Dijo Tejero respecto a otra eventual entrada suya en el Congreso. 
 La próxima vez tomaré nota     
 
 Diario 16.    23/02/1982.  Páginas: 2. Párrafos: 76. 

EL JUICIO JORNADA 3.a

Dijo Tejero respecto a otra eventual entrada suya en el Congreso

«LA PRÓXIMA VEZ

La tercera jornada del juicio por los sucesos del 23-F comenzó ayer con una

reflexión de Tejero sobre «cómo lo hará la próxima vez» y concluyó con una

detallada exposición de las distintas versiones — Torres Rojas, San Martín,

Pardo Zancada, Juste- de lo ocurrido en la División Acorazada Brúñete. Torres

Rojas se contradijo a sí mismo en sus diversas declaraciones.

San Martín dice que no entiende por qué está procesado sí no lo está el general

Juste.

Pedro J. RAMÍREZ

Madrid —

«La próxima vez que entre en el Congreso tomaré nota de las horas en que haga

las cosas.» Son las 10,47 de la mañana de hoy, lunes, 22 de febrero de 1982,

víspera del aniversario de! intento de golpe de Estado, y el eco de las palabras

pronunciadas por su principal protagonista, el teniente coronel don Antonio

Tejero Molina, con ocasión de su careo con el comandante Cortina, provoca un

estremecimiento colectivo en la zona reservada a los periodistas dentro de este

antiguo almacén de papel del Servicio Geográfico del Ejército, asépticamente

habilitado en sala de justicia.

Cuando nuestras crónicas vean la luz pública, la nación entera recordará los

sucesos de hace un año.

Las piruetas del destino han querido mezclar -como si de un juego

cinematográfico se tratase- la memoria de todo aquello con este nuevo y

desafiante envite.

«La próxima vez que entre en el Congreso tomaré nota de las horas en que haga

las cosas.» Eso es lo que dijo Tejero ante´ el juez instructor cuando se le

solicitaron algunas precisiones sobre sus movimientos.

Seguro que lo dijo con el mismo aire de sorna que ahora se adivina en las

miradas que intercambia con varios de sus compañeros de banquillo, al escuchar

la lectura por el relator de su penúltima «machada».

Arrogancia

Cualquiera que dudara de la veracidad de su «volvería a hacer/o de nuevo»,

recogido en las páginas de «El Mercurio» chileno, debería tener la oportunidad

de ver su comportamiento durante la vista oral.

Tejero es, con diferencia, el más jovial y expresivo en sus gestos de todos los

procesados.

Al decir de alguno de los abogados que tienen ´ la oportunidad de observarle

permanentemente de frente, cada vez que sa relatan sus brusquedades y

desplantes, el rostro se le ilumina con una media sonrisa, propia de quien se,

siente orgulloso de sus actos..

En los descansos echa mano del tabaco, saluda a familiares y amigos y se mueve

con ademanes caricaturescamente arrogantes.

Ni por un solo segundo la sombra del arrepentimiento ha cruzado su semblante.

Inmediatamente antes de soltar esta bravata que hace subir la temperatura de la

sala apenas iniciada la sesión. Tejero le había soltado «cuatro frescas» al

comandante Cortina.

Según la lectura solicitada por el fiscal, el careo "entre ambos fue difícil y

tenso Era lógico, porque son personajes antagónicos donde los haya: si se les

quitara el uniforme a ambos.

Tejero pasaría por un hirsuto leñador bajado de las montañas y, a Cortina, le

confundirían con un profesor de Universidad, a caballo entre la docencia y la

investigación.

Tejero insiste en que se reunieron de madrugada en casa de Cortina en el Parque

de las Avenidas. Cortina lo niega.

Tejero dice que Cortina le pareció «un hombre borracho de verborrea». Cortina

solicita del juez que no admita que se le llame «borracho», ya que él siempre se

ha expresado con «mesura».

Tejero precisa que le ha llamado «borracho», pero «sólo de verborrea» y en

sentido figurado. Cortina insiste en que, en cualquier caso, es «tratarle con

demérito».

Para dar más verosimilitud a su anterior descripción del piso en que se celebró

la entrevista, Tejero describe ahora el portal de! inmueble, utilizando

diminutivos difíciles de imaginar en sus labios: «Era un portal grande con

hierros, con un escaloncito, con el suelo imitando un tablero de ´ajedrez y con

un cristalito en el ascensor.»

