Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Difícil posición de Armada     
 
 Diario 16.    20/02/1982.  Páginas: 2. Párrafos: 65. 

La primera jornada de la vista oral por los sucesos del 23 de febrero sirvió

ayer de marco a una persistente ofensiva del fiscal togado encaminada a subrayar

la fragilidad de la posición del general Armada, que niega toda participación en

los hechos.

En lugar de solicitar la lectura consecutiva de las declaraciones de todos los

procesados, el fiscal solicitó que, tras las de Milans y Armada, se leyera el

resultado del tenso careo mantenido entre ambos. Luego pidió que se siguiera con

otros tres careos de Armada con algunos de los procesados y con las

declaraciones escritas de cuatro testigos cuyo relato contradice abiertamente el

de Armada.

Pedro J. RAMÍREZ

Madrid –

Son las diez y diecisiete minutos de la mañana. El excelentísimo señor general

de división don Alfonso Armada Comyn ha colocado bajo sus pies - en el segundo

puesto de la fila de acusados— un cuaderno de tapas marrones y hojas

reemplazables.

Hoy, 19 de febrero de 1982, con un poco más de un cuarto de hora de retraso

sobre lo previsto, va a comenzar una difícil jornada para é!. Armada está pálido

y parece un poco más delgado de lo que indicaban sus fotos.

A pesar de que en diversos momentos se calará sus gafas de montura dorada, no

llegará a utilizar nunca el cuaderno, ni en la sesión de la mañana ni en la de

la tarde.

Este objeto, encuadernado en piel, es el único detalle que rompe la monótona

armonía del banquillo de los procesados. Los zapatos de todos ellos están

perfectamente -lustrados y está claro que sus - uniformes han visto la plancha

en hora bien reciente.

Sin palabras

A la derecha de Armada, se halla sentado el excelentísimo señor teniente general

don Jaime Milans del Bosch y Ussía. Ambos llevan el pelo corto, mojado y

aplastado hacia atrás en el más clásico estilo castrense. No intercambiarán ni

una sola palabra, ni una sola mirada".

Están sentados a 15 centímetros de distancia y parece que los separa todo un

mundo.

A la izquierda de Armada, el tercero en rango es el excelentísimo señor general

de división don Luis Torres Rojas. Luego viene -algo más desaliñado - en el

corte del cabello - el marino Camilo Menéndez, el hombre que se unió a la

aventura de Tejero cuando todo estaba ya en marcha.

Y ese otro personaje de frente alta y pelo cano, cuyo pie derecho se mueve

constantemente como si apretara el pedal de una máquina de coser, es nada más y

nada menos que el corone! San Martín, todo un mito en el proceloso universo de

nuestros servicios de inteligencia

Al lado de San Martín, las facciones redondas del coronel Diego Ibáñez Inglés,

íntimo colaborador de Milans.

Un puesto más allá, con aspecto jovial y extrovertido, el coronel Manchado,

responsable del Parque de Automovilismo de la Guardia Civil que sirvió de punto

de partida a la invasión del Congreso.

Tejero

Y a su lado, naturalmente también con el uniforme

verde de la Benemérita, el teniente coronel don Antonio Tejero Molina, por

desgracia «el hombre del año» en nuestra Patria.

La casualidad ha querido que a Tejero le haya correspondido por su rango el

lugar central de esta primera fila de acusados. Si se trazara una perpendicular

sobre el centro del cristal antibalas que sirve de respaldo a los procesados,

pasaría por el asiento de Tejero e iría a parar al lugar que -allá lejos, allá

arribaocupa el presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, excelentísimo

señor teniente general don Luis Alvarez Rodríguez.

La presidencia -elevada sobre una tarima- es sin duda el elemento más solemne de

la sala. El teniente general Alvarez Rodríguez lleva puesto un reluciente collar

que acredita su dignidad. Delante de él, un crucifijo, que mira hacia los

procesados, y una campanilla dorada. Sentado a su derecha, el excelentísimo

señor teniente general don Federico Gómez de Salazar.

