan de serenidad.

El hecho de que el presidente Calvo-Sotelo decidiera comparecer anoche ante los

españoles para dar cuenta de la posición del Gobierno indica la importancia de

las decisiones y la delicadeza de la situación.

Decidió esta comparecencia pública, según nuestras noticias, poco antes de las

cinco de la tarde.

Ha sido un gran gesto de responsabilidad política. La misma crisis interna de su

partido ha quedado en un segundo plano.

Por cierto, los socialistas se muestran contraríos a un gobierno de gestión o de

coalición para agotar la legislatura y contemplan prácticamente como inevitables

las elecciones en otoño.

Los rumores de que Landelino Lavilla podía pasar a ocupar la presidencia de UCD

y dejar el puesto de presidente de las Cortes a Pío Cabanillas no han recibido,

por el momento, ningún tipo de confirmación solvente. La sentencia del juicio

del 23-F, que quedará de alguna forma abierto un año más, ha dejado a un lado,

barbotando, la olla de la política.

Tras los de Tokio y Nuremberg

 

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