Cortina admite que la descripción del portal coincide «en líneas generales» con

la realidad y dice que la anteriormente hecha del piso «ya´ no tanto».

Su abogado, Villalonga, se saca entonces un pequeño conejo blanco de la

manga, aportando un dato muy significativo: en la habitación en la que según

Tejero se celebró la entrevista había y hay un retrato dedicado de Su Majestad

el Rey, al que el bigotudo teniente coronel no se ha referido.

¿Acaso no era lógico que hubiera mencionado este objeto antes que ningún otro,

cuando lo que pretende demostar es que Cortina, Armada y Don Juan Carlos son

peldaños de una misma escalera?

CESID

A lo largo ,de todo el careo ha quedado patente el deseo de Tejero de implicar

lo más posible tanto a Cortina en particular como al CESID en general.

En algún momento sale a relucir que Cortina intervino en el desmontaje de la´

«Operación Galaxia».

La pregunta que más trabajo le ha costado a Cortina contestar ha sido la

referente a su puesto y´ destino. Primero, ha alegado razones de alta seguridad.

Luego, ha terminado diciendo: «Jefe de la Agrupación de Operativa de Misiones

Especiales.»

Curioso destino el suyo: del propio centro neurálgico de la sala de máquinas de

la inteligencia secreta del~ Estado, al duodécimo lugar de la primera fila del

banquillo de tos acusados.

Antes del careo con Tejero se ha leído su declaración en solitario. Constaba de

catorce preguntas y todas ellas fueron respondidas con un mismo monosílabo.

Cortina dice que no recogió a Tejero cerca de su casa; que no le hizo subir a su

domicilio; que no le habló en nombre de Armada; que no se citó con él en el

hotel Cuzco; que no le acompañó hasta la calle del Pintor Juan Gris...

Las sonrisas proliferan por la sala cuando se lee la última frase de la

declaración: «Preguntado si tiene algo más que declarar..., contesta que no.»

Locuaz

El excelentísimo señor general de división don Luis Torres Rojas fue bastante

más locuaz en las tres ocasiones en que compareció ante el juez instructor. De

hecho, lo suficientemente locuaz como para contradecir la tercera vez todo

cuanto había manifestado en las dos anteriores.

Faltan unos minutos para las once de la mañana cuando se empieza a leer su

versión inicial, con la expectativa de ver aclarados así los sucesos que

ocurrieron en esa decisivia División Acorazada que en un pasado reciente le

había tocado mandar y en la que sorprendentemente aterrizó de nuevo en el

mediodía de autos.

A una hora parecida a esta, el excelentísimo señor general de división explica

que recibió en La Coruña una llamada del comandante Pardo Zancada, convocándole

para una reunión a celebrar por la tarde en

Madrid.

El excelentísimo señor general de división dice que pensó que se trataría de

algún asunto relacionado con propuestas técnicas de modernización de la

Acorazada.

Y añade que se decidió a acudir por otras dos razones: porque así arreglaría

algunas cuestiones de testamentaría en el notario, y porque así participaría en

ios actos de despedida de un coronel que había estado a sus órdenes y ahora

dejaba el servicio.

Según este relato del excelentísimo señor general de división, fue al llegar al

aeropuerto de Barajas cuando .Pardo Zancada le explicó que se iban a producir

acontecimientos muy graves y que existían una serie de planes conducidos por el

teniente general Milans del Bosch.

Almuerzo

Como quiera que el juez-instructor le pregunta si conoció a su llegada a la

División Acorazada, o durante el almuerzo de camaradería que mantuvo en su sede,

que el objetivo de la conspiración era el asalto al Congreso, el excelentísimo

señor general de división responde literalmente: «Estaba distraído tomando café,

oí algo relacionado con el Congreso, sin prestar demasiada atención...»

A preguntas posteriores, el excelentísimo señor general de división responde que

durante las horas que pasó en-Madrid oyó hablar «muy poco» del general Armada y

que no había tenido relación anterior con el teniente coronel Tejero.

Ahora resulta

Pero hétenos aquí que transcurren algunas semanas y en el momento de su tercera

declaración la memoria del excelentísimo señor´general de división se ilumina

para producir una historia diferente.

• Ahora resulta que si viajó a Madrid fue de acuerdo con los

planes de la reunión a la que asistió el día 18 de enero en la capital de

España.

• Ahora resulta que sí que había tenido relación con Tejero -asistente a

esa cita— y que en realidad cuando dijo anteriormente que no, «debe entenderse

en el sentido de que con quien se reunió fue con Milans, sorprendiéndole la

presencia de Tejero».