Control

Antes de ocupar nuestros lugares, hemos tenido que pasar por un premioso control

de seguridad, instalado en unos barracones, a medio camino entre la entrada del

Servicio Geográfico del Ejército y el lugar de la vista.

Luego, ha sido preciso esperar en un angosto vestíbulo hacta el momento en que

el presidente diera la

orden de comenzar. Antes que a la prensa y al público, se ha dado entrada a los

letrados, que han desfilado ante nosotros.

Hemos visto a Ramón Hermosilla -serio pero afable —, cuya difícil misión como

defensor de Armada habrá de quedar patente durante el día; también a López

Montero, guardián legal de Tejero, apurando el último cigarrillo antes de pasar

al interior; y no hemos podido por menos que reparar en las cariñosas sonrisas

de Adolfo de Miguel — el viejo magistrado det Supremo que acapara las defensas

de Camilo Menéndez, Pardo Zancada y García Carres- dirigidas hacia algunos de,

los familiares de los procesados.

Pisándoles los talones a los defensores han entrado los codefensores militares

con el excelentísimo señor teniente general don Fernando Santiago y Díaz de

Mendívil, a la cabeza. Todavía resuena en mi cabeza el comentario que el decano

del Colegio de Abogados, Antonio Pedro!, ha hecho esta mañana ante los

micrófonos de Radio Madrid a propósito de esta extraña figura de los

codefensores militares: es como si los abogados reclamáramos el derecho a

codirigir unas maniobras.

Acústica

Cuando al fin se nos da acceso al recinto, todos los demás elementos del retablo

ocupan ya sus lugares.

Al lado de algunos detalles de empaque, como el estrado de la Presidencia, el

dosel con el escudo, la bandera de España, la moqueta y el cristal antibalas,

también hay componentes que recuerdan que el lugar donde se celebra el juicio

era hasta hace muy poco un almacén de papel.

Así, el techo de uralita con cristaleras amarillas, así las campanas luminosas

que, cuelgan altísimas de ese techo, así las iniciales dificultades acústicas

que acrecientan la sensación de inmensidad del escenario.

Tal vez fuera deformación de empedernido melómano, pero el caso es que Leopoldo

Calvo-Sotelo andaba obsesionado durante los últimos días con la sonoridad de la

sala, hasta el punto de haber enviado a uno de sus más directos colaboradores

para que la supervisara personalmente.

Al cabo de media hora se produce el ajuste técnico de la instalación y desde ese

momento la audición es ya casi perfecta. Para entonces el relator ha terminado

de leer el resumen de las conclusiones del fiscal y acomete las de la defensa.

Coincidiendo casi con el momento en que se pide su libre absolución, Armada gira

la cabeza ciento ochenta grados -primero hacia la izquierda, luego hacia la

derecha- buscando, sin duda, la mirada amiga de algún familiar.

A las 11,32, el presidente del tribunal pregunta:

-¿Desea el fiscal togado que se dé lectura a alguno de los folios del sumario?

Y el fiscal togado, excelentísimo señor general don José Manuel Claver Torrente,

responde:

-Con la venia de su señoría, deseo que se dé lectura a las declaraciones de

todos los procesados y a las de aquel/os testigos que sean absolutamente

imprescindibles.

Milans

En seguida añade que las solicitará de acuerdo con un orden que ayude a seguir

mejor e! desarrollo de los hechos. Esta va a ser una de las claves de su

estrategia.

- Solicita, entonces, el señor fiscal togado que se dé lectura...

— Con la venia de su señoría, solicito la lectura de la declaración del

excelentísimo señor teniente general don Jaime Milans del Bosch y Ussía,

empezando por el folio 119.. ti relator emprende entonces, en tono y timbre de

monocorde salmodia, el relato de lo que Milans manifestó ante el juez instructor

y tuvo trascendencia pública este verano, una vez concluida la fase de plenario.

