Autor: Reinlein García-Miranda, Fernando. 
 Los capitanes generales reiteran su lealtad al Rey. 
 Rebelión militar con escaso apoyo del Ejército     
 
 Diario 16.    24/02/1981.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Diario 16/24-febrero-81

NACIONAL

LA GUARDIA CIVIL INVADIÓ EL CONGRESO

Los capitanes generales reiteran su lealtad al Rey

Rebelión militar con escaso apoyo del Ejército

El intento de rebelión militar llevado a cabo ayer por el teniente coronel

Antonio Tejero, al frente de doscientos .guardias civiles, no contó con respaldo

militar, excepción hecha de algunas unidades en Madrid y la incógnita de lo

sucedido en Valencia.

Los capitanes generales manifestaron su apoyo al Rey con quien hablaron por

teléfono e informaron de la situación en sus distintas demarcaciones. La Junta

de Jefes de Estado Mayor hizo público un comunicado en el que apostaba por la

Constitución.

Fernando REINLEIN

Madrid —

La «operación Ariete» para supuestos extraordinarios se puso en marcha ayer y

alcanzó el grado de alerta, según informó el gobernador en funciones del País

Vasco, Fernando Jiménez, quien sánalo que este estado había sido comunicado a

los Gobiernos Civiles. Según esta comunicación, cualquier tipo de manifestación

puede ser reprimida violentamente.

Mientras los gobernadores civiles convocaban alas Juntas de Seguridad, por orden

del Ministerio del Interior, a las siete y cuarto de la tarde, fuentes

gubernamentales, señalaron que las tropas se encontraban acuarteladas en

diversas regiones de¡ país, como medida meramente preventiva y bajo el control

del Gobierno.

A esa hora se daba como probable la presencia en el palacio de Congresos del

capitán general de la I Región Militar (Madrid). Las fuentes oficiales repetían

que la situación estaba bajo el control del Gobierno.

Lealtad al Rey

Las mismas fuentes destacaban que el Rey contaba con el apoyo y lealtad de todos

los capitanes generales, extremo que aparecía confuso cuando los informadores

miraban hacia Valencia. Fuentes militares´ señalaron que tenía cierta coherencia

que el capitán general de Valencia, al tener conocimiento de los hechos hubiese

declarado el estado de excepción para a continuación ponerse a las órdenes del

Rey.

Pero, junto, con estas manifestaciones llegaban desmentidos oficiales de la

Junta de Jefes de Estado Mayor, en la que se decía que Miláns del Bosch no había

declarado el estado de excepcición,

El apoyo de los capitanes generales, según las fuentes oficiales era absoluto.-

El propio Don Juan Carlos había mantenido conversaciones telefónicas con ellos,

para conocer la situación en sus respectivas demarcaciones.

La Junta de Jefes, reunida, se hacía cargo de la situación, aunque en un

principio las noticias eran confusas.

A las siete de la tarde, se supo que un destacamento de la Guardia Civil salla

de la Dirección General en dirección al palacio del Congreso y a su frente iba

el director general del Cuerpo, general José Luis Aramburu Topete.

A su llegada, algunos grupos de personas entonaron el «Cara al sol» en las

cercanías de la plaza de Neptuno. Otros grupos, cerca de la calle de Sevilla,

gritaban: ¡Libertad! ¡Viva la Constitución! y [Viva la Policial

Poco a poco iban llegando noticias de que la situación era tranquila en todas

las Capitanías.

En Valladolid, el teniente general Campano se reunía con el gobernador militar

de la plaza, y la centralita tenía órdenes de no pasar llamadas.

Un portavoz del Ejército declaraba: «Es puro aventurismo. El Ejército no está

implicado en un acto demencial. Se trata de una acción localizada en Madrid sin

seguimiento fuera de la capital.»

Al poco de tenerse noticias, la Dirección General de la Guardia Civil, a través

de su secretario, afirmaba que «ni el director ni yo sabíamos nada.

El general acaba de salir hacia el Congreso. Espero una llamada urgente, le

ruego que cuelgue».

¡ Alerta!

A las siete de la tarde, las tropas de la Guardia Civil que rodeaban el recinto

se metieron dentro.

Un tiro suelto se escuchó sobre las siete y veinte y más tarde una ambulancia

entraba en el palacio, aunque quedó

allí.

No debió ser grave. Minutos después se escuchaba una voz: «Alerta». Se escuchó

el sonido de los cerrojos de las armas. La gente corrió y unos guardias civiles

salieron al exterior con el dedo en los gatillos.

Dos policías municipales sacaron sus pistolas. Uno de ellos era una mujer. Al

poco, todo se desvaneció. Sólo se escuchó un grito dentro del recinto del

palacio: «Todo por el Rey».

La gente se acercaba a las verjas en la zona de la calle de Jovellanos. Un

guardia civil amenazó: «Apártensen o puede haber un escándalo». Un grupo

gritaba: i Arriba España!

La Junta de Jefes de Estado Mayor continuaba reunida. Bajo la presidencia del

teniente general Ignacio Alfaro Arregui, los jefes de los Estados Mayores

Emiliano Alfaro, José Gabeiras y Luis Aréválo, junto con el secretario de la

Junta (¿general Armada?) discutían sobre los términos de un comunicado oficial.

Entre tanto, los secuestradas seguían en el palacio. Los máximos dirigentes

habían salido custodiados por los rebeldes.

 

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