Autor: Salvador, Adolfo. 
 Testimonio excepcional de un policía militar que participó en el golpe del 23-F. 
 Así asaltamos el Parlamento     
 
 Diario 16.    23/02/1982.  Página: 1,7. Páginas: 2. Párrafos: 30. 

Testimonio excepcional de un policía militar que participó en el golpe del 23-F

«ASI ASALTAMOS EL PARLAMENTO» Adolfo SALVADOR

Madrid –

1,30 de la madrugada, cuando Tejero comienza a perder las esperanzas en que

llegara su anunciada «autoridad militar, por supuesto», recibe un refuerzo

inesperado: una columna de la Policía Militar de la Brúñete que, a las órdenes

del comandante Pardo Zancada y el capitán Alvarez-Arenas, entra en el Congreso y

se suma a los golpistas.

Uno de los soldados que formaban parte de aquella columna^ cuenta con todo

detalle la operación. Bajo e! nombre supuesto de Miguel García revela una nueva

e insólita dimensión del 23-F.

«Cuando te amenazan con pegarte un tiro en la nuca si das un paso atrás, no

piensas en las Reales Ordenanzas Militares», confiesa Miguel García, uno de los

miembros de la compañía de la Policía Militar que, al mando oficial del

comandante Pardo Zancada, se unió a los golpistas en la noche del 23 de

febrero...

Aquel día, sobre las cinco y media de la tarde, ya había un movimiento inusitado

en los cuarteles que la División Acorazada Brúñete número 1 tiene en El Pardo.

Los soldados, con la perspicacia que da la rutina, pensaron que algo grave

estaba pasando: «Había mucha movida, como decimos entre nosotros.»

Miguel García, que estaba en Madrid cuando se enteró del golpe, volvió

rápidamente al cuartel. «Entre los soldados había una gran expectación y un

cierto temor. Los oficiales y suboficiales, en dependencias aparte, discutían

sobre los acontecimientos.

Desde el primer momento destaca entre los oficiales la figura de Alvarez-Arenas,

personaje clave en los acontecimientos de aquella noche, según Miguel García,

que lo recuerda como «un hombre que se movía por impulsos espontáneos.

Un niño grande». La otra vertiente era ta de «una persona que ahora estaría

considerada como héroe si hubiera triunfado el golpe...» (Sigue en página 7)

HOY HACE UN ANO. Pógs. 8, 9, 10, 11 y 12. Editorial páq. 2

Testimonio de un policía militar que asaltó el Congreso el 23-F

“A las cinco y media de la tarde, una hora antes del asalto al Congreso, «a los

cuarteles de la Brúnete había ya fundía movida..”

Diálogo a las puertas del Congreso: Pardo Zancada: «¿Qué haces, a dónde los

llevas a los soldados?

Alvarez-Arenas:«No te preocupes, Ricardo, solo los llevo dentro para que no

pasen frío.

-La Policía Militar recibe la orden de acostarse con sus armas y vestida. El

capitán Alvarez-Arenas lo deja todo claro: «Prohibido separarse de los sub

fusiles. Prohibido quitarse las trinchas o desabrocharías. Prohibido escuchar la

radio...»

«En pie»

A las 0,30 horas del día 24, Alvarez-Arenas entra en el dormitorio de la Policía

Militar, enciende la luz y grita enérgicamente: «Todos en pie. Al patio con las

armas.»

Los soldados presienten que la situación es grave. No es tiempo para tonterías y

«todos ros alineamos espontáneamente». Alvarez-Arenas les vuelve a dirigir la

palabra: «No hace falta recordaros que estamos en aleña. Más que nunca, todos

vosotros estáis bajo disciplina militar. i>

Los movimientos son rápidos, precisos, seguros.

La Policía Militar sube a los vehículos de la columna con rapidez y parten hacia

Madrid. El nerviosismo entre los soldados es tal, que un jeep pierde la

dirección y queda inutilizado.

Seguridad total

La unidad de la Policía Militar cruza Madrid, camino del Congreso. Las calles

están totalmente vacías; ni tos habituales noctámbulos deambulan por la Gran

Vía...

A la una y media, la columna llega ante el primer cordón de la Policía Nacional,

situado en la plaza de Neptuno. Un miembro de ésta se acerca al jeep de cabeza,

en el que viaja Alvarez-Arenas. «Pude ver perfectamente que e! policía

conversaba unos instantes con eí capitán. De repente, se cuadró, saludó y nos

dejó pasar.»

Por el contrario, «nos costó más tiempo atravesar e/ cordón de la guardia civil

golpista». Alvarez-Arenas te dice al número que «Ja Brúñete» ha llegado. Tras

unos minutos de tensa espera, la columna puede alcanzar las mismas puertas del

Congreso.

En la nuca

Después de unos diez minutos de espera, la Policía Militar baja de Jos coches.

Alvarez-Arenas se dirige de nuevo a sus soldados: «Al que dé un paso atrás le

disparo personalmente en la nuca.» Después ordenó a los que estaban en cabeza

«seguir andando hacia las puertas del edificio nuevo del Congreso».

Miguel García asegura que pudo escuchar perfectamente esta conversación entre

Pardo y Alvarez:

Pardo: «¿Pero qué haces? ¿Dónde les ¡levas), preguntó mientras se dirigía hacia

el capitán con muestras de desconcierto.

Alvarez: «No fe preocupes, ´Ricardo, sólo les llevó dentro para que no pasen

frío.»

Buen trato

«La verdad es que nos trataron bastante bien. Inmediatamente nos llevaron a la

sala de prensa del edificio nuevo, y allí nos dieron bebidas, bocadillos y

tabaco.» Un guardia civil con graduación les arengó: «Estáis sirviendo a

España...» Al final, dio vivas a España, al Ejército y a la Guardia Civil.

«No tuvismo ninguna misión concreta.

Nadie nos mandó nada y anduvimos a nuestro aire. Incluso pudimos lees algunos

ejemplares de periódicos que habían lanzado ediciones extraordinarias. ..»

Las horas transcurrieron largas, interminables, sin nada que hacer. A Tejero no

se le vio por ningún lado. «Hacia las cuatro ´de la madrugada vi al capitán

Alvarez-Arenas. Parecía nervioso, intranquilo, angustiado.» Sobre esa hora,

Milans tomó la decisión de retirar los carros de Valencia y anular eí bando que

decretaba el estado de excepción.

Son va las siete de la mañana y los acontecimientos empiezan a precipitarse.

«Alvarez-Arenas

nos reunió en la sala de prensa y nos impartió órdenes concretas. Nos dividieron

en grupos de tres y nos ordenaron vigilar el edificio nuevo.

A toda persona que no conociéramos, aunque fuera de uniforme, teníamos que -

reducirla.» Por último, añadió que >si los generales nos ordenan salir, salimos;

si nos ordenan quedarnos, permaneceremos aquí».

Los GEO

«Era evidente para todos nosotros que Alvarez-Arenas pensaba en aquel momento

que todo se había perdido.» En cualquier momento se podía producir el asalto de

los GEO.

Ante la evidencia, «el capitán volvía a aparecer tranquilo, a recuperar la

seguridad en sí mismo». Alvarez-Arenas había perdido, pero dando la cara. Ahora

sólo le quedaba convencer a Tejero para que se entregara...

Para Antonio Tejero Molina, teniente coronel de la Guardia Civil, «nuestra

llegada había significado una bomba de oxígeno. Tejero esperaba desde el

principio a una autoridad militar que no se presentó.

Por fin, a la 1,30 llegamos nosotros, la -Brúñete. Quizá esperaba otra autoridad

mayor, quizá esperaba a los carros de combate, en lugar de una simple compañía

de la Policía Militar...

En cualquier caso era una autoridad militar. Ya no estaba solo, el Ejército le

apoyaba. Así pudo descargar parte de su responsabilidad en las decisones».

Principio del fin

Alvarez-Arenas «sabía que_ a Tejero no podía engancharle de frente. Al fin y al

cabo, se trataba de un superior».

La única posibilidad era convencerle no sólo del fracaso del golpe, sino

«demostrarle palpablemente que ya no tenía poder sobre sus propios hombres». En

efecto, En efecto, Tejero no podía tener certeza en la fidelidad de sus 288

guardias por varias razones.

Hacia las diez de la mañana, algunos guardias civiles golpistas saltan por una

ventana. Según Miguel García, «lo que no se ha explicado es que Alvarez-Arenas

les estaba ordenando saltar».

Con esta maniobra, Alvarez-Arenas ganaba puntos frente a Tejero, intentó

demostrarle que ya ni sus propios hombres le obedecían. Tejero debía rendirse

con determinadas condiciones.

Un par de horas después se consuma, en efecto, la rendición. Acaba la .aventura

de Tejero y, parale/amenté, la de los policías militares, única representación

de /a Brúñete que se había unido a tos golpistas.

 

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