Autor: Jiménez Losantos, Federico. 
   El honor     
 
 Diario 16.    23/02/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

Escritor 5 periodista

Ante el primer aniversario del intento de golpe de Estado del 23 de febrero,

Jiménez Losantos sale al paso de las campañas que pretenden presentar a los

militares golpistas como hombres de «honor» y «patriotismo». Pero, como dice el

autor, «el honor no se demuestra a puñetazos ni a tiros».

La prensa ultraderechista que goza, como la ultraiz-quierdista, de la tolerancia

gubernamental, ha decidido colocar a los golpistas bajo la protección de un

nombre que pueda resultar halagador para los militares e impresionante para los

civiles: el honor. Hasta ahora se limitaban a repetir que no debía opinarse

sobre lo que ha visto medio mundo, España incluida, diciendo que los jueces

decidirían en su día, lo que pasó

Parece que ya pueden decir un poco más sobre los encausados del 23-F. Y lo

primero que no vacilan en afirmar es que son todos, los treinta y tres, hombres

de honor.

Esto de pretender que los valientes pistoleros del Congreso y los que

heroicamente ocuparon Valencia son hombres de honor, está obviamente pensado

para que los militares se identifiquen con los sublevados.

Mira por dónde, los mismos que critican cualquier idea de «juicio al Ejército»,

que nadie pretendía, quieren ahora que todo el Ejército se sienta juzgado por lo

que una pequeña parte de él cometió sin que la mayoría lo siguiera.

Suponen estos golpistas de papel pólvora que al decir que se juzga a «hombres de

honor», los militares, que naturalmente se consideran todos hombres de honor, se

sentirán juzgados, o que se juzga el honor militar, la maniobra es burda, pero

indudablemente suponen que puede ser eficaz.

Lo que no se dice, naturalmente, es que lo que se juzga es precisamente que unos

señores no han hecho honor a sus juramentos. Y los que los juzgan son

precisamente los militares que siguen identificando el honor con la disciplina

Romper cabezas

Dentro de algunos días hemos de ver a los mismos sacar a colación el

patriotismo. Serán treinta y tres hombres de honor y treinta y tres patriotas

los juzgados. Para ver si toda persona que se considera patriota y tenga en algo

su honor acaba por identificarse con ese modelo de español para el año 2000, que

es Tejero.

Está visto que nunca faltan patriotas dispuestos a darse el gusto de romperle la

cabeza a cualquiera y pasarle luego la factura a la Patria.

Y por ese curioso mecanismo, resulta que cualquier mozalbete con una porra y una

pistola de contrabando puede resultar más patriota que Jovellanos y servir a

España más que Cervantes y Don Juan

Como español, estos delincuentes que usan y abusan del nombre de España me

resultan todavía más repulsivos que los catalanistas o vasquistas justificadores

del crimen.

Pero pertenecen indudablemente al . mismo grupo humano, o mejor diría inhumano.

Y no, señores, ni patriotas ni nada. Se ponga la bandera que se ponga, el

pistolero, el atracador, el que dispara de frente o por la espalda, el que

chantajea, golpea o asusta en manada a los ciudadanos inermes es, sencillamente,

un criminal.

Y no merece más trato que el de criminal. Y los que lo amparan o enaltecen como

si de un héroe se tratara, son estrictamente eso: cómplices, encubridores o

instigadores del crimen. Nada más.

Uso fraudulento

Por lo demás, muchos grandes españoles, como Unamuno, Ortega, Quevedo, Larra,

Cervantes, Galdós y algunos otros que merecen más respeto a cualquier español y

a cualquier persona civilizada que Tejero y compañía, han escrito mucho y muy

violentamente contra ese uso fraudulento del honor, que, con motivo del 23-F,

quieren reeditar los que ese día perdieron la oportunidad de gobernar España a

su capricho.

Cuando se dice que son «hombres de honor» los que se juzgan, parece, por un

conocido efecto retórico, que los que los juzgan son personas sin honor, y que

el resto de la sociedad, que conoce el proceso, tampoco tiene la menor noción de

ese principio, puesto que deja que se condene a personas honorables, que es

tanto como decir inocentes.

Pues no, señores. Tienen ustedes una pobre noción de España si creen que pueden

recibir lecciones de honor todos los españoles a los que ustedes o sus amigos

asustaron y avergonzaron hoy hace un año.

Yo acepto que como personas, los rebeldes del 23-F, tengan tanto honor como

cualquier español. Ahora bien, como militares y protectonal, mientras no

demuestren lo contrario, si algo está en tela de juicio, es precisamente que

sean hombres de honor.

Como personas, lo que quieran, como sediciosos, están dando el espectáculo de

honor que era previsible: mentir, negar y echarle la culpa al otro.

A cualquier militar español le molestará la suposición de que cualquier civil

compatriota suyo, por no llevar uniforme, tenga menos derecho a ese título de

honorabilidad y patriotismo.

Y menos, que el modelo de honor español sea el duelo Milans-Armada.

Lo que sucede es que hay señores que confunden el honor con el capricho, el

patriotismo con la chulería y la patria con una finca o un patio escolar. Y va

siendo hora de que se acostumbren a oír que patriotas de café y copa ya hemos

tenido bastantes.

Que lo que queremos es científicos y militares, trabajadores e intelectuales,

técnicos inventores, que dediquen su vida a mejorar el estado de su profesión en

España y que, si su talento lo permite, hagan que el nombre de nuestra Patria

quede enaltecido en el mundo

Y el honor no se demuestra a puñetazos ni a tiros. El último grado del

patriotismo es, precisamente, ese de no cumplir el compromiso jurado de mantener

la paz, llevando la guerra al corazón mismo de la Patria.

 

< Volver