Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Altos dignatarios, arrastrados por los suelos     
 
 Diario 16.    24/02/1982.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

24-Febrero-81 -DIARIO 16

NACIONAL

LA GUARDIA CIVIL INVADIÓ EL CONGRESO

EL TESTIMONIO DE José Luis Gutiérrez

Altos dignatarios, arrastrados por los suelos

EL político centrista Luis Ortiz, ex ministro de Obras Públicas, era, hasta

ayer, a las seis y veinticinco de la tarde, un firme candidato a ocupar una

cartera ministerial en el gabinete de CalvoSotelo.

A partir de las seis y media, Luis Ortiz se arrastraba trabajosamente por la

moqueta del bar del Congreso de los Diputados, para ser poco después cacheado

violentamente por un guardia civil obeso y sudoroso, de ademanes violentos y

desabridos.

Todo se desarrolló en escasos segundos. La treintena de personas que nos

encontrábamos ´presentes en el bar del Congreso de los Diputados apenas tuvimos

tiempo de sorprendernos.

Un joven guardia civil, de baja estatura y con barba, a grandes voces conminó a

todos los presentes a tumbarse en el suelo.

Entre los presentes, funcionarios de la Administración, periodistas y

funcionarios del Parlamento obedecieron atemorizados, mientras en el gran

pasillo contiguo a la puerta del bar sonaban disparos aislados y ráfagas de

ametralladora. «¡Quietos todos! ¡Todo el mundo al suelo y que nadie se mueva!».

Allí estaba, de bruces, junto a Luis Ortiz, Txiqui Benegas, presidente de los

socialistas vascos, que había acudido de visita.

Miedo y estupor

Miedo y estupor, mientras todos los ocupantes del edificio eran compartimentados

en distintas salas.

Las primeras noticias que se transmitieron entre los aterrorizados ocupantes del

bar hablaban de un posible atentado, a manos de hipotéticos terroristas

disfrazados de guardias civiles.

Después, de un atentado contra Suárez. El cuerpo a tierra general no era, según

esta versión, mas que las normales precauciones.

Poco después se desharían las dudas al hacer su aparición el teniente coronel

Tejero —uno de los implicados y procesados en la llamada «Operación Galaxia»—,

que entró en el pasillo sonriente, con la pistola reglamentaria en la mano,

apuntando hacia el suelo.

Llamó a Valencia

Los minutos pasarían lentamente, en medio del estupor, la sorpresa y el miedo

generales, en el más completo de los silencios, roto por los metálicos

cerrojazos de las armas al ser cargadas.

Poco después, los cientos de números de la Guardia Civil desalojaron de los

pasillos a todas las personas que los ocupaban.

El ministro de Defensa en funciones, Agustín Rodríguez Sahagún, salió del

hemiciclo, donde permanecía sentado en su correspondiente escaño, al igual que

los demás! diputados y el Gobierno, y pidió hablar con el teniente coronel

Tejero.

Adoptando esa postura semimarcial, austera y de desfiles que le caracteriza, muy

parecida a la posición de firmes, Rodríguez Sahagún esperó en el pasillo la

llegada de Tejero, quien apareció con su sempiterna pistola empuñada, y le

espetó sin contemplaciones: «Señor Rodríguez Sahagún, vuelva a su escaño.» Tras

una breve protesta del ministro, Tejero repitió nuevamente la misma frase y el

ministro obedeció.

Mientras tanto, Fernando Abril Martorell, que intentaba salir, no pudo hacerlo

al impedírselo el número que guardaba la puerta.

El general Prieto

A la salida del Congreso, fuertemente acordonado por círculos concéntricos de

guardias civiles y efectivos de la Policía Nacional, estaba el general Prieto,

antiguo jefe de la Guardia Civil, quien consideró «peligrosa» la situación,

porque «cuando hay armas por medio, siempre hay peligro».

Según el general, podía producirse un enfrentamiento entre los guardias civiles

y los GEO que llegaban a los alrededores del palacio. «Creo que Tejero, o está

loco, o alguien le ha engañado», señalaría el general.

El posible ministro Luis Ortiz era cacheado violentamente por un guardia civil

obeso y sudoroso,

de ademanes violentos y desabridos...

 

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