Propósito de enmienda     
 
 ABC.    03/03/1981.  Página: 2-3. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

Propósito Propósito de enmienda

Los recientes acontecimientos políticos han tenido la suficiente importancia

como´ para invitar a todos loa españoles a un serio examen de conciencia. Y tras

él, a una consciente definición de actitudes.

El Rey ha sido, en la coyuntura histórica de vina difícil transición, no sólo el

decidido impulso hacia unas formas constitucionales y democráticas, sino

también, llegada la ocasión, quien ha asumido la tarea de defenderlas y

salvarlas.

A pesar de una Constitución cicatera que recortó hasta el máximo sus poderes

legales, Don Juan Carlos ha dado a toda la clase política una soberana lección

de dignidad y de firmeza y ha descubierto a una parte de este desconfiado pueblo

español la garantía de estabilidad y respeto a la Ley que significa la Corona.

Hay que decir, en honor a la vevdad, que esta ejemplar conducta del Monarca no

se ha visto asistida de idéntico acierto por los partidos políticos ni, sobre

todo, por sus representantes dotados de. capacidad decisoria.

Hasta hace sólo unos días el desinterés popular, el escepticismo y la apatía

eran los índices dominantes de la situación española, consecuencia evidente de

un grave desprestigio de la clase política en ejercicio, los grupos ideológicos

—comenzando por el propio partido en el Poder— mostraban síntomas inconfundibles

de división y hasta de enfrentamiento.

El terrorismo mantenía atemorizadas a provincias enteras del país, cuyos

habitantes se avenían a pagar un vergonzoso «impuesto revolucionario» bajo la

permanente amenaza de las metralletas. Las huelgas continuas —motivadas muchas

veces por consignas políticas que no por justas reclamaciones laborales— nos

tenían al borde´de la mas espantosa ruina.

El precipitado . y torpe tratamiento del toma de las autonomías regionales

amenazaba gravemente la unidad española que la misma Constitución vigente

declara «indisoluble".

El orden público había alcanzado una de las cotas más bajas do nuestra historia

y los atracos a instituciones bancarias o establecimientos comerciales eran

capítulo acostumbrado en la diaria crónica de sucesos. Estos puntos, los mas

visiblemente escandalosos de una situación política en franco deterioro, daban a

nuestra flamante democracia un perfil «agrio y triste» como el que Ortega asignó

a los peores momentos de la II República.

La ocupación militar del Congreso con el subsiguiente secuestro del Ejecutivo y

la totalidad de los diputados; la actitud de rebeldía de algunos jefes y

unidades del Ejército, han sacudido fuertemente la opinión popular.

En estos momentos, tras las expresiones de júbilo por el fin de la amenaza, es

muy posible —y sería, al menos, muy deseable— que nuestra clase política hiciera

examen de conciencia, meditado recuento de torpezas e improvisaciones, y

afrontara —tras esa saludable operación— un decidido propósito de enmienda,. Sin

la decidida intervención del Rey es muy probable que este balance melancólico

hubiera tenido que hacerse muy lejos de loa escaños de la Cámara.

Y por eso mismo, ñor haber alcanzado el favor de una segunda Oportunidad,

nuestros gobernantes están aún más obligados a revisar seriamente el pasado y a

plantear con decisión el futuro.

Una reciente encuesta, establecida(a muy alto nivel, arrojaba el pavoroso índice

de un SO por 10O de opiniones adversas a nuestra clase política y a su forma de

conducir los asuntos del Estado.

ABC condena sin paliativos toda fórmula de violencia que trate de perturbar o

interrumpir el cauce legal que los españoles eligieron libremente. Rechaza

cualquier intento de sustituir, al margen de la Constitución, la fórmula

parlamentaria y pluripartidista que —con todos sus innegables tropiezos— es la

norma de convivencia a que debemos ajustamos.

Pero, al mismo tiempo que- se ratifica en su liberalismo, incompatible con

cualquier fórmula dictatorial, más o menos declarada, ABC quiere advertir contra

el peligro que supone que, en plena euforia por la recobrada libertad, se

ataquen gravemente unas instituciones fundamentales en la vida de la Nación.

El Ejército y las Fuerzas de Orden Público han acumulado en esta difícil etapa

méritos más que suficientes para merecer el respeto y la admiración de todos los

españoles.

Su disciplina y su sacrificio están respaldados por centenares de muertos a los

que casi nunca se ha honrado debidamente, por el dolor y la orfandad de.muchas

mujeres y muchos niños.

Sería un grave error continuar —por la equivocación de unos pocos— la campaña de

desprestigio que se ha ensayado en repetidas ocasiones.

Todos los partidos —incluso el que ocupa el Poder— han expresado públicamente en

numerosas oportunidades la necesidad de un Gobierno fuerte, capaz de resolver

los urgentes problemas que se nos han acumulado. Antes de tratar de envolver en

una acusación colectiva a todas las Fuerzas Armadas por

MARTES 3-3-81

El pecado de algunos de sus miembros, •piensen nuestros políticos en qué medida

pueden absolverse elloa mismos de ta parta de culpa que les corresponda.

España figura hoy en ese grupo de naciones que pueden llamarse «Vibres» en

verdad. Son sólo 51 entre los 218 con existencia reconocida. A esa comunidad

queremos seguir perteneciendo por mandato de unas razones históricas y

culturales.

Queramos seguir integrados en una fórmula que, con datos irrefutables a la

vista, ea la que proporciona mayor prosperidad y equilibrio a los países capaces

de mantenerla.

Ese es el sitio que queremos y el sitio que nos corresponde. La dolorosa,

experiencia de más de siglo y medio de contiendas civiles debe servirnos de

advertencia continua, de señal de peligro que nos alerte désde las dos orillas

del camino. Recobremos dos virtudes fundamentales que empezábamos a olvidar la

fe y la esperanza.

Un hombre nuevo gobierna la nave del Estada Déjaosle apoyo firme, confianza

suficiente. Y ofrézcamele también crítica´ sincera y positiva.

Nuestra, paz futura, nuestro futuro bienestar, no pueden ser regalos milagrosos

que nos caigan del cielo. Habrá que ganarlos con trabajo duro, con disciplina

auténtica, con sacrificio inevitable.

 

< Volver