Los periodistas intercambiamos miradas cuando se leen cosas como «el gobernador

civil se puso a mi disposición», «me llama el general Juste para decirme que qué

hace con la Acorazada», «Caruana se presentó en mi despacho sin demasiado

convencimiento», «el manifiesto produjo una gran serenidad dentro de ¡a III

Región» o «Armada me dijo que la V —la de Zaragoza, mandada entonces por el

teniente general Elicegui— apoyaba su solución».

Toda la declaración de Milans supone una continua atribución de

responsabilidades a Armada. Según su versión, cuando le visita En Valencia el 10

de enero le dice que el Rey está harto de Suárez, que no hay un sustituto claro

y que le ha dicho que «habría que ver la forma de reconducir la situación».

A partir de ese momento Milans convierte a Armada en el eje de todo y subraya

también el papel del comandante Cortina. De este oficial del CESID dice que «era

el intermediario, la persona de confianza de Armada, precisamente el que marcaba

la fecha del día 23».

Cortina

Cortina —tres puestos a la izquierda de Tejero, después de Mas Oliver y Pardo

Zancada- no mueve ni un

Un helicóptero sobrevoló la zona de Campamento y los «boinas verdes»

contaban hasta con un arma antiaérea

DE ARMADA

músculo de su rostro. Pasa por ser nuestro «aprendiz de Smiley», el «cerebro

gris» del «Circus» español, el hombre con más secretos de Estado en la cabeza.

¿Llegará a hablar claro en el juicio?

Hacia el fina! de la lectura de la declaración de Milans el zumbido del

helicóptero que sobrevuela la zona de Campamento se ha hecho más cercano y

constante. A veinte metros de la sala de la vista- los «boinas verdes» tienen

incluso armamento antiaéreo. La seguridad es verdaderamente espectacular.

El presidente ordena un receso de quince minutos y al salir de Ja sala los

acusados mantienen un primer y fugaz contacto directo con ,sus familiares. No

pueden ´unirse a ellos, pero pasar a su lado, con tan sólo un cordón de policías

militares en medió.

Contraseña

Armada levanta la mano y sonríe al saludar. Camilo Menéndez hace otro tanto.

Manchado envía un aparatoso beso. Según me explica el enviado especial de un

diario catalán, Tejero ha salido hablando con uno de sus defensores y de sus

labios ha brotado una expresión obscena: «/Qué te den, por c.-.l ¿A quién se

referiría?

La lectura de la declara:ción de Armada señala, una vez reanudada la sesión,

todas las contradicciones ya conocidas con la versión de 1 Milans.

El relato horario de su actividad durante el 23-F es minucioso, pero hay muchas

lagunas en cuanto a los días anteriores.

Armada niega que hablara a Milans en Valencia en los términos por él referidos,

niega haberse reunido con Cortina y Tejero, niega haber sido informado por el

coronel Ibáñez de la reunión celebrada el 18 de enero en Madrid, niega conocer

de antemano la contraseña «Duque de Ahumada», niega haber hablado por teléfono

con Milans el domingo 22...

Ante las preguntas del fiscal, su respuesta fue siempre: «no» , «no», «no», «no»

Lérida

En su declaración Armada le quitó importancia a la reunión de Lérida con Múgica

y Raventós y habló de sus contactos más o menos protocolarios con otros

políticos. Uno de los mencionados es Jordi Pujol. Al leer su nombre el relator

pronuncia dos sonoras jotas -Jordi Pujol- que hace estremecerse a más de un

colega catalán. El nombre del presidente de la Generalitat volverá a ser

mencionado de idéntica manera por la tarde, y en cambio el de Giscard se

pronunciará en perfecto francés.

Un profundo silencio se hace en la sala cuando inmediatamente después de esta

declaración y en lugar de seguir con la lectura de la de algún otro procesado,

el fiscal solicita que se lea el careó entre Milans y Armada.

Careo

Aunque ya trascendió que fue un acontecimiento tenso, el relato que ahora se va

desgranando supera todas las sospechas. Al menos en tres ocasiones Milans le

dijo a Armada que estaba «faltando a la verdad» y que sufría de «flaqueza de

memoria».