• Ahora resulta que sí que tenía muy claro que el objetivo era el Congreso,

por la Sencilla razón de que se discutió.

• Ahora resulta que no sólo se había hablado del general Armada, sino que lo

consideraban el jefe de la operación.

En varios momentos de la declaración el excelentísimo señor general de división

se ha referido al valor que la palabra dada tiene para un militar.

Valencia

¿Y por qué hubo que traer a Torres Rojas a Madrid? La declaración del comandante

don Ricardo Pardo Zancada, que se lee a continuación, arroja cierta luz sobre el

asunto.

La víspera del 23-F viaja a Valencia, con conocimiento del jefe de Estado Mayor

de la Acorazada, coronel San Martín. Allí se entrevista con Milans y éste le

pregunta por el jefe de su unidad, general Juste.

Pardo Zancada lo define con estas palabras: «Es un hombre extraordinariamente

prudente, poco amigo de aventuras, que sólo se decidirá si las cosas están muy

claras.»

Entonces Milans le dice que hay que avisar a Torres Rojas.

Saltando a la declaración de San Martín que se lee después —volveremos luego a

lo de Pardo—, cuando el comandante regresa de Valencia y le explica lo que

tendrá lugar al día siguiente, él se echa las manos a la cabeza.

“La tercera declaración de Torres Rojas contradice aparatosamente sus

dos testimonios anteriores”

TOMARE NOTAS»

El plan le parece «inoportuno» y «descabellado». Inoportuno porque piensa que el

discurso de investidura de Calvo-Sotelo ha sido bien acogido por la opinión

pública y ha despertado esperanzas en la gente.

Descabellado porque al día siguiente está previsto un viaje en el que acompañará

a Juste a Zaragoza con escala en Alcalá de Henares, y ya es imposible anularlo.

El fajín

No obstante, San Martín presta su colaboración, con la esperanza de coincidir

al día siguiente con Armada en Alcalá -escenario de los actos conmemorativos de

la fundación de la Brigada Paracaidista- y saber mejor a qué atenerse.

Si todo esto fuera cierto, sería un detalle absurdo el que le habría impedido

«ponerse al tanto». Cuando él y Juste (legan a Alcalá, se dan cuenta -

¡maldición! - de que se han equivocado en el uniforme, pues se trata de un acto

de gala.

Juste intenta subsanar el fallo sobre la marcha, pero nadie puede prestarle un

fajín rojo de general. Desde una de las ventanas del acuartelamiento San Martín

ve llegar, impotente, al general Armada.

Ante la tesitura de tener que comparecer sin su fajín granate, Juste decide

abandonar Alcalá y seguir viaje de inmediato a Zaragoza.

Es al hacer un alto para el almuerzo cuando San Martín recibe de Madrid la

contraseña — «La bandeja está grabada» que indica que Torres Rojas ha llegado ya

de La Coruña. Entonces le dice a Juste que en

Madrid pasan «cosas gravísimas» y éste accede a regresar.

Reunión

Según la declaración de San Martín, Juste no le preguntó qué era lo que

concretamente ocurría y sí él se (o siguió ocultando fue por no involucrarle en

algo que no tenía demasiado claro.

De regreso a Madrid se encuentran con Torres Rojas, organizándose una reunión

con los principales jefes de la Acorazada en el despacho de Juste. San Martín

pide permiso para que Pardo Zancada exponga los planes de Mílans, y así se hace.

Juste aduce que habría que conectar con el capitán general de Madrid, superior

inmediato en la línea de mando, pero desiste de hacerlo cuando Pardo replica que

eso iría contra las consignas de Milans.

Juste permite que se repartan las órdenes de actuación a las unidades de la

Acorazada, anulándolas luego, cuando tras el asalto al Congreso llama a La

Zarzuela y se entera de que Armada, «ni está, ni se le espera». Según Pardo

Zancada esta contraorden provoca entre los oficiales «signos de decepción y

desagrado», «comentarios despectivos hacia los superiores».

A él le hierve la sangre y decide actuar por su cuenta. Le explica a San Martín

que piensa ir con sus hombres a! Congreso. San Martín replica: «Ricarda, no

hagas tonterías.

Razones

A pesar de ello la expedición se pone en marcha, según Pardo, por estas cuatro

razones:

1«Le pesaba en el alma» dejar a un puñado de guardias civiles abandonados a

su suerte.

