Autor: Arbeloa, Víctor Manuel. 
   Apostar por la democracia  :   
 (¡Levántense todos del suelo!). 
 Diario 16.    28/05/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

VÍCTOR MANUEL ARBELOA

Presidente del Parlamento Foral de Navarra

Apostar por la democracia

(¡Levántense todos del suelo!)

«Dejemos para otro día el discurrir sobre la fragilidad de nuestra democracia y

sus causas. Limitémonos hoy, amigo lector, a levantar del suelo a tantos buenos

demócratas a punto de desfallecer.»

En el suelo están —mucho antes de que los animara a ello el teniente coronel

Tejero— tantos demócratas desencantados, cuyos anteriores encantos nadie conoce.

Tantas buenas gentes, que están de vuelta, sin haber estado nunca de ida. Tantos

infatigables trabajadores por la democracia, que se cansaron antes de tres o

cuatro . años. Tantos beneméritos activistas, ya desinflados, que no tuvieron

otra actividad que la de esperar que alguien los colocara, los aupara o les

repartiera el maná, que iban a llover los nuevos cielos democráticos.

Todos estos cotorros, que siguen hablando —apenas hacen otra cosa— desde el

santo suelo del desencanto, de la indiferencia o de la indignación, han

encontrado al fin una explicación, una razón y un blanco para sus indefinibles

amarguras: los políticos.

Los políticos tenemos Ja culpa de todo. Antes era el Gobierno. O los militares.

O los curas. O Perico el de los Perico de los palotes. Ahora somos los

políticos, que no nos merecemos, naturalmente, el pueblo que tenemos.

El pueblo, al que ellos pertenecen y que pretenden -representar con mucha mayor

dignidad que nosotros.

Que hayamos pasado de la dictadura franquista a la Monarquía parlamentaria; de

la ocultación sistemática a la más amplia publicidad; de la clandestinidad

perseguida a la libertad multiplicada de pensamiento y de movimiento; del

centralismo a las….. sistema a la reforma fiscal; de la corrupción oculta a la

ventolera purificadora del Parlamento...

Que hayamos pasado aquí, en Navarra, como en otras partes, de ser una provincia

gobernada por un gobernador civil —que solía ser militar— y por unos señores

elegidos a dedo, o por elegidos a dedo, a ser gobernados por quienes el pueblo

ha elegido por vez primera; que de unas normas residuales y maltrechas hayamos

pasado a tener casi configurado un futuro democrático y peculiar.

Que hayamos pasado de la oligofrenia de unas cuantas firmas rancias, al juego

político —todavía en aprendizaje, claro—, propio de cualquier país europeo...

¡qué más da!

Chanzas y chismes

Todo eso, y por eso, hay que ocultar, hay que disminuir, hay que maldecir y hay

que despreciar.

Con chanzas y chismes, con chistes y burlas, con muecas y guiños, con palabras

soeces y brochas gordas de escribir y de insultar.

Unos, porque no tienen todo el poder, como antes. Otros, porque no les han

dejado ninguno, a ellos que son mejores que nadie. Estos, porque esperaban una

mágica y cómoda revolución, no se sabe de donde.

Aquéllos, porque no fueron capaces de importarla de algún país lejano y

patético. Tales, porque Franco y otros señores les enseñaron bien a odiar la

política y los políticos, cuando toda se la hacían ellos solos.

Guales, porque no pueden tolerar que la nueva política la hagan gentes que se

apellidan como ellos, son de su pueblo o viven en su misma calle.

Quienes, porque de algún modo han de rebozar su pereza o su frivolidad. Quienes,

porque, todo hay que decirlo, tienen su parte de razón. Fulano, porque piensa

que al terrorismo no hay quien lo detenga. Mengano, porque cree que al golpismo

no hay quien lo pare.

Pues eso es lo que buscan todos los enemigos de la democracia. Verlos así:

cansados, desencantados, descentrados, despistados, sentados, tumbados,

despatarrados, perseguidos, relamidos, ateridos, preteridos, perezosos,

envidiosos, bondadosos, lustrosos, palabreros, palabroteros, lagoteros,

majaderos, histéricos, coléricos, benéficos, célicos, sesteando, vegetando,

maquinando, malhablando, maldiciendo, malhiriendo, dándose golpes de pecho, de

barriga, de espalda, dándose golpes bajos y altos, aterrados, soterrados,

enterrados, cuerpo a tierra, sin imaginación, sin esperanza, sin dar golpe, ni

siquiera para evitar algún golpe de mano airada con pistola o metralleta.

¡Levántense del suelo, por favor! Que somos pocos —aunque malos, malísimos— los

que nos movemos por este sucio mundillo. Y está casi-todo ñor hacer.

 

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