Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
   Para quien lo quiera oír…     
 
 Diario 16.    30/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA

Catedrático de Derecho Político

«Para quien lo quiera oír...»

La decisión del tribunal militar de castigar con la preña mínima —un mes y un

día— los graves insultos proferidos por el capitán Juan Milans del Bosch contra

el Rey Don Juan Carlos ha causado un hondo impacto en la opinión pública. «Mal

vamos cuando una injuria al Rey no encuentra la réplica esperada por los

demócratas», dice Jiménez de Parga en este artículo, con cuyo contenido DIARIO

16 se identifica.

Esta lúe la dedicatoria que un capitán del Ejército hizo a sus palabras

injuriosas sobre el Rey.

Sin repetir aquí los calificativos, porque me repugna transcribirlos, todo el

mundo lo sabe.

El lamentabilísimo suceso se desarrolla en la barra de un bar, entre personas a

las que por su condición social se les debe exigir más.

El consejo de guerra condena al capitán a un mes y un día de arresto, lo que en

lenguaje forense suele llamarse «una pena simbólica».

Me preocupa lo ocurrido. Pienso que estamos ante otro hecho negativo para la

consolidación de la democracia. No digo —adviértalo e\ lector— «para la

consolidación de la Monarquía», sino de la democracia. Y me expreso así porque

la democracia que tenemos ahora los españoles se la debemos al Rey, que nos la

salvó en las horas cruciales que comenzaron en la tarde del 23-F y duraron hasta

el mediodía del 24.

Olvidadizos

Sin Don Juan Carlos en La Zarzuela, asumiendo el arbitraje que la Constitución

le atribuye, los esfuerzos de renovación y cambio democráticos hubiesen

terminado tristemente por la fuerza de las metralletas y de los tanques. En los

días que siguieron a aquel intento de golpe de Estado, fue reconocido

públicamente, casi sin excepciones, el valor decisivo de la intervención del

Monarca y se actuó en consecuencia.

Pero la gente tiende a 4ser olvidadiza. Pasados ocho meses, algunos se comportan

como si ya no recordaran cuanto sucedió en el Congreso de los Diputados y en la

calle. Mal vamos cuando una injuria el Rey no encuentra la réplica esperada por.

los demócratas.

En el actual sistema de fuerzas reales, el Rey ocupa la posición clave.

Constitucionalmente el Rey no gobierna, pero el Rey reina. Y esta función de

reinar reviste ahora más importancia para la consolidación de la democracia que

la suma de todos " los poderes que integran la gobernación del Estado.

Veneración

Quienes tenemos esta visión de lo que ocurre hoy en España, no podemos recibir

en silencio la noticia de la simbólica pena de un mes y un día impuesta a un

capitán del Ejército que profirió injurias contra Don Juan Carlos.

Sólo colocando la figura del Rey al nivel de respeto —auténtica veneración— en

que se sitúan en sus respectivas naciones los monarcas europeos, será posible

continuar marchando con las antorchas de la libertad y de la democracia por la

recta vía de la historia.

Si, por el contrario, a las injurias al Rey no se da una respuesta severa, firme

y contundente, los españoles caeremos otra vez en una de esas fases oscuras —

Dios no quiera que trágicas— que tan abundantes son en nuestro pasado de pueblo

que desaprovechó sus mejores oportunidades.

Ahora, nuestra oportunidad para saltar a un puesto de vanguardia se llama Don

Juan Carlos I, este Rey de España que es injuriado en la barra de un bar

«distinguido» por un capitán del Ejército y al que, por ello, se le condena a un

mes y un día de arresto.

El capitán dedicó sus insultos a «quien lo quiera oír». Yo escribo también para

quienes quieran oírme y, de forma especial, para aquellos que no escuchan.

 

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