2 Siendo él «el oficial de enlace» no querían que Milans pensara que se

había «echado atrás».

3 Había visto «fija en él» la mirada de oficiales y suboficiales.

4 Quería provocar un «aldabonazo» en la conciencia de quienes critican a sus

superiores tomando copas y luego se quedan quietos.

¿Y cuál era el objetivo concreto de todo aquel movimiento? Don Ricardo Pardo

Zancada lo tiene muy claro, según sus declaraciones: «Evitar la disolución

física de España.»

Las de Pardo Zancada y San Martín son con diferencia las declaraciones más

«ideologizadas» de cuantas se han leído hasta ahora. Especialmente las del

segundo, urdidas con densidad conceptual propia de su fama.

Honor

«Me moví por un sentimiento elevado de amor a España, por el código del honor y

con la esperanza de que la providencia nos ayudaría», ha dicho el coronel San

Martin.

Cuando después del relato de los hechos se le pregunta si tiene algo más que

añadir, San Martín hace una vigorosísima defensa de su propio caso y arroja toda

la responsabilidad sobre los hombros de Juste:

• «Como jefe de Estado Mayor sólo soy responsablemente mi superior... Si mi

general y los otros jefes de la división no están procesados, de lo cual me

congratulo, no entiendo mi situación...»

• «Si el Rey ha alabado el comportamiento de

la División Acorazada, no entiendo mi situación... No he sido pieza clave ni

cerebro..."

• «Independientemente de una sentencia absolutoria, el arresto me va a

significar no ascender a general noble aspiración dentro del Ejército...»

• «No comprendo cómo estoy procesado.»

La lectura de tan apelativo alegato ha causado impresión entre las filas de la

prensa, donde a la vez se subraya que no ha salido a relucir el contacto que

según el fiscal mantuvieron Torres Rojas y San Martín, inmediatamente antes de

la reunión del 18 de enero.

Teléfono

El testimonio prestado por el general Juste, de tan polémico comportamiento,

pone en evidencia la versión de San Martín al menos en un punto.

Según !o que se ha leído. Juste dice que sí, que le preguntó a San Martín cuáles

eran esas «cosas gravísimas» que les obligaban a volver a Madrid.

San Martín contestó que no lo sabía y que no le habían dicho más por

desconfianza en la discreción del teléfono.

En su testimonio, Juste reconoce que al llegar a Madrid hubiera sido más normal

informarse de lo

que pasaba, antes de reunirse con los jefes de la División y con Torres Rojas,

pero que confiaba plenamente en ellos.

También reconoce que «no hice un intento firme de ponerme en contacto con el

capitán general de Madrid».

Cuatro elementos condicionaron su actitud que inicialmente favoreció los

propósitos de Torres Rojas, San Martín y Pardo Zancada:

1 La sensación de reserva mental ante la situación creada.

2 La gran dificultad de establecer, hipótesis lógicas en aquel momento.

3 El clima existente en el Ejército ante la situación política.

4 La posibilidad de que hubiera reacciones favorables a los planteamientos

del comandante Pardo.

Hay quienes piensan que el general Juste debió haber sido ascendido a teniente

general, de acuerdo con el escalafón (al quedar marginado pidió el pase a la

reserva); pero también hay quienes piensan que el general Juste debió haber sido

procesado.

«Merienda»

Los vericuetos de la trascendental peripecia vivida por la División Acorazada

nos han distraído un poco hoy del escenario material de la vista. Por otra

parte, la posibilidad de escuchar los comentarios de los acusados coincidiendo

con su salida de la sala, se ha visto limitada por la consigna distribuida

entre ellos de no entrar en contacto con la prensa.

Tejero es el único que de alguna manera se la salta a la torera, pues continúa

haciendo comentarios con el obvio propósito de que sean oídos.

Al iniciarse el primer descanso, alega en plan jocoso que «aquí no se puede

decir nada», mientras recibe unas palmetadas cariñosas del abogado Santiago

Segura, defensor de uno de los capitanes.

Inmediatamente después, su gesto se hace mucho más descarnado y aparatoso.

Tras sacar un cigarrillo y volver a meter la cajetilla en el bolsillo, se hurga

un momento con la mano y agarrándose a lo que Camilo José Cela ha descrito, en

día de pudor inusitado, como «el paquete de la merienda», exclama: «!Ay, lo que

tengo entre las manos!»

San Martín, sobre Juste: ««Si mi general no está procesado, no entiendo mi

situación..»

 

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