Autor: Carandell, Luis. 
   Tejero llegó con 20 guardias civiles como un nuevo Pavía     
 
 Diario 16.    24/02/1981.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

NACIONAL

LA GUARDIA CIVIL INVADIÓ EL CONGRESO

EL TESTIMONIO DE Luis Carandell

Tejero llegó con 20 guardias civiles como un nuevo Pavía

EL general Pavía, por lo que cuentan, actuó de forma que puede calificarse de

versallesca en comparación con su moderna réplica, el teniente coronel

Tejero, cuando hizo su famosa entrada en las Cortes. Tejero no iba a

caballo, pero lo parecía.

La votación de investidura comenzada minutos antes, se había iniciado por el

apellido García y cuando el secretario leía -el apellido Muñoz y un segundo

apellido que no recuerdo, oímos en el exterior del hemiciclo gritos de alguien

que decía «¡Al suelo, al suelo!».

EL secretario que leía los nombres de los diputados, el señor Carrascal,

permaneció en silencio y tanto en el hemiciclo como en la tribuna, la gente se

miró en silencio, como indagando la causa de] ruido.

Al poco entraron dos o tres guardias civiles, vestidos en traje de campaña, con

metralleta. Pero hasta que llegó el teniente coronel Tejero con unos 20 guardias

civiles, no tuvimos conciencia ciara de lo que pasaba,

El teniente coronel dio un empujón a Landelino Lavilla, cuando éste quería decir

algo y dirigiéndose a la Cámara; donde había exclamaciones de sorpresa, grito:

«¡Silencio!» «¡Que no se mueva nadie!».

Inmediatamente después una voz ordenó que todo el mundo se tumbara en el suelo y

comenzó un tiroteo nutrido que duró algo así como treinta segundos. No eran

balas de fogueo, que al parecer la Guardia Civil no las usa, y cuando pudimos

volver a levantar la cabeza vimos numerosos desconchados en el estuco pintado

con frescos del techo del Palacio del Congreso.

Algunas lámparas aparecían rotas y sentirnos caer cristales y cascotes sobre

nosotros. Alguna persona resultó levemente herida, un invitado de la tribuna

contigua a la nuestra como consecuencia de una bala rebotada.

En la tribuna de prensa había solamente un guardia civil, un hombre joven con

barba a quien le parecía preocupar estar solo con toda la prensa. «¡Subid alguno

más!», gritaba, y ordenaba a los periodistas que permaneciesen en el suelo o, al

menos, «por debajo de donde yo estoy».

Nos autorizó a levantarnos del suelo y a sentarnos al pie de! asiento. Luego nos

dio permiso para sentarnos en las butacas de la tribuna. Aunque yo estaba medio

tumbado en el suelo de la

tribuna, podía ver una parte del hemiciclo. Vi que Suárez y Gutiérrez Mellado

permanecieron sentados en su escaño, sin tumbarse en el suelo en ningún momento.

En un momento dado, dos números fueron a buscar al diputado Sagaseta y al

principio pensamos que le detenían personalmente a él. Resultó que había quedado

ligeramente herido y le sacaban sólo para atenderle.

Entre los asaltantes había una persona de paisano, un hombre joven, de cabello

negro, que iba vestido con una cazadora verde “Suárez quiso hablar con el

responsable de la acción. Entonces fue zarandeado por un guardia civil. Se

solto y protesto levantando la voz”

24-febrero-8 I/Diario1

NACIONAL

LA GUARDIA CIVIL INVADIÓ EL CONGRESO

En un momento dado, Suárez se levantó y con un gesto de energía dijo unas

palabras que no captamos bien pero que sonaban a algo así como que quería hablar

con el responsable de la acción.

El presidente en funciones fue zarandeado entonces por un guardia civil y,

soltándose con energía, protestó elevando la voz.

El hombre de paisano se encontraba en ese momento en la tribuna y apuntando al

presidente con la metralleta gritó en tono de advertencia: «¡Señor Suárez...!»

Finalmente, el teniente coronel Tejero tomó a Adolfo Suárez del brazo y lo sacó

del hemiciclo.

Creí entender algo asi como que autorizaban ai presidente a hablar con alguien,

pero no conseguí oír exactamente lo que decian.

Un capitán que, junto con Tejero, parecía estar al mando de los veinte guardias

civiles que entraron en el hemiciclo, subió a la tribuna y dijo algo así como

«Esperen ustedes un cuarto de hora o veinte minutos hasta que venga la autoridad

militar competente».

Dijo algo así. Este capitán habló luego con nosotros y mandó que se desalojaran´

las tribunas, tanto la de prensa como las de invitados.

«¿Nos podemos marchar?», preguntaron algunos periodistas. Y el capitán dijo:

«¿Usted ha hecho algo? Pues entonces, añadió, puede marcharse.» Luego explicó

que «ahora vendrá la

autoridad y dará instrucciones a estos señores», refiriéndose a los diputados.

Los periodistas nos resistimos a marcharnos y preguntamos entonces si estábamos

autorizados a salir o bien si salir era para nosotros obligatorio.

Hubo una cierta confusión, pero al final pareció prevalecer la orden de

abandonar la tribuna igual que lo habían hecho los invitados. Los números de la

guardia civil que habían tomado el Palacio parecían muy despitados respecto de

lo que estaban haciendo.

El guardia da barbas que estaba en la tribuna de prensa ponía esa clásica cara

de decir «yo soy un mandao». Otro que vino después, a las preguntas de los

periodistas, dijo que «sé tan poco como ustedes».

Salí del Palacio mostrando un par de veces mi credencial de prensa, pero sin que

nadie me pusiera inconveniente. Fuera había un nutrido grupo de gente y

numerosos periodistas.

Cuando abandonamos la tribuna los últimos representantes de la prensa, los

diputados y el Gobierno en el banco azul, excepto Suárez que ya había salido,

permanecían sentados, lo mismo que la Mesa del Congreo y su presidente, señor

Lavilla, El teniente coronel Tejero, moderno Pavía que por su rigor hizo bueno

al decimonónico general, permanecía de pie junto a la tribuna, mostrando a la

Cámara su desafiante bigote plateado, como una estatua que posara para la

gloria.

 

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