En un momento determinado le dijo: «Confiesa de una vez» y como quiera que

Armada insistiera en que no tuvo nada que ver con el golpe, Milans interrumpió:

¡Claro que sí, y está en el ambiente de todos!»

Milans y Armada se sentaron juntos, pero no cambiaron ni una palabra en todo el

día

De acuerdo con la lectura del relator, el enfrentamiento se hizo extensivo

entonces a sus respectivos defensores. Hermosilla, abogado de Armada, protestó

diciendo que Milans hacía «juicios de valor» improcedentes, y el coronel

Escandell, letrado del ex capitán general de-Valencia, respondió alegando que

eran «declaraciones» perfectamente válidas.

La lectura del careo ha empezado a la 1,47. La lectura del careo ha conluido a

las 2,03 y el presidente ha levantado la sesión en ese momento. Han sido

dieciseis minutos muy difíciles de encajar para todos los hombres de uniforme,

presentes en la sala.

«Las piernas me temblaban como el día de mi jura de bandera», me comenta un

joven capitán, con una mezcla de congoja y de bochorno.

Estrategia

Como obvio contrapunto he anotado en mi cuaderno la frase desenfadada y jovial

del coronel Ibáñez a algunos de sus familiares: «Oye, ¿habéis traído las

morcillas?»

Cuando al empezar la sesión .de la tarde el fiscal pi•de que se lea el careo

entre Armada y el propio coronel Ibáñez, su estrategia inicial parece clara.

Armada dijo que no llamó a Valencia el domingo por la tarde.

Ibáñez se ratificó en que sí lo hizo, precisando que él mismo le había

facilitado por la mañana el número en el que localizaría a Milans después de

comer.

Armada alegó que alguien podía haberse hecho pasar por él, pero Ibáñez dijo que

reconocería su voz entre muchas y que estuvo á punto de grabar la conversación,

pero «en el último momento no apretó el botón por, lealtad hacia su jefe».

Es en este instante cuando sale a relucir un informe publicado en DIARIO 16 y

firmado por Fernando Reinlein que, según Ibáñez, le entregó Milans del Bosch

para que se lo hiciera llegar a Armada.

Cerco

El cerco continúa y el fiscal pide que se lean los careos de Armada con Pardo

Zancada y con Más Oliver. Los dos contradicen al general, que escucha

impertérrito, con su cuaderno marrón bajo los pies.

Pardo Zancada está seguro de que la conversación telefónica del domingo se

produjo y .Mas precisa que hubo tres contactos distintos en las horas clave de

las vísperas.

El fiscal parece dispuesto a ser implacable y pide que se lea el careo de Armada

con Tejero. Tejero dijo que Milans le había asegurado que Armada era «su jefe en

. Madrid y después el jefe de toda la operación» y que le había creído porque

considera a Milans «el mejor militar de España».

También manifestó que si no se hubiera celebrado la entrevista de la calle del

Pintor Juan Gris, él no conocería los detalles de la oficina en que tuvo lugar.

Armada lo negó todo.

Testigos

Su situación todavía empeora más cuando se leen las declaraciones de cuatro

testigos: Pascual Gálmes, Gabeiras, Sabino Fernández Campos y taina.

De la hecha por escrito por Pascual Calmes - capítan general de Cataluña el 23-

F-, el fiscal sólo pide dos párrafos . En uno de ellos Armada queda muy

malparado pues Pascual recuerda que cuando a su vuelta de Valencia le preguntó

tópicamente si había estado con Milans, el todavía gobernador militar de

Lérida le contestó que no había tenido tiempo.

La de Gabeiras también le perjudica pues recuerda que Armada había hablado ante

varios generales de la JUJEM de que cuatro Regiones Militares apoyaban a Milans

cuando esto no era cierto.

La lectura de los elogios formulados en su declaración por Sabino Fernández

Campos alivian momentáneamente el alud que parece cernirse sobre Armada, pero,

el propio relato de los hechos que hizo el secretario de la Casa del Rey tampoco

le favorece.

Pregunta

En la declaración de Sabino está la respuesta a Juste: «Ni se encuentra aquí, ni

se le espera» y la subsiguiente decisión del Rey de no autorizar a Armada para

que se desplazara a La Zarzuela.

La declaración de Laína es otro nuevo mazazo. Armada le dijo que el Rey se había

equivocado al salir en televisión y que el asunto., había que arreglarlo entre

militares, postulándose en el acto como solución.

En su declaración Armada lo había negado.

A la vista de todo esto se entiende la pregunta que, ahora acabamos de

enterarnos, en su día le formuló el fiscal ante el juez instructor en términos

parecidos a éstos: ¿Si nada es verdad, cómo se explican las declaraciones contra

él de testigos tan diversos como Tejero, Milans, Gabeiras, Laína, Ibáñez, Pardo

Zancada y otros?

Armada respondió sólo a una parte explicando por qué en su opinión Tejero había

reclamado su presencia en el Congreso «El que quisiera hablar conmigo y no con

otro debió ser cuestión de prestigio... Es decir, porque se fían de mí.»

La lectura de la declaración de Laína ha concluido a las 6,01. El excelentísimo

señor teniente general don Luis Alvarez Rodríguez ha agitado levemente la

campanilla dorada.

«Se suspende la vista. ¡Despejen la sala!

Con el cigarrillo ya entre •las manos, varios de los procesados, Tejero entre

ellos, se han apresurado a ganar la puerta. Armada vuelve a saludar a su

familia. El cuaderno marrón ha desaparecido.

La hipótesis más peligrosa

Fernando Reinlein

Las impresionantes medidas de seguridad que rodean la celebración del juicio a

los golpistas del 23-F responden a algo más que a la posibilidad de que se

produzca la «hipótesis más peligrosa», como dijo el responsable de la

vigilancia, general Martín Ambrosio, a los periodistas.

En efecto, en la milicia -y es práctica normal en estos casos— se estudian las

hipótesis más probables, más favorables y más peligrosas. Y, naturalmente, se

trabaja en base a esta última. Traducido al Ienguaje vulgar sería un «más vale

prevenir que curar».

Pero en este caso, además de hipótesis, los responsables de la seguridad cuentan

con datos. No en balde los servicios de información militares y de la Policía -

y, por supuesto, el CESID- han trabajado muy duro en este aspecto con mayor o

menor coordinación en los últimos meses.

Ahí está la detención del ultra Assiego pocos días antes del juicio. Este

curioso personaje de la ultraderecha española podía preparar alguna acción para

estas fechas y de ahí su detención con numeroso armamento.

Assiego presumió de contar con 10.000 hombres dispuestos a lanzarse a la calle,

lo que le costó que su amigo Girón le retirase su apoyo económico. Pero si no

son 10.000 sí pueden ser 50 los que en estos días estén preparando

alguna.sorpresa de cara a la expectación que en su inicio ha despertado el

juicio.

Y la seguridad se orienta en «todos los azimuts». Así las personalidades gozan

de una protección especial y también las sedes de los partidos. Y, por supuesto,

el lugar y el entorno donde se celebra la vista.

Los tiros, según medios próximos a la Policía, pueden venir de tres sitios. La

siempre preocupante ETA, que en Madrid es difícil que cuente con estructura

suficiente para un atentado espectacular.

El renacido sustituto del GRAPO (ya es extraño que un nuevo «grupo» venga a

resurgir ahora para sustituir al no menos extraño «Grapo») y las bandas

ultraderechistas.

En el entorno a la sala las medidas también son de primera magnitud, que se

llevan a rajatabla. Y si no ahí está el ejemplo de más de un general que ha

tenido que pasar los controles sin los zapatos y sin el cinturón. Porque, como

decía uno de los responsables, estas .cosas son incómodas, pero «o se hacen así

o no se hacen».

 

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