Dio la orden de que se retirasen los tanques. 
 ...Y lo anuló a las cinco de la mañana     
 
 Diario 16.    24/02/1981.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

... y lo anuló a las cinco de la mañana

Valencia vio cómo a partir de la una treinta de la madrugada los blindados iban

retirándose a los cuarteles. Tras el mensaje —casi una orden— del Rey, el

capitán general ordenaba la retirada. Pero el estado de excepción continuaba,

así como el toque de queda, y toda la autoridad recaía en un solo hombre, Milans

del Bosch. A las cinco de la madrugada llegaba la noticia definitiva: el capitán

general redactaba un bando que anulaba el anterior.

Valencia — Los ciudadanos valencianos que se acostaron con el ruido de las

cadenas de los tanques, se levantaron con una ciudad tranquila y normalizada,

tras el mensaje del Rey

Valencia fue, durante unas horas, una ciudad silenciosa, expectante y llena de

ansiedad por el miedo, un toque de queda militar y la presencia ´de los

blindados en las calles.

Sobre las dos de la mañana las noticias que llegaban de Valencia demostraban que

la tensión remitía, aunque se mantenía en cotas de excepcionalidad. Milans

seguía ostentando el poder civil y militar, y la Junta de Seguridad de Valencia

no había recibido órdenes de ejercer sus funciones. Por fin, a las cinco de la

madrugada, se anunció que la normalidad se restablecería definitivamente.

Los primeros rumores sobre una marcha o arresto del capitán general Milans del

Bosch fueron desmentidos. Puesto en contacto con el Gobierno Militar, DIARIO 16

pudo confirmar que

el toque de queda continuaba vigente y que el teniente general Milans del Bosch

seguía en su despacho.

Todavía después de las dos de la madrugada podían verse tropas por las calles,

aunque no blindados. Las fuerzas en los controles exigían la documentación a los

viandantes autorizados.

Al despliegue de las fuerzas debía sumarse una perfecta organización de los

servicios. Unidades de Intendencia repartieron cena a los soldados.

Las calles estaban totalmente vacías y en algunos edificios policías nacionales

vigilaban desde los tejados.

Desde las seis de la tarde

las emisoras, con intervalos de diez minutos, leían el comunicado del teniente

general Jaime Milans del Boch. Los teléfonos de la Generalidad y del

Ayuntamiento no contestaban. En el interior los concejales se mantenían

«cumpliendo con su obligación». En Castellón el toque de queda también funcionó.

Las emisoras de radio estaban tomadas militarmente —o custodiadas como

eufemísticamente se dijo— mientras en Alicante y Murcia reinaba la calma. Los

periodistas tenían salvoconducto.

La opinión pública valenciana estaba perpleja. La situación en aquella capital

no se correspondía con la del resto de España, a tenor de las informaciones

oficiales.

Al filo de la medianoche, las emisoras recibieron autorización para conectar con

Madrid y los valencianos pudieron tener información oficial de primera mano.

A las once de la noche se volvió a leer el comunicado del capitán general, pero

esta vez con una advertencia, sería la última vez que se leía, pero lo dispuesto

en el mismo seguía vigente. «Si las circunstancias lo exigen, se transmitirán

las instrucciones convenientes para el desarrollo riel mismo.»

 

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