Autor: Solana, Luis . 
   Problemas militares     
 
 Diario 16.    28/05/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Diario 16/28-mayo-81

OPINIÓN

«JOSÉ FERNANDEZ TOLEDO» (*)

Problemas militares

Bajo una fórmula de licencia literaria, el autor del artículo explica el proceso

seguido por un profesional militar y su evolución en los últimos años, en la

transición del pase de la dictadura a la democracia constitucional.

Soy comandante de Caballería con destino en una brigada de la IV Región Militar.

Como tantos otros oficiales viví las tensiones del día 23 de febrero de 1981 y

desde entonces he meditado en profundidad y sigo meditando las razones de

aquellos momentos.

Nadie conoce mejor que nosotros, los militares, el horror de la violencia, por

lo que su erradicación es para nosotros una preocupación constante.

No nos gusta que nadie actúe violentamente, porque somos nosotros la institución

que debe tener el monopolio de la fuerza para usarla dentro de las normas y

organigramas previstos por el mando.

Yo me he educado en la Academia de Zaragoza donde me han enseñado a amar a

España, la disciplina como norma y una forma de entender el papel de las FAS en

la comunidad nacional.

Me casé pronto y tengo cuatro hijos. Los primeros problemas vinieron cuando mis

entusiasmos de joven oficial tropezaron con tantos y tantos problemas

aparentemente pequeños como la vida profesional me fue deparando.

En época de paz

Recuerdo el disgusto que me produjo la dificultad que tuve para encontrar un

piso adecuado en uno de los primeros destinos. No entendía cómo no estaba

resuelto este problema que permitía una movilidad racional de los cuadros

militares sin traumas familiares. Luego empecé a tener preocupación por analizar

las escalillas, suponer ascensos y prever carreras.

Es decir, poco a poco me fui incorporando a la vida monótona de esta situación

de guarnición que tienen los Ejércitos en época de paz.

Un día murió el generalísimo Franco. No le quiero ocultar a nadie que lloré.

Para mí era un mito, una bandera, un símbolo que se había roto

irremediablemente. No soy lo que se podría llamar un franquista —ni mucho menos—

e incluso cualquier política me parece una cosa lejana a mi profesión, pero

tenía la sensación de que la personalidad y la obra de Franco había sido

importante para mi Patria.

Espectador

Después empezó la transición. Sinceramente digo que ni me entusiasmé ni me

molestó el proceso que se siguió en aquellos años. La verdad es que no se me

ocurría de qué otra manera podían organizarse las cosas en España. La figura del

Rey —por otra párteme parecía una garantía de

que los valores permanentes no correrían riesgos.

Quizá adopté un poco la posición de espectador de la vida nacional, mirando a

ver qué hacían los políticos que habían salido a la luz en esas fechas. Para ser

sincero, he de decir que hubo dos cosas que me preocuparon desde el principio:

la primera, una sensación de falta de sinceridad en algunos responsables

políticos y, la segunda, un desorden peligroso en el tema de las autonomías. No

quisiera dar nombres concretos, porque puede haber opiniones muy diversas y no

es mi papel entrar en polémicas políticas.

Lo realmente tremendo fue cuando los asesinos de ETA empezaron a dar la

sensación de que campaban por sus respetos y de que nadie ponía freno a la danza

de muertes de militares, guardias civiles, policías y paisanos. Tiene que

entenderse que, para la mayoría de nosotros, un tema que afecta a la unidad de

la Patria y en el que hay por medio una auténtica lucha armada es un tema que

nos afecta directamente.

Luego vino la noche del 23 de lebrero y de alguna manera se ha llegado al punto

en el que tanto los civiles como los militares deberíamos hablarnos claramente

para no llegar a situaciones que la inmensa mayoría de unos y otros no deseamos.

A mí me gustaría que todos uniéramos más nuestros esfuerzos para luchar contra

el terrorismo y para devolver a España el puesto de honor internacional que se

merece, A veces na entiendo ciertas polémicas entre los políticos. Soy sincero

al decirles que sigo creyendo firmemente en el Rey, que la Constitución no la he

leído que la política me ha empezado a interesar recientemente.

Paz y convivencia

No tengo ninguna opción partidista y me gustaría que en España hubiera paz y

convivencia: si eso es la Constitución, bienvenida sea. Deseo acercarme a mis

conciudadanos, pero me niego a que nadie utilice mis gestos y, sobre todo,

quisiera que los españoles se acercasen más a las FAS y conociesen sus razones.

A nosotros nos gustaría que hubiese un Gobierno que gobernase, aun sabiendo que

puede parecer una perogrullada.

Nos gustaría que se luchase decididamente contra el terrorismo por todos los

medios posibles. Yo sé que algunos de nosotros podemos morir a manos de un

asesino y creo que si la lucha se plantea claramente nadie va a revolverse

contra la organización civil. Pero también confieso que una muerte masiva de

militares sería a lo mejor insoportable.

Me gustaría que las autonomías se explicasen mejor y que el respeto a los

símbolos nacionales no fuera dudoso. Dentro de las FAS pediría dos cosas: más

disciplina y más información.

El rumor es un mal aliado de la clarificación. De otro lado, yo creo que cada

vez somos más los militares que, aunque sea sin entusiasmo, estamos aceptando y

convenciéndonos de que el sistema constitucional es una forma normal de

convivencia para España.

Dejándonos de matices y si vamos a lo profundo, yo creo que, a partir del 23 de

febrero, todos estamos con una enorme sensación de responsabilidad en cada uno

de nuestros actos. Estoy seguro de que la idea de España está cada día más

presente en todos y que eso es garantía de paz y estabilidad.